Sin consensos, no hay futuro

Editorial

Después del segundo debate entre los seis candidatos a la Presidencia de la Nación que consagraron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) del 11 de agosto, se inició la última semana de la campaña electoral. Desde el día de hoy y hasta la veda electoral, habrá mucha confrontación.

Muchos han criticado la modalidad de los debates. Sin dudas, podrían ser mejores si hubiera más intercambios, preguntas y respuestas entre los candidatos. Sin embargo, eso es posible cuando los postulantes son dos, como en el caso de un ballottage. Así fue el debate entre Mauricio Macri y Daniel Scioli, en 2015.

Considerando la falta de antecedentes, ambos debates han sido un avance. Si bien muy pocos electores deciden su voto luego de escuchar a los postulantes, es importante que la ciudadanía conozca cuáles son sus propuestas de gobierno, sus críticas a los adversarios y, eventualmente, sus autocríticas.

Nadie debería asustarse ni preocuparse por la confrontación a la que asistiremos esta semana. Así son todas las campañas electorales en todos los países democráticos del mundo. Los candidatos confrontan entre ellos para ganarse el apoyo de la ciudadanía. De eso se trata, ni más ni menos.

Ahora bien, esa confrontación electoral tiene sus límites. Nadie tiene derecho a descalificar a sus adversarios ni a faltarles el respeto. Ni las mentiras ni las chicanas sirven para construir un país mejor. En una democracia representativa como la nuestra, se puede y se debe discutir sin caer en descalificaciones ni irrespetos.

A menos de una semana de la primera vuelta electoral, el tema central es el día después. Gane quien gane, la situación económica y social es crítica. No hay lugar para ajustes ni para derroches. En un país endeudado más allá de su capacidad de pago, los ideologismos no servirán para crecer ni para bajar la pobreza ni para aumentar el empleo.

El futuro de la Argentina depende de un gran acuerdo nacional, encabezado por el ganador de estos comicios. No hace falta que todos los dirigentes estén de acuerdo con todos los temas. Eso es imposible. No obstante, es indispensable que la dirigencia política, sindical y empresarial coincida en un decálogo de políticas a seguir en el corto, mediano y largo plazo.

No lo hizo Cristina Fernández cuando fue presidenta. Tampoco lo hizo Mauricio Macri durante su mandato. Todo lo contrario. Durante muchos años, ambos se dedicaron a profundizar las diferencias para posicionarse electoralmente. Es hora de hacerlo. Gane quien gane el 27 de octubre o, en su defecto, el 24 de noviembre, los adversarios de hoy deberán sentarse a una mesa de diálogo. Porque sin consensos, no hay futuro.

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