Acuerdos para entendernos cuando hablamos de vejez

Historias de una mujer que envejece

“Miradas Mayores: abordajes diversos para envejecer con derechos”. Así se denominaron las jornadas nacionales que se realizaron la semana pasada en nuestra ciudad. No fue un hecho menor para el mundo de la gerontología local. Por primera vez, personas mayores, investigadores, políticos, gestores de políticas públicas, impulsores de proyectos privados, estudiantes, profesionales y personas interesadas en la temática se reunieron para hacer visible la vejez.

A pesar del frío impiadoso, “Miradas Mayores” reunió a más de 300 personas que participaron de mesas de trabajo y plenarias destinadas a reflexionar sobre la seguridad social, la salud, las políticas públicas y el acceso a derechos de las personas mayores; de los viejos y viejas de hoy (y de mañana).

Cual ritual, al inicio de cada día compartimos entre los asistentes algunos acuerdos que hoy quiero repasar con ustedes porque creo que sirven para “refrescar” muchos de los tópicos que he planteado en mis columnas y, en especial, porque considero que es el único modo de poder vincularnos de manera respetuosa. Décadas atrás nada se daba por sentado. Nada era tan tácito y explícito. Y, si bien los tiempos han cambiado, nunca está de más repasar, repensar lo obvio. Lo obvio -a veces- necesita ser recordado. Por eso, a esta altura de mi vida, me animo a plantearlo sin medias tintas.

Cada día, las jornadas comenzaban así:

“Nos hemos reunido para hacer visible una verdadera conquista humana y social, el poder pensarnos envejecientes, envejecidos, viejos, viejas, viejes. Y por eso, antes de dar paso al cronograma de actividades deseamos establecer junto a ustedes algunos acuerdos:

1. Desde la organización de las jornadas adherimos a la perspectiva que reconoce que la lengua castellana es sexista. Que tiende a invisibilizar, en particular a las mujeres, pero también a otras identidades de género, ya que prescribe un modelo binario y rígido. Es por esto que coincidimos con los objetivos e inquietudes de las propuestas de lenguaje inclusivo y no sexista. Aunque queremos hacer explícito nuestro posicionamiento en ese sentido, no utilizaremos sistemáticamente lenguaje inclusivo ya que deseamos facilitar en todo momento la eficacia de la comunicación. Somos conscientes de las dificultades que supone para las personas hablantes la adquisición en corto plazo de nuevos usos en la lengua.

2. Cuando hablemos de personas mayores lo hagamos sin eufemismos. Animémonos, por lo menos en estos días que nos encuentran, a hablar sin miedo y vergüenza de viejos, adultos, adultas o personas mayores. Es muy importante que nosotros, los envejecientes del presente, comencemos a abrazar la palabra “vejez”. Hemos de transformarla en coherencia con el paradigma de envejecimiento vigente. Resulta imperante, no sólo para nosotros mismos sino para quienes vienen detrás. ¿Cómo contarles que envejecer es parte de la vida?, ¿cómo lograr que no nos releguen o discriminen si le huimos a lo que somos?

3. Por otro lado, y esbozado con cierta vehemencia, queda terminantemente prohibido referirnos a las personas mayores, a los viejos y viejas como “abuelos”. Hablemos de personas, adultos y adultas mayores, viejos. Los roles como abuelo, abuela, pasivos, jubilados, jubiladas, utilizados fuera de contexto, son categorizaciones encorsetadas que nos alejan de toda identificación. Son minimizadores y desempoderantes. Fomentemos desde el lenguaje el buen trato utilizando términos y difundiendo sucesos que no reproduzcan los prejuicios asociados a la edad.

4. En la confluencia de tantas miradas, roles, y perspectivas seguramente habrá propuestas con las que acordaremos y otras con las que estaremos en disidencia. Trabajar desde la diversidad requiere del ejercicio constante de la tolerancia y el respeto. Ojalá estas jornadas sirvan para poner en valor la multiplicidad de miradas. Y en ese deseo los invitamos a levantar la mano cada vez que deseen hablar. A esperar pacientes la llegada del micrófono, así como a preguntar u opinar respetuosamente.

5. Desde ya, muchas gracias por estar aquí. Por haberse inscripto. Por haber sido puntuales. Por haber viajado desde lejos. Por haber modificado su rutina. Por haber superado el frío. Por cuidar las instalaciones. Por valorar el trabajo intenso, arduo y paciente que hay detrás de este encuentro. Por animarse, animarnos a visibilizar la vejez”.

Gracias al repaso de estos acuerdos, surgió un sexto que sumamos al texto original. Dice así:

6. “Instamos a todas las personas que participan de estas jornadas a referirse a la vejez o al envejecimiento poblacional como un logro, no como un problema. Como una temática urgente y obligada de ser incorporada en las agendas públicas. Como una obligación de los Estados y no como un desafío”.

Aquí quedan esbozados estos acuerdos, para que los repases cada vez que sientas que se te han pasado por alto. Para utilizarlos en el trabajo, con otras personas mayores, con colegas, amigos, en escuelas, jornadas, congresos, seminarios y, sobre todo, en aquellas ocasiones en las que nos cuesta mirarnos al espejo y abrazar nuestra propia diversidad y vejez.

Me despido con una frase del discurso de apertura que nos regalara el coordinador general de las jornadas, Enrique Peláez: “No es la vejez la que dificulta el ejercicio de los derechos humanos: es la concepción de la vejez la que niega el goce de esos derechos”.

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12 Julio 2019
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