A Mestre ya no le aprueban ni los nombres de las calles

El carnicero de Urca 

Muy variada de temas la semana en la carnicería. Los que vinieron cada uno llegó con una agenda distinta, es como que ya las movidas del dólar y la política no pasan a ser el único asunto de conversación. En mi barrio hay varios que parece les pegó la rebaja de Ganancias, porque hubo algunas compritas extra. Nada para tirar manteca al techo, pero algo es algo, como para esperar la primavera. La cuestión es que como algo se movió el sábado a la tarde, llevé a la familia a dar una vuelta por las sierras. Hacía rato que no los sacaba y a la vuelta insistieron con el tema vacaciones.

Justo con ese tema de las vacaciones (no las mías, sino la de los que se le termina el mandato en diciembre), estaba pensando, cuando cayó mi viejo cliente municipal, conocedor de todos los secretos del Palacio 6 de Julio. Me empezó a contar de los “planes” de varios. Se ve a que más de uno no le ha ido tan mal, porque dicen que están armando las valijas para irse a Europa. El temita este del tipo de cambio y del dólar por las nubes no parece que sea una preocupación para todos.

Ya se los conté acá hace algunas semanas, eso lo del éxodo prematuro de funcionarios mestristas. La cuestión es que mientras le preparaba el pedido a mi cliente municipal, me empezó a contar algunas peripecias de estos días, que parecen ser muy activos, con mucha difusión de estos años de gestión.

Una de las que me sorprendió es que me dijo que, en el Concejo Deliberante, ya ni los propios le responden a Ramoncito junior. Que mandaron un proyecto para ponerle el nombre a una calle, y que no se lo trataron y lo pasaron a comisión. Lo miré extrañado. Parece ser algo sencillo. Y el hombre me apuntó con el dedo como marcando que había un detalle que yo no conocía.

El tema es que el homenajeado no es muy conocido, salvo porque el hijo es pediatra, y… atiende a los hijos del intendente saliente.

“Mire usted”, alcancé a balbucear.

Y me siguió contando que quedó en lista de espera el proyecto para “un mejor análisis”. Pagó y se fue.

Y yo me quedé pensando qué cosa esta, la del poder. Parece tan intenso cuando se tiene en su esplendor, y tan débil cuando se está yendo. Debe ser la vida así, ¿no? Por suerte, llegó otro cliente y dejé de filosofar para seguir haciendo lo único que sé hacer: vender carne.

Nos vemos el lunes.

09 Septiembre 2019
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