Debatir es comprometerse

EDITORIAL | Hoy Día Córdoba

La democracia no es un régimen político perfecto, ya lo sabemos. Pero es perfectible. Es decir, permite que los errores cometidos no se repitan y, en el mejor de los casos, que no se incurra en nuevos traspiés. Para que eso suceda, es necesario que los actores políticos y sociales estén dispuestos a aprender de las equivocaciones, sean propias o sean ajenas.

Todos los procesos electorales, sin excepción, implican un doble balance ciudadano. Por un lado, una evaluación de lo que ha sucedido en los últimos años, en general y en su vida personal y familiar. Sobre base, una ponderación de las propuestas que hacen los candidatos de los diferentes partidos políticos y de las alianzas electorales que integran.
A esos fines, los debates en tiempos electorales, son fundamentales. A diferencia de otras elecciones presidenciales, esta vez, la ley obliga a los candidatos a ocupar el sillón de Rivadavia a debatir. Eso es bueno para el fortalecimiento de la democracia, porque la ayuda a perfeccionarse a través del tiempo y a partir de los errores.

Esta semana será muy particular, porque estaremos entre dos debates, el sucedido ayer y el que sucederá el domingo que viene. Anoche, todos los candidatos tuvieron la posibilidad de hacer saber sus diagnósticos y sus propuestas a la ciudadanía. El impacto electoral de sus respectivas exposiciones será motivo de análisis durante los próximos días.

A partir de lo sucedido en la víspera, cada candidato sacará sus propias conclusiones. Así, en el siguiente debate tratará de mejorar su performance de cara a los electores. Todos buscarán consolidar el voto de sus seguidores y, si fuera posible, convencer a algunos indecisos. En particular, los dos principales contendientes.

Es probable que estos debates no sean determinantes para los resultados del venidero 27 de octubre. Sin embargo, su importancia para el régimen democrático va más allá de las estrategias de los partidos y sus alianzas. En los debates, todos proponen y prometen. Luego, el que gana asume el compromiso de hacer lo que propuso y cumplir lo que prometió.

Lamentablemente, se puede proponer mucho en esa instancia televisiva y hacer poco o nada en la gestión. Los debates no garantizan que los electos cumplan sus promesas. Porque no pueden o porque no saben, las realizaciones de los gobernantes suelen distar bastante de las propuestas y promesas que hicieron como candidatos.

Por eso, es clave entender que quien resulte electo –sea en la primera vuelta o en el ballottage- habrá asumido el compromiso de hacer lo que propuso y cumplir lo que prometió en los debates. De lo contrario, pagará el costo político de sus inacciones o incumplimientos y, lo que es peor, dañará la confianza ciudadana en la democracia.

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