Enseñanzas de las presidenciales

Editorial 

Las elecciones presidenciales ya pasaron. De ellas, podemos y debemos sacar algunas conclusiones que nos sirvan como enseñanzas, para mejorar la organización y el funcionamiento de la democracia argentina. También para mejorar nuestras conductas como habitantes y ciudadanos con derechos a reclamar y obligaciones a cumplir.

Los resultados dejaron un claro ganador: el Frente de Todos. Con más de un 48% de los votos, sus candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la Nación, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, se impusieron en primera vuelta y, por lo tanto, sin necesidad de un ballottage. Algo impensado un año atrás.

Cuando las elecciones son competitivas, es decir, libres, sin fraudes ni proscripciones, la primera enseñanza debe ser, pues, el respeto a los que ganaron. Quienes perdieron la votación deben respetar los resultados. Así lo hizo Mauricio Macri, en tiempo y forma, sin reproches ni recriminaciones a quienes no lo votaron.

Así deberían hacerlo quienes votaron por la reelección del presidente y hoy muestran un fastidio que linda entre el enojo y el rencor. Llama la atención que una persona como Norma Morandini, diga que quienes votaron al oficialismo lo hicieron en defensa de la democracia y de la república. Como si los demás fueran defensores del autoritarismo.

Las elecciones también definieron un nuevo equilibrio político. Por un lado, un nuevo oficialismo, el Frente de Todos. Por el otro, una nueva oposición, Juntos por el Cambio, con un 40% de apoyo. Los votos de unos y de otros tienen el mismo valor, desde lo cuantitativo y, sobre todo, desde lo cualitativo. Todos son importantes por igual.

La segunda enseñanza debe ser, pues, el respeto a los que no ganaron pero tienen un rol importantísimo en el futuro de la democracia argentina, asignado por la misma voluntad popular. Sacar menos votos no es tener menos razones y viceversa. Al momento de gobernar, los que ganaron deben recordar, siempre, que no tienen la suma del poder.

Son lamentables y repudiables las declaraciones de Hebe de Bonafini respecto a quienes votaron por la lista encabezada por el presidente Macri. No tiene derecho ni autoridad para decir que son “un cáncer permanente del país” y mucho menos para relacionarlos con las dictaduras militares del pasado argentino.

En definitiva, los resultados de las elecciones deben enseñarnos, que, después de contar los votos, hay que aceptar el veredicto de las urnas. No nos sirve seguir la pelea como si la campaña fuera permanente. Deben entenderlo los votantes, aunque, primero y principalmente, deben demostrarlo quienes fueron candidatos. Hay mucho para aprender.

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