Asia marcha a otro ritmo

Por Matías Fornasari

Si hay algo que ha demostrado el año 2020 es lo poco que estaba preparado el mundo para enfrentar un virus no más letal que otros, pero que por su rápida dispersión y desconocimiento provoco mucho miedo en toda la población. En este contexto, los gobernantes encontraron como única respuesta o solución para esto detener la circulación de las personas alrededor del planeta, solución que causó el cierre momentáneo, en teoría, de industrias, vuelos, empresas, proyectos de inversión y hasta gran parte del comercio internacional. Pero lo que resulta interesante es que no todas las economías han reaccionado igual ni se recuperarán de la misma manera. Quizás en algunos años podremos concluir que esta pandemia mundial acentuó un proceso de crecimiento económico mundial que se venía dando de todas formas a ritmos distintos, pero que desde ahora será más evidente y provocará una revolución en el nuevo orden mundial.

Como lo muestra el gráfico siguiente, para inicios de la década del ’90 Estados Unidos se ubicaba primera dentro del ranking de las 10 mayores economías del mundo, seguido en gran parte por economías europeas. Sin embargo, ya hace varios años que el continente de Asia y más precisamente la región del sudeste está ganando protagonismo en este ranking. Luego de la crisis financiera de 2008 y que probablemente será reforzado después de la pandemia por COVID-19 de este año, se podrá observar como varias de las economías asiáticas pasarán a ocupar los primeros lugares. El ritmo de crecimiento de estas ha divergido del resto del planeta hace tiempo lo que las colocaría en el top 10 en un futuro cercano.

Asia demostró tener más experiencia en gestión de pandemias y, superada la actual, se constituye como el foco de flujo de capitales internacionales. Con América Latina como centro del problema sanitario, aspecto que se suma a la histórica inestabilidad política en sus países, con Europa que no logra determinar si es una economía unida o países separados con poblaciones envejecidas, y un continente africano que tiene mucho potencial pero carece de infraestructura y orden, Asia parece ser la región estrella para las próximas décadas.

China, con su transformación de economía comunista a un capitalismo de estado, y con el resto de las economías de la región que han dado más preponderancia a la iniciativa privada y el comercio, se ha potenciado un mayor desarrollo para la región. Las altas tasas de ahorro, en alrededor del 30% de sus ingresos, permiten sostener altos niveles de inversión y al poseer un 61% de la población mundial cuenta con grandes mercados para sus productos. Si bien hasta el momento posee grandes porcentajes de pobreza, sus clases medias son cada vez más pujantes. Por ejemplo, China anualmente transforma el 1% de su población clase pobre en clase media lo que representa unos 13.000.000 de personas que logran acceder a mejores estándares de vida.

Tasa de crecimiento

Los pronósticos indican que la región terminará el año 2020 con un crecimiento levemente positivo mientras que para 2021 retomará la senda de crecimiento con un 6,6% anual, bastante superior al 3,9% de las economías avanzadas y más aún al 2,8% de América Latina en promedio.

Probablemente sea por contar con grandes recursos ociosos, mano de obra barata y puntos de partida bajos en su nivel de desarrollo que permiten que todavía haya mucho por hacer. Pero sin dudas ésta es la región del planeta que tiene fuertemente decidido crecer a gran escala, desarrollar tecnología de vanguardia, innovar y que sus industrias y empresas puedan competir de igual a igual con las economías norteamericanas y europeas. De hecho, sus gobiernos apuestan a mejorar la infraestructura con puentes, caminos, trenes y puertos. El mayor ejemplo de esto es el ambicioso plan de construir la “nueva ruta de la seda” o “puente terrestre euroasiático”, con el objetivo de unir mediante trenes y caminos toda Asia con Europa y transformar los 45 días que demora un barco en llegar de Shanghái a Róterdam en 15 días que demora un tren saliendo desde Shanghái con destino final Berlín.

Con culturas, idiomas e ideologías distintas a la del mundo occidental, estos países de la región están encontrando la forma de adecuarse al comercio mundial y construir sus propios sistemas económicos de capitalismo, uno no tan individualista pero que permite el desarrollo personal de sus individuos. Es precisamente por ello que parecen ser los países más prometedores para las próximas décadas.

 
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