El ojo de Horus

Judiciales

Abril

Cómo comprender lo incomprensible. Cómo aceptar lo inaceptable. Cómo creer lo increíble. Abril Alejandra Sosa sólo tenía 4 años. Vivía con sus padres en barrio General Bustos y el sábado 13 de enero de 2018, cuando anochecía, salió a la vereda de su casa a jugar con una vecinita. A partir de allí, ocurrió lo peor. Desapareció. Una búsqueda frenética, la hipótesis de una venganza que involucraba a los desesperados padres; también de un secuestro extorsivo.

Hasta que finalmente apareció un dato certero que provocó la detención de un conocido de la familia, Daniel Ludueña de 36 años. Su confesión permitió encontrar el cuerpito de Abril en un baldío de Alta Córdoba. Según la investigación, Ludueña abusó de ella, luego la asfixió y más tarde trasladó el cadáver dentro de un bolso a diez cuadras de allí. El próximo lunes será juzgado en la Cámara Segunda del Crimen y seguramente condenado a prisión perpetua. Casi nada importará en esas audiencias repletas de lágrimas y dolor. Lo incomprensible, lo inaceptable, lo increíble… ¿Por qué? sólo era una niña. Era Abril.

Desesperanza de vida

Lamentablemente los abusos en los ámbitos de cultos religiosos no tienen fin. En mayo pasado, fue condenado a 16 años de prisión el Pastor Peralta de una iglesia evangélica de Jesús María. Por estos días, en la Cámara Séptima, juzgan a un líder evangélico (discípulo del Pastor) de la ciudad de Pilar. El fiscal Sergio Ruiz Moreno pidió que sea condenado a siete años de cárcel. Según la acusación, abusó sexualmente de una adolescente que concurría a la iglesia durante tres años. El imputado era una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Por un lado interpretaba la Biblia, estaba al frente del grupo de jóvenes y ejercía el sacerdocio. Por el otro, “hechizaba” y acometía desde su poder en contra de su víctima. La perversidad se manifestaba además cuando obligaba a la joven a “pedirle perdón a dios” por lo que hacía (por lo que él le hacía). Lo increíble del caso es que, conocidos los hechos, la comunidad de la iglesia habría defendido al victimario. Todo ocurrió en la Iglesia Esperanza de Vida. Queda claro que para esta joven lo vivido fue un interminable calvario, una auténtica desesperanza de vida.

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