Un país en riesgo

Editorial

El jueves de la semana pasada el riesgo país superó los 1.000 puntos. Como tan claramente se ha explicado en las páginas de HOY DÍA CÓRDOBA, este indicador demuestra la desconfianza de los mercados en la República Argentina. En particular, desconfían de la capacidad de pago de la monumental deuda externa que se ha tomado durante los últimos tres años.

Los datos de la economía son funestos. No hace falta ser opositor al gobierno de Cambiemos para constatar las penurias provocadas por la inflación y la recesión. Solamente el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ministro de Economía y Finanzas, Nicolás Dujovne, insisten en el fracasado intento de dar buenas noticias y renovar promesas incumplidas.

Pero hay otro “riesgo país”, mucho más preocupante. El riesgo político de la Argentina es volverse ingobernable y encaminarse a otra crisis institucional, con severas consecuencias para la gente común. Un riesgo que ni los oficialistas ni los opositores de turno parecen advertir con la claridad conceptual y la valentía cívica que la hora requiere.

A ese riesgo aporta el relato pueril del oficialismo gobernante. Las explicaciones del macrismo no son serias. Decir, como dijo el presidente de la Nación, Mauricio Macri, que la culpa es “del mundo”, porque no nos cree, o de “los argentinos”, porque evalúan votar otra alternativa, linda la ridiculez en el ejercicio de la función pública y desgasta el valor de su palabra.

Los mercados, de los que ahora se queja amargamente el presidente Macri, no creen en las políticas económicas y financieras de su gestión. Porque, desde el 10 de diciembre de 2015, él es el primer mandatario del país, valga la perogrullada.

No se trata de quiénes gobernaron ni de quiénes gobernarán sino de quiénes gobiernan hoy: él y su tan mentado equipo.

También aporta a ese riego la indefinición de la hipotética “tercera vía”, entre macristas y kirchneristas. El sinfín de internas entre Roberto Lavagna, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto, generan más incertidumbre que certezas. Cualquiera critica al gobierno actual o al pasado, pero pocos proponen alternativas superadoras.

Finalmente, aportan al riesgo de ingobernabilidad, los empresarios que se fotografían con el presidente para disimular su irresponsabilidad social. Por el otro, los sindicalistas que paran el país para posicionarse en una interna gremial que es ajena a los intereses de los trabajadores. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie sufre los avatares de un país en riesgo.

 
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