Un año para el olvido

Finanzas | Por Carla Daniele Barra

Se cumplió un año de aquel 10 de diciembre de 2019 en el que Alberto Fernández asumía la presidencia de la nación y en este informe semanal repasamos cómo respondieron las principales variables económicas en este 2020 para el olvido.

A comienzos de diciembre del año pasado, Fernández asumía el mando de Argentina bajo un (viejo y conocido) modelo económico que, sin objetivos muy claros, dejaba dilucidar los principales lineamientos de política que pretendía encarar. Con el despliegue del coronavirus a nivel mundial, que no tardó en mostrar sus efectos a nivel local, Argentina orientó sus esfuerzos a controlar la pandemia a partir de marzo de 2020. Hasta el momento, el COVID se cobró más de cuarenta mil vidas pero, decisiones económicas equivocadas de la mano de una cuarentena agresiva e casi interminable también se llevaron por delante a la economía argentina.

Las variables económicas hoy son reflejo de un año “áspero” en todos los sentidos; con el correr de los meses fuimos testigo del deterioro constante en las variables monetarias y cambiarias que marcaron la evolución de un año complicado para el mercado y las inversiones. De la misma manera, los efectos nocivos pudieron sentirse de cerca en el plano de la economía real, con caídas pronunciadas en el nivel de actividad, cierres de empresas y pérdidas de puestos de trabajo en el sector privado.

Cuando pensamos en los “objetivos” o lineamientos de política que se esperaban que encare el gobierno, podemos encontrar que el balance luego de un año de gestión resulta bastante negativo. La pandemia tuvo mucho que ver pero, con la reacción del gobierno, la cura fue más dañina que la propia enfermedad.

La actividad económica tuvo un freno importante durante los meses de cuarentena y, hasta el momento, la recuperación parece ser lenta. Con los datos al mes de septiembre podemos ver que acarreamos una caída de más del 7% en la actividad con respecto a diciembre del año pasado y a eso se le suma el cierre de más de quince mil empresas y la destrucción de más de 220.000 empleos del sector privado formal (que, si tenemos en cuenta el nivel elevado de informalidad laboral, el costo en términos de empleos fue ampliamente mayor). Por otro lado, aquellos que pudieron conservar su trabajo también enfrentaron pérdidas importantes en su poder adquisitivo ya que el salario en términos nominales aumentó menos que el nivel de inflación (incluso en un contexto de actividad completamente frenada).

Si bien la asistencia económica a través de diversos planes y programas sociales ayudó a los sectores más perjudicados a paliar los efectos de la crisis, también generó un deterioro importante en las arcas del Estado, con gastos subiendo considerablemente más que los ingresos en la medida que estos últimos se desaceleraban ante la menor recaudación por la recesión que atravesamos. Sobre este punto podemos destacar la reforma jubilatoria, que al parecer podría mejorar el frente fiscal pero a cuestas de uno de los sectores más vulnerables en este contexto. Aun así, los aspectos distributivos (que son el fuerte de este modelo) empeoraron considerablemente ya que el nivel de pobreza ascendió a un 43,4%, implicando que más de 2,5 millones de personas hoy se suman a este segmento.

Lo que sí se resalta en este balance anual es haber alcanzado la reestructuración de la deuda pública externa, que independientemente del resultado, era uno de los principales obstáculos que enfrentaba el gobierno de Fernández al comienzo de su gestión. Paralelamente, se pueden destacar los esfuerzos del Ministerio de Economía por normalizar la curva de bonos en pesos y recuperar la confianza de los inversores en la deuda en moneda local, permitiendo así habilitar una nueva fuente de financiamiento interna que estaba considerablemente deprimida tras el impago de ciertos vencimientos durante 2019.

En el transcurso del primer año de gestión el gobierno fue tomando diversas decisiones de política en el plano cambiario y monetario que entorpecieron más aún el escenario anterior. En informes semanales anteriores repasamos cómo fueron evolucionando las principales variables económicas que afectan a nuestro sector pero, aun así, vale la pena observar el resultado que consiguieron las políticas implementadas a lo largo de todo este 2020.

En el gráfico siguiente es posible observar que la emisión monetaria fue el instrumento por excelencia que utilizó el Estado para financiarse en los primeros meses de su gestión, cuando los ingresos no cubrían los gastos y la posibilidad de financiarse vía deuda estaba prácticamente cerrada. Sin embargo, cuando los efectos nocivos de imprimir indiscriminadamente empezaron a mostrar sus efectos en la cotización del dólar y la inflación en aumento, se implementaron ciertas medidas de absorción que permitieron estabilizar la base monetaria en torno a los niveles actuales.

Como el apetito por los pesos en aquel contexto no tenía relación con el abultado nivel de oferta monetaria que se estaba impulsando, el excedente de pesos encontró su destino en la principal reserva de valor para los argentinos: el dólar. La creciente demanda por dólares en el medio de un cepo cambiario de los más restrictivos generó una constante pérdida de reservas internacionales, tal que el gobierno tuvo que implementar (sin éxito) una sucesión de medidas tendientes a regular la compra de divisas por parte de los ahorristas. El resto de la historia ya la sabemos: la brecha cambiaria continuó ampliándose en la medida que el dólar MEP y Cable, así como el dólar blue, reflejaban la verdadera demanda contenida de dólares. Fueron las últimas medidas las que, orientadas a incentivos y no a regulaciones extractivas, lograron por el momento estabilizar las presiones cambiarias en el corto plazo.

Las últimas semanas parecieron más calmas a los ojos del mercado; sin embargo, el gobierno enfrenta importantes desafíos de cara al 2021. Todo indica que el equipo económico de Fernández apuesta a las liquidaciones del sector del agro y a un cambio de humor a nivel internacional para la entrada de divisas que den lugar a un aumento de reservas, condición necesaria (y urgente) para Argentina. Por lo anterior, es posible que los esfuerzos de los hacedores de política estén dirigidos a contener el “status quo” de la macro al menos hasta marzo.

Aun así, quedan aún varios focos de tensión latentes en el plano monetario, cambiario y fiscal que pueden explotar en cualquier momento si se sigue apelando a soluciones cortoplacistas y no a aquellas orientadas a resolver el problema de fondo. Dichas tensiones están obligando al gobierno redefinir sus objetivos de política para que el próximo año, lejos de seguir castigándonos, logre compensar un 2020 para el olvido.

 
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