Argentina es parte de América latina

Editorial

La pertenencia de la República Argentina a América latina debería ser una política de Estado. Es decir, más allá del gobierno nacional de turno, todos deberían coincidir en una política exterior de integración latinoamericana. A esa región del mundo pertenecemos, por razones históricas y geográficas que son contundentes.

Hoy por hoy, América latina vive una situación de inestabilidad institucional que trasciende la orientación política de los gobiernos de cada país. En ese marco, es muy importante que el futuro gobierno de Alberto Fernández obre con prudencia, en función de los intereses nacionales y no de las simpatías personales o ideológicas.

En Chile, el gobierno del presiente Sebastián Piñera se muestra incapaz de pacificar un país envuelto en un sinfín de protestas populares y represiones desproporcionadas. El “modelo chileno”, tantas veces reivindicado, ha evidenciado que los números favorables de la macroeconomía no sirven si no mejoran la calidad de vida de la gente común y corriente.

En Bolivia, Evo Morales ha fracasado en su intento de cuarta reelección. Su triunfo en la primera vuelta fue desconocido por la oposición, que salió a las calles con denuncia de fraude. La OEA objetó el escrutinio, el presidente llamó a repetir el acto eleccionario pero el ejército y la policía empujaron su renuncia inmediata, mientras la violencia social crecía en espiral. Los números favorables de la macroeconomía tampoco sirven si no se respetan las instituciones republicanas.

Venezuela y Brasil demuestran que los populismos son nefastos, sean de izquierda o de derecha. Nicolás Maduro y Jair Bolsonaro son líderes negativos para la región. Más allá de sus notorias diferencias ideológicas, sus estilos de confrontación permanente, hostilidad e irrespeto hacia los que piensan de otra manera, los hace muy parecidos. Ambos casos son extremos que tensan la situación latinoamericana; y entre esos extremos debe moverse la política exterior argentina.

Aceptar que Maduro es un dictador no significa auspiciar una intervención militar extranjera. Reconocer que Bolsonaro es un autoritario no implica romper relaciones diplomáticas ni comerciales con el principal socio del Mercosur.

El futuro presidente argentino ha priorizado su afinidad con el presidente mejicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Su primer viaje al exterior ha sido, precisamente, a ese país y no es una casualidad. Es una línea en diagonal a explorar de cara al futuro inmediato de la región.
Al mismo tiempo, mediante una inesperada comunicación telefónica, le ha ratificado a Donald Trump su propósito de sostener una correcta relación con el gobierno estadounidense. Como buen peronista, Fernández parece entender que la única verdad es la realidad y ésta dice que no siempre gobiernan los amigos.

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