FaceApp y la foto de la vejez

Porota | Historias de una mujer que envejece

La aplicación #FaceApp dio que hablar esta semana en el mundo de las redes sociales. Se trata de una aplicación móvil que entre otras funciones permite envejecer rostros. Sin profundizar acerca de los intereses que pueden existir detrás de la viralización de millones y millones de caras arrugadas de pelo encanecido, lo interesante de este fenómeno es que por primera vez - y de manera sencilla - generaciones de personas pueden, aún jugando, imaginarse cómo se verían de viejos o viejas. Diría yo, se trata de una ruptura con el mito de Dorian Gray, en alusión a la novela de Oscar Wilde.

Nada más reconfortante como cuando Facebook me recuerda una foto de hace apenas dos años. No sólo porque me veo más joven sino porque me ayuda a dimensionar cuánto envejecí. Y si bien ya no aprecio las fotos del pasado con la nostalgia de las pérdidas reconozco que “admirar” cierta juventud es culturalmente más sencillo que “embelesar” un rostro envejecido.

Retomemos el ovillo. ¿Cuántos de ustedes se reconocieron en ese rostro arrugado que en tan sólo segundos les devolvió la aplicación?, ¿cuánto de sus ancestros habita en esa imagen trucada?, ¿quienes pudieron tomárselo con humor o con algo de cariño?, ¿acaso pudieron hallarse en esa cara o simplemente negaron que se convertirán en “eso”?

Muchas fueron las reacciones, seguro. Y entiendo que no es fácil mirarse en el espejo de la vejez. Funciona el aliciente: “es un truco digital, yo no seré así”. Sin embargo miles de personas famosas activaron respuestas valientes ante la crítica, desazón o queja de sus seguidores. Entre las tantas que leí, quiero destacar la de Lula. Se trata de una cantante argentina de treinta y tantos que sigue por Instagram mi nieta mayor. Su nombre es Lula Bertoldi y es la guitarrista y vocalista de una banda conocida como “Eruca Sativa”. Esta mujer posteó junto a su foto trucada de vieja el siguiente texto: “Pido llegar con toda mi lucidez (o aún con mucha más), con fuerzas para seguir pisando escenarios de todo el mundo, con la alegría de subirme a un colectivo/ van/ avión cada fin de semana para empezar otra gira y estar llena de proyectos a mis setentaylargos. Lula del futuro, te abrazo”.

En uno de los tantísimos comentarios que despertó en sus seguidores, la cantante contestó uno cuya respuesta aplaudo de pie. “No crezcas Lula, sos hermosa. Embalsamate, sos una obra de arte”, reza el posteo del fanático. Y ella le responde: “Voy a envejecer, dejame”.

Quizá #FaceApp haya sido para algunos, una dura bofetada del futuro. A mí me gusta creer que se trata de un recurso creativo y hasta humorístico que nos protege del miedo al paso del tiempo, nos conecta con una realidad ineludible y nos ayuda a reírnos de nosotros mismos. Permitirnos envejecer sin vanidades, posturas narcisistas e idealizaciones de una belleza que no encaja con lo que somos, es el desafío, el anhelo, el deseo (por lo menos mío) de una cultura que deberá revisar los estereotipos que enarbola si quiere, realmente, celebrar el envejecimiento poblacional. Ya envejecí, sigo envejeciendo, vas a envejecer, todos envejecemos. Con o sin #FaceApp la vejez es una etapa que debemos visibilizar, apreciar y valorar. Te invito a que te saques una selfie y sin filtros la mires una y otra vez. Descubrí esa incipiente arruga, esas primeras canas, ese asomo de pata de gallo. Amigate con las manchas, y las facciones más ensanchadas. Pasala por #FaceApp y regalate “la” foto del futuro. Reíte, compartila, celebrala. Sabernos una comunidad envejecida es reconocer que hemos logrado algo impensado hace décadas atrás: soñar con vivir más.

Porota
Porota soy yo, sos vos,
somos todas las personas envejecientes.

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19 Julio 2019
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