El Cura Brochero y la capilla de la cárcel de San Martín

DERECHOS HUMANOS

por Luis Miguel Baronetto

Especial para HDC

El Cura Brochero fue nombrado Canónigo de la Catedral de Córdoba y asumió su nuevo cargo el 12 de agosto de 1898. Radicado en la ciudad de Córdoba no se limitó a cumplir con el rol eclesiástico asignado. Después de gestionar la jubilación de algunas docentes del valle de Traslasierra, donde ejerció el sacerdocio la mayor parte de su vida, como forma privilegiada de ocuparse de los pobres se encargó de la situación de los presos de la Penitenciaría de San Martín. Los visitaba, promovía la recolección de ropa, les llevaba tabaco y fósforos, alpargatas, sombreros y pañuelos. Les celebraba misa, les organizaba representaciones teatrales y les predicaba sus famosos ejercicios espirituales. Todo eso para aliviar el encierro de quienes necesitaban ser valorizados en su condición humana y respetados en sus derechos. 
La cárcel de barrio San Martín fue construida en etapas sobre los planos del ingeniero Francisco Tamburini, y a principios de 1895 fueron trasladados allí los presos para ser ubicados en los dos pabellones terminados, con capacidad para 120 personas. A esa fecha la capilla estaba a punto de ser habilitada, según informaba el diario La Libertad el 12 de enero de ese año. La labor apostólica del Cura Brochero en esta cárcel fue destacada en los diarios de Córdoba. Aunque había desarrollado su misión de Párroco en la olvidada zona de Traslasierras, el Cura era en ese entonces muy conocido en la ciudad capital. Y los medios de prensa lo mencionaban con frecuencia tanto para destacar su tarea pastoral, cuanto por las particularidades de su personalidad que generaban rápidamente relaciones de simpatía y lo hacían un sacerdote muy respetado por la dedicación a su ministerio.
 
Desde enero de 1900 hasta febrero de 1901 los diarios Los Principios, La Libertad y La Patria, de diferentes tendencias ideológicas (católica, radical y liberal), mencionan veintidós veces al Cura Brochero en su tarea carcelaria. Lo hacen tanto para informar sobre sus actividades internas de asistencia espiritual y material a los penados, como para apoyar su campaña por el indulto con motivo del fin de siglo, el Año Santo y los homenajes al Cristo Redentor en la estatua de la Cordillera entre Argentina y Chile que se inauguraba en esa ocasión.
 
Además de la asistencia espiritual y material a las personas privadas de su libertad, el Cura Brochero avanzó por las condiciones carcelarias y la situación judicial de los presos. Denunció en los medios de prensa el hacinamiento “en la cárcel de detenidos y en la Penitenciaría”, y a los carceleros que “los gobiernan con imperio y terquedad, por no decir con tiranía”. Aunque respetuoso de las autoridades, no dejó el hoy Beato José Gabriel Brochero de recordarles, subrayando la letra, que “el artículo 13 de la Constitución Provincial exige que las cárceles de la provincia sean seguras, sanas y limpias. Y que no podrá tomarse medida alguna que a pretexto de precaución conduzca a la mortificación de los presos.”. 
 
Además de la solidaridad que promovió entre los laicos y laicas de la ciudad, nucleados en la “Sociedad San Vicente de Paul”, la institución católica encargada de la asistencia a los pobres, el Cura Brochero a los 60 años impulsó el indulto y la reducción de penas con motivo del nuevo siglo. No le fue fácil. Tuvo que enfrentar a sectores que preocupados por la seguridad olvidaban los derechos humanos. El pedido generó un debate que también se reflejó en los medios de prensa; y el Cura Brochero se convirtió en el más ferviente defensor de los presos. 
 
El 22 de diciembre el Cura Brochero envió desde Ballesteros una carta a los presos, que Los Principios publicó el día de Navidad: “…Ya les hice decir, por mensaje y luego les repetí por carta, que las Damas de Córdoba y el presidente de San Vicente de Paul hicieron – por Ustedes – petición de gracia ante el Gobierno y que el carro se encajó hasta las mazas, esto es, que muchas personas de valer de Córdoba hacían resistencia a la solicitud que se hizo por Ustedes…¡Una docena de presos que pueden ser agraciados en el 1° de enero, es lo que asusta y escandaliza a ciertas personas de la sociedad de Córdoba y no se escandalizan que a más de 10 docenas de presos no se les ha concluido el sumario entre los tres meses que manda la ley! Si se consigue la gracia pedida para Ustedes se verá que el número de los agraciados es insignificante con relación al número de presos.”
 
Su lucha a favor de los presos lo llevó a incursionar en el terreno jurídico, utilizando profusamente los medios de prensa. Se fundamentaba en la Constitución Provincial y denunciaba su manipulación. Sin eludir la discusión jurídica, el cura apelaba fundamentalmente a una cuestión humanitaria.
 
Preservar la Capilla de la Penitenciaría
La trascendencia de la obra del Beato José Gabriel Brochero en los años de su estadía en la ciudad de Córdoba quedó explicitada en su compromiso con los más necesitados, que expresó en la asistencia y cuidado de las personas privadas de su libertad, bregando por dignificar sus condiciones de vida carcelaria y procurando agilizar las tramitaciones judiciales a favor de una positiva reinserción en la sociedad. La memoria cordobesa necesita mantener vivos estos testimonios referenciales. La preservación del espacio físico de la antigua capilla, que aún se conserva en el edificio de la ex Penitenciaría de San Martín, donde el Cura Brochero desplegó su labor pastoral y humanitaria, sería una contundente manifestación. 
 
La “hornancina” de los santos así como el espacio octogonal con su techo de listones y repujados de madera bien preservados hasta hoy en lo que fuera la capilla del Penal, debería quedar como el signo evidente, la prueba palmaria y el símbolo más acabado del paso evangelizador del Beato Brochero, en un lugar emblemático donde la vigencia de los derechos humanos hacía más necesaria una acción urgente, positiva y constante, exigida por la condición humana de dignidad y el deber cristiano de amor al prójimo. 
 
Aquí la memoria del Cura Brochero queda unida a esa memoria que se prolonga a lo largo de la historia del Penal de San Martín, donde la sociedad, con sus instituciones de justicia y seguridad, recluyó a los juzgados según las leyes de cada época. Pero generando también instrumentos, a través de personas e instituciones de la sociedad civil, que pusieron en alto la conciencia colectiva sobre los derechos de las personas, como alerta permanente de los abusos propios de las limitaciones de la condición humana, que en cualquiera de sus estamentos puede perder su horizonte comunitario de dignidad.
 
 
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