El cine como un juego infinito

Entrevista | Por Martín Iparraguirre

Alejandro Cozza y Carolina Martini hablan de "El último cuadro de Luz Belmondo", que hoy se estrena en el Cineclub Municipal

La productora El Carro realizará hoy un triple estreno en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, fenómeno sin dudas inusual para cualquier polo cinematográfico de Argentina, que merece pensarse a fondo. El formato de “películas taller”, donde Rosendo Ruiz, Inés Moyano y Alejandro Cozza comandan grupos de aficionados sin conocimientos profesionales en el proceso de realización de una película, les ha permitido mantener un ritmo de producción insólito, que viene dando frutos cada vez más interesantes, como se puede comprobar en “El último cuadro de Luz Belmondo”, uno de los estrenos en cuestión. Filme moderno en su propuesta narrativa, que toma al propio proceso realizativo como alimento de su ficción, “El último cuadro...” se anima a romper varios mitos del séptimo arte pese a la falta de experiencia de sus protagonistas. La supuesta sofisticación del cine moderno (aquel que se piensa a sí mismo en sus películas) es uno de ellos, pues a partir de la historia de su protagonista (un cuarentón que verá modificada su vida a partir de un taller de cine, donde se rodará una anécdota privada) hará de la progresiva mezcla de ficción y realidad el centro de su comicidad, con un espíritu lúdico y descontracturado muy sano para romper jerarquías apolilladas.

“Si pensáramos Luz Belmondo dentro del cine cordobés, hay que decir que se hace cargo de un lugar de comedia que no está en otras películas, como tampoco está en el cine argentino. Salvando las comedias de María Paulinelli, no hay muchas más, el humor aparece a lo sumo como por atrás en algunas películas de Rosendo (Ruiz). Por eso, yo rescato mucho esta película dentro del panorama local y la pongo a la misma altura que cualquier otra película: no es poca cosa animarse a la comedia y salir indemne con un ‘humor intelectual’ entre comillas”, afirma Alejandro Cozza, codirector del filme junto a Ruiz, en diálogo con Hoy Día Córdoba, donde admite que “con Rosendo siempre decimos que todas las películas taller son laboratorios de experimentación, donde probamos cosas, jugamos con formas. Desde ese lugar, las queremos mucho porque nos ayudan a liberarnos de los mandatos del cine, quitarle presión a la obra cinematográfica y a la figura del director como autor”.

Carolina Martini, productora y actriz del filme, reafirma este espíritu de colaboración colectiva: “Las jerarquías que suelen estar tan marcadas en el cine realmente fueron otra cosa en el taller. Teníamos en claro la distribución de roles y responsabilidades entre los equipos, pero había una decisión compartida: el Ale, Rosendo e Inés nos invitaban a participar y crear todo el tiempo, nunca imponían nada. Realmente había una co-gestión que todos los integrantes del grupo agradecemos mucho, porque fue un proceso de aprendizaje hermoso”, celebra.

La película narra la historia de Martín, un profesor de física que inicia una clínica de cine que pondrá patas para arriba su vida a partir de la decisión de filmar una anécdota personal que involucra a su madre, un cuadro y una famosa artista plástica llamada Luz Belmondo. “La historia está inspirada en una anécdota real con la artista Marta Minujín, vamos decirlo con todas las letras. El cuadro en cuestión era un cuadro de ella, pero finalmente no nos dejó usar su nombre por cuestiones personales”, aclara Cozza, que refuerza este juego entre ficción y realidad que propone el filme al confesar que la anécdota pertenece a Carlos Sederino, el actor que interpreta a Martín...

HDC: ¿Cómo se construyó este costado autoreflexivo del filme?

Alejando Cozza (AC): Este costado lúdico que tiene Luz Belmondo responde directamente a las características del grupo, donde jugamos mucho con la propia realidad y con lo que estábamos haciendo como proceso. De ahí surgió esto del “cine dentro del cine” porque nos dimos cuenta que estábamos realmente en una situación donde la ficción estaba empezando a inspirar la realidad: hubo un ida y vuelta ahí entre las experiencias del grupo y la ficción que construíamos en donde nos dimos cuenta que había una materia muy rica para ser aprovechada en la película, que finalmente terminó siendo eso que nos estaba pasando mientras íbamos construyendo todo.

Carolina Martini (CM): Yo creo que el Ale sí iba como orientando y organizando ese proceso de creación colectiva, pero en donde todo el grupo en mayor o menor medida iba construyendo la historia, que si bien es una ficción, se nutría mucho de lo que nos iba pasando en la vida cotidiana...

AC: Si bien toda película se va armando de acuerdo a su proceso realizativo, aquí sucedió particularmente porque la historia tiene que ver con la historia real del protagonista. Entonces, estábamos todos a caballo sobre Carlos Sederino para trabajar su vida como materia prima de la película. Su vida estaba poniéndose en juego delante de nuestros ojos: de hecho, hay un diálogo en la ficción que dice que hay que cuidar a Martín como personaje porque está expuesta su vida en la ficción... y eso era real. La cuestión es que este ida y vuelta entre ficción y realidad era realmente así: estábamos todos en una situación extraña donde por ejemplo comenzaron a pasar cosas en la vida de Carlos que ya estaban escritas en el guion de la película, que las había anticipado.

HDC: La relación del protagonista con las mujeres está marcada también por los conflictos…

AC: Cuando filmamos la película, comenzaban a aparecer tímidamente los planteos de género en cuanto a sexualidad que hoy están en auge. Creo que empezamos a canalizar un poco todas estas cuestiones a partir del personaje, un tipo que no está entendiendo lo que pasa con las mujeres a su alrededor, incluida una historia del pasado con su madre. Si bien está contada desde la perspectiva de un hombre, todos los personajes femeninos van poniendo al personaje en entredicho, poniéndolo en crisis, por eso decidimos no resolver algunos de sus conflictos existenciales. Hoy me siento contento con esta decisión porque realmente es un hombre confundido y el guion no tiene por qué resolver esa confusión que por otra parte es la de muchos hombres del presente. Por otro lado, hay un tono a lo Woody Allen, de películas como “Manhattan”, con ese personaje entre torpe, inocente y querible pero al mismo tiempo bestial, que lo querés matar. En este sentido, la película deja más preguntas que respuestas, dudas existenciales dando vueltas.

HDC: ¿Cómo trabajaron las actuaciones?

CM: Ninguno es actor profesional como tal, pero a la mayoría nos gusta la actuación: el desafío fue desmarcarnos del registro del teatro, construir una actuación más chiquita para poder llevarla al cine. Tuvimos ensayos breves la verdad, pero fuimos improvisando mucho en las escenas. Como todo, también genera muchos nervios, expectativas, emociones encontradas al vernos a nosotros mismos en una pantalla.

HDC: ¿Qué idea del cine tiene en la película?

AC: Si pensara concretamente en el cine, creo que hay muchas ideas de puesta en escena que son bastantes finas, donde también tuvieron que ver Nicolás Acosta (director de fotografía y montajista) y el Mato Ludueña, que se comprometieron mucho en la parte creativa. La premisa fue no relajarnos en la consigna de que todos los planos debían tener una idea de cámara y creo que está bastante logrado: desde una pelea de pareja filmada a través del velo de una cortina, hasta una charla entre tres amigos encerrados en un pasillo y jugando con el fuera de campo a partir de cómo los personajes entran y salen de ese espacio, o esa idea de musical que aparece al final, donde un baile se mezcla con una escena real de una película de Jean Luc Godard (“Band à part”), y el sonido de nuestra ficción se empieza a mezclar con el sonido de esa otra película. A mí me gustó el juego de probar muchas ideas de puesta en escena y creo que es donde la película comienza a volar, porque hay mucho cine que tiende a un naturalismo fuerte donde parece que está mal pensar qué vas a hacer con la cámara como elemento de lenguaje, como elemento de escritura cinematográfica. Al plantear que íbamos a jugar con la comedia, nos propusimos que la cámara tenga un rol, que participe de la trama y diga cosas todo el tiempo, y creo que eso está. Hay una puesta en escena mucho más compleja que muchas de las películas que vemos en Córdoba.

HDC: De hecho, es muy interesante cómo esa idea del cine dentro del cine se construye y se rompe al mismo tiempo desde la puesta de cámara...

AC: Las tres o cuatro veces que aparece ese recurso de la cámara en mano responden a una idea de pensar cómo podíamos romper la diégesis: en esos momentos, siempre hay un movimiento de cámara hacia atrás con un paneo donde en el mismo plano se rompe lo que creíamos que estábamos viendo, la ficción dentro de la película. La idea es que la ruptura de la diégesis se produzca en un mismo plano secuencia, que pasa de una mirada que parece ser la de la "cuarta pared del cine" a develar al mismo equipo que está filmando y pasar a la propia realidad de esos personajes en un mismo plano. Fue un juego desde el propio plano con la ambigüedad de la película, que ahora pienso necesario. Es decir, construir en un solo plano esas diferentes capas de realidad de la película es lo que nos permitía jugar todo el tiempo con ese ida y vuelta entre ficción y realidad. No se podría haber hecho de otra manera, porque quizás sería más fácil hacer un plano contra plano donde uno tenga que ver con el cine dentro del cine y el otro con la diégesis de la propia película, pero para nosotros era importante captar ese ida y vuelta sin desparpajos… Al mismo tiempo, también nos estábamos divirtiendo.

“El último cuadro de Luz Belmondo” estrenará hoy a las 15:30 y se repondrá mañana a las 23 (en una función con la presencia de los directores y el equipo realizativo), el domingo a las 20:30, lunes a las 18, martes a las 15:30 y 23, y miércoles a las 20:30. 

 

23 Mayo 2019
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