Las cosas que ha dejado De la Sota

El carnicero de Urca

Soy Omar, pero todos me conocen como el carnicero, el carnicero de Urca. Algunos de mis amigos me llaman “el carnicero del poder”. Debe ser porque tengo algunos clientes que cortan el bacalao. Yo corto las costillas con la sierra. Y pese al ruido, escucho. Y escucho muchas cosas. Tal vez por eso los amigos de HOY DÍA CÓRDOBA me invitaron a que les cuente, todos los lunes, lo que escucho en mi carnicería. Pero soy carnicero, no periodista, ni escritor. Lo mismo voy a intentar, a ver qué me sale.

Esta semana estuvo movidita en la carnicería. Me cansaron con el chiste de por qué no pongo los precios en dólares, como lo hizo no sé qué otro carnicero porque ni leí la noticia. Me tienen un poco harto con el dólar los clientes, pero la verdad es que se siente la crisis y estoy vendiendo todos los días un poco menos, aunque la cantidad de gente es la misma. O sea, por ahora compran carne pero menos de cantidad.

Se habla mucho en la carnicería de economía pero yo me meto poco.

De De la Sota también siguen hablando mucho. Las vecinas preguntan cada cosa que yo no tengo idea, ni tampoco me interesa. El viernes a la tarde vino uno de los que fue ministro, un par de veces, del finado. Y doña Amalia, que todos los días lleva un cuarto de molida y dos bifes de nalga, lo encaró con el tema de cómo iban a arreglar la sucesión.

El tipo se puso a explicar las reuniones, las propuestas de Schiaretti, las posibles listas y qué se yo. Pero la vieja lo cortó y le dijo que le estaba preguntando por la otra sucesión, la de los números. El hombre carraspeó justo cuando prendí la picadora, pero alcancé a escuchar que con la Adriana Nazario tenían formalizado el vínculo legalmente... que no vivían juntos hace tiempo y que él creía que se habían puesto de acuerdo hace rato en el reparto de bienes. Pero... no habían firmado nada.

Cuando se fue doña Amalia, el amigo me contó también que muchos de los que se ponen el traje de sucesor político de De la Sota ni hablaban con el finado. Mi cliente estaba muy enojado con Caserio, que anda diciendo que él era hombre del fallecido ex gobernador pero parece que hace dos años ni se saludaban.

Se acodó en el mostrador y me confesó que andaban medio desorientados... que no sabían bien qué iba a ser de su futuro y que el Gallego los había dejado huérfanos.

No tenía ganas de meterme en un terreno tan delicado. Le cobré los dos kilos de asado que llevó, le regale la morcilla, me limpié las manos y listo. Por hoy basta. Nos vemos el lunes que viene.

01 Octubre 2018
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