Fotomultas

El ojo de Horus

Las modas suelen tener una motivación y duración. Claro que algunas, por diferentes razones, se vuelven inolvidables. Dicho de otro modo, quién no recuerda cuando, hace algunos pocos años nada más, algunos intendentes y jefes comunales del interior provincial habían encontrado un auténtico manantial de billetes con sólo poner un radar y una camarita, escondidos en los ingresos y egresos de estos pueblos, a través de la firma de un “acuerdo” con alguna empresa de nombre raro, y con oficinas generalmente ubicadas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Todo cerraba a la perfección, porque, además, la excusa de evitar accidentes de tránsito y controlar los excesos de velocidad se traducía en una lluvia de multas, a partir de las patentes de los vehículos supuestamente infractores. Las intimaciones llegaban por montones a los domicilios que figuraban en los padrones y listados, de los que se valían, en nombre de ordenanzas municipales. Incluso, declarada ilegal esta maniobra, algunos insistían con los millonarios castigos, que no pocos automovilistas pagaban “para no tener problemas”. El próximo 9 de marzo comenzarán a juzgar al ex jefe comunal de Estación General Paz, Carlo Borgobello; al ex tesorero, Pascual Suarez; al ex juez de Faltas de Salsipuedes, Daniel Torres; y a Alejandro Abeliansky y Virginia Guala, de Distribuidora Sertran S.A. y Estrategic Group S.A. Los presuntos delitos son los de exacciones ilegales y falsedad ideológica continuadas. Según la investigación, los empresarios se quedaban con el 70% de lo recaudado, y la comuna con el 30%. Un festival de billetes ocurrido entre los años 2008 y 2010: las inolvidables “Fotomultas”.

¿POR QUÉ NO?

La Cámara Octava del Crimen dio a conocer los fundamentos de la condena a prisión perpetua a Jeremías Sanz, por el matricidio de María Eugenia Cadamuro, en Jesús María. A lo largo de 758 páginas, el Tribunal repasa minuciosamente la abundante prueba. Una red espesa de la que el joven jamás pudiese haber escapado. A partir de mismo momento de la desaparición de su madre, las amenazas previas, los miedos de ella, el hallazgo del cadáver y tantas cosas más que lo delataban de manera brutal. Por eso no se entiende la estrategia defensiva de negar, con absoluta frialdad, la autoría del hecho hasta el final. Sintetizando las causas: Jeremías y su hermana debían traspasar inmuebles a Cadamuro, quién, a su vez, tenía que hacer un usufructo en favor de sus hijos. La negativa del joven y las internas familiares crearon una tensión insoportable que desembocó en los escopetazos fatales. Por ello, sostener la aventura de la inocencia lo llevaba a Sanz irremediablemente a la perpetua. No había otro final. Un viejo abogado, con muchos juicios en el lomo, se preguntó, con sentido común: ¿Por qué no se hizo responsable y adujo circunstancias emocionales extraordinarias? ¿Por qué no intentó arreglar una condena de 18, o 20 años, la mitad de una perpetua? ¿Por qué no…?

 
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