Adiós a un ícono del cine francés

El talentoso actor, Jean Paul Belmondo, falleció ayer, dejando un legado irremplazable de títulos como “Sin aliento” y “El profesional”

Jean Paul Belmondo, uno de los intérpretes más consagrados del cine francés, falleció ayer, a los 88 años, en su domicilio en París. “Estaba muy cansado desde hacía algún tiempo. Se apagó tranquilamente”, confirmó su abogado, Michel Godest.

Dueño de un carisma y un magnetismo únicos con la cámara, producto de su calidad actoral y sensualidad, Belmondo se convirtió en un ícono del movimiento Nouvelle Vague de la mano de directores como Jean Lic Godard, Francois Truffault y la realizadora Angés Varda, además de estar bajo las órdenes del maestro italiano Vittorio de Sica, entre muchos otros.


Apodado en el mundo del cine como “Bébel”, Belmondo participó en 80 películas, algunas de ellas inolvidables, como “À bout de souffle” (“Sin aliento”, “Al filo de la escapada”) o “L’homme de Rio” (“El hombre de Rio”).

“Después de ‘A bout de souffle’, de la noche a la mañana, me fui a Italia a rodar cuatro películas seguidas. El teléfono no paraba de sonar: hubiese podido hacer veinte por año, si quería”, contó en su momento.

Aficionado del fútbol y boxeador profesional durante su juventud, logró un físico apreciable y supo llevar con orgullo una nariz rota que le dio más personalidad a un rostro amado por las cámaras: se transformó también en una de las caras más conocidas del cine de acción y policial de su país entre las décadas de 1960 y 1980.

El actor nació el 9 de abril de 1933 en la ciudad de Neuilly-sur-Seine (Altos del Sena) y fue criado en el seno de una familia de artistas: su padre era un escultor de origen italiano y su madre una pintora que solía tomarlo como modelo para sus lienzos. Fue en 1951 cuando comenzó a estudiar interpretación en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático de París en 1951, dejando de lado sus ambiciones deportivas.

Desde entonces y durante más de 20 años, 48 de sus filmes superaron el millón de espectadores. Su larga y exitosa carrera, que incluyó un premio César al mejor actor en 1989 por su trabajo en “Itineraire d’un enfant”, de Claude Lelouch, se vio interrumpida en 2001 cuando sufrió un ACV del que pudo recuperarse para aparecer ocho años después en el film “Un Homme et son chien”, que resultaría su último largometraje.

 

 
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