El hambre es un bochorno nacional

Editorial | Hoy Día Córdoba

La Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción a un proyecto que prorroga la emergencia alimentaria hasta el 31 de diciembre de 2022. Prontamente, el Senado lo convertirá en ley. Vale recordar que dicha emergencia fue declarada durante la Presidencia de Eduardo Duhalde en 2002, para atemperar los nefastos efectos de la crisis económica y social.

La prórroga hasta 2022 significa, ni más ni menos, que dos décadas de emergencia alimentaria en un país como la Argentina, productor mundial de alimentos. Se trata, sin dudas, de un bochorno nacional. Para todos y, particularmente, para la clase dirigente que, desde el oficialismo o la oposición, no ha sabido superarla.

Mauricio Macri, el primer presidente de origen no radical ni peronista surgido de elecciones competitivas, pudo pasar a la historia como el mandatario que derogó la emergencia alimentaria proveniente de las crisis de los años 2001 y 2002. Sin embargo, a poco de finalizar el mandato, ha sucedido todo lo contrario.

Sin margen para negarse, el gobierno de Cambiemos accedió a prorrogarla. A regañadientes, presionado por el pedido de la Iglesia Católica y el acampe de algunos partidos de izquierda y algunas organizaciones sociales, no tuvo respuestas ni capacidad para plantear otras alternativas posibles. De esa manera, reconoció el fracaso de su gestión económica y social.

Al respecto, nada tiene para festejar la oposición en general y, en particular, el kirchnerismo. Después de 12 años de gobierno, ni Néstor Kirchner no Cristina Fernández terminaron con la emergencia alimentaria en la Argentina, porque no pudieron o porque no quisieron. La tentativa de posicionarse como ajenos a esta situación es demagógica e inaceptable.

Sería hipócrita achacar todas las responsabilidades de la crisis actual a la gestión del gobierno nacional. A pesar de sus reconocidos errores, Cambiemos lleva poco más de tres años y medio al frente del Poder Ejecutivo Nacional. No obstante, también sería cínico sostener que el macrismo y sus aliados nada tienen que con la actual crisis.

El hambre que sufren millones de argentinas y argentinos no puede desconocerse, como lamentable y equivocadamente ha hecho el candidato a vicepresidente y vocero de Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto. Tampoco se lo puede esconder ni disimular con eufemismos. Hablar de “insuficiencia alimentaria” para no decir hambre, es una bajeza ética.

Es positivo que los diputados nacionales hayan acordado esta media sanción, en una sesión expeditiva y sin las chicanas de siempre. El hambre no puede ser motivo de discusión electoral. Ningún candidato tiene derecho a tratar de sacar ventajas partidistas, echando culpas a otros. Superar la emergencia es una obligación de todos, de una vez y para siempre.

 
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