Una versión del calendario semanal

Una versión del calendario semanal

 comillas01.pngEn unos días es la marcha de #niunamenos. Colgate el cartelito Lalo y basta de escupir machismo a la hora del desayuno.comillas02.png

por Manuel Esnaola

Especial para HDC,

UNO
Lunes. 
Es de noche cuando suena el despertador. En realidad todo el día es de noche. Mientras tomo una taza de leche con cereales pienso, puta, esto me hace realmente bien, me pone “pulenta” para el día que va a ser de noche todo el tiempo y esas cosas. Pero una voz desde el noticiero de la mañana rápidamente me desencanta. El “Lalo” cordobés, uno de los dos fantásticos del Doce, pregunta a los televidentes si realmente es necesario que Lali Espósito cante semidesnuda, que cómo está la juventud de hoy, a dónde vamos a ir a parar. Tranquilo Freyre, confío en que una generación de nuevos periodistas más reflexivos y “open minds” va a transformarse en el gallo de la mañana y entonces tal vez ya no queramos negarlo con tanto desdén. En unos días es la marcha de #niunamenos. Colgate el cartelito Lalo y basta de escupir machismo a la hora del desayuno.
 
Martes
Ni una cosa ni la otra. El viernes tiene la altura que tenía el aro de básquet del Club Sportivo 9 de Julio en las tardes de infancia. No hay chances de embocarla Esnaola. Tampoco vale la pena mirar hacia atrás, añorar, por ejemplo, la euforia ilusa, el desacato, del sábado a la noche o el clavado a la pileta vacía del domingo. La sentencia es inapelable: el lunes ha quedado atrás como una fina lámina de algún producto amargo y opaco que esparcieron por el suelo del hall de entrada al edificio, y todavía no se puede pensar más allá del acantilado de este día que ni fu ni fa. Hay que buscar actividades. Propongo: asomarse al balcón y escupirle la cabeza a un pelado. Después tirarle un pulgar arriba, que la ejecución imposible desde el piso 11 fue en son de paz, buena onda, es martes para todos, de acá a la Quiaca.
 
 
DOS
Miércoles
Estás leyendo el último libro de María Negroni, un volumen negro que reúne su trilogía: Museo negro, Galería fantástica y Film Noir (este último recién salido del crematorio). Lees cosas como “(…) un vampiro es alguien enamorado de su propio desamparo”. Pensás, con cierto estremecimiento, que la herencia de la estética gótica en la ciudad de Córdoba podría ser un catálogo interminable de tristezas estampadas en las caras de los transeúntes. Claro, es miércoles y uno puede darse el lujo de caer en reflexiones oscuras, porque mañana será jueves y ya lo sabemos, en la urbe, empieza el fin de semana un día antes. 
Una cosa más para cerrar la mitad de semana: toda proyección gótica necesita de una maquinaria que reproduzca y doblegue la realidad, acaso, para reemplazarla. La gente sale de las oficinas, los ministerios, las cajas de los supermercados, con ese rasgo inquebrantable de la nostalgia que nos inyecta la repetición. Cuando llegan a sus casas, justo para el “prime time” del espectáculo de embobamiento, se sientan frente al televisor como zombis a mirar Tinelli, que mueve, ya nadie lo discute, los hilos de la marioneta política, social y cultural de la época. Así estamos. Pero no todo está perdido Esnaola: manoteás abajo de la cama y encontrás un libro que se llama “Viaje al fin de la noche”. No se diga más.   
 
Jueves
Volvamos a escribir en primera persona que el “happy day” lo amerita. Cuando suena el despertador todavía es de noche, pero ni bien salga del estacionamiento que me deposita en el patio trasero del trabajo ya será de día. Camino silbando por las inmediaciones del edificio central, miro la hora, nada de qué preocuparse, son las ocho menos diez, llego temprano. No pienso únicamente en el café que me espera sobre el escritorio. El mundo es una cosa u otra según lo que hemos convenido alguna vez. Una cosa u otra pero nunca el mundo, verdaderamente. En el “happy day” las hordas salen a las calles cuando abandonan las oficinas, los ministerios, las cajas del supermercado, pero sin esa nostalgia chorreando por el vidrio de la mirada. Hay, repito, esa euforia ilusa crepitando bajo los zapatos. Nota al pie: jamás confié ciegamente en las versiones diarias que nos propone el calendario semanal.     
 
 
TRES
Viernes
“En la noche eterna, la tristeza puede ser una patria”. Cito de memoria esto que leí anoche en el libro de Negroni. Bueno, el viernes a las seis de la tarde, más o menos, vendría a ser la negación epistemológica de esta máxima. Todo es promesa y posibilidad. El carrito de la montaña Rusa va subiendo la cuesta, el verdulero de abajo canta “la Mona” a los cuatro vientos y la colonia nuevacordobense va desplegando el revestimiento de su careta sobre la calle San Lorenzo. Contrariamente a la lógica carnavalesca, pienso, acá no hay mediación de máscaras. 
 
Sábado – Domingo 
Ley básica de la física: todo lo que sube baja. El globo se queda si helio después de la vacuna etílica y el bum bum del sábado a la noche  y una espada nos empuja desde el trampolín del barco que se hunde. Como diría Dolina, nada extraordinario nos ha sucedido ni hemos conocido a una persona que nos cambie la vida. ¡Ojo! Esto no es un pesimismo estático. Tengo bien claro que mañana será lunes y cuando el despertador suene en la noche de la madrugada, todavía estará el “Lalo” cordobés despachando su serenata machista y retrógrada por la pantalla. Igual no pierdo la fe en que vendrán esos nuevos periodistas reflexivos y algún día ya no tendremos que negar tres veces el gallo terco de la mañana.
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