Las maldiciones de Claudia Piñeiro

El centinela ciego | Por Leandro Calle

Antes de la novela, hacia el final de una página en blanco a la izquierda puede leerse la siguiente nota: “Los personajes de Las maldiciones sólo existen en la ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ni el escritor más talentoso podría superar la imaginación de algunos asesores de imagen y jefes de campaña”. Pues bien, esta nota que está como perdida, que salvaguarda a la editorial de cualquier conflicto legal, me resulta extraordinaria. Por un lado, porque nos da una clave interesante al sugerirnos que la realidad supera a la ficción o al parecer la cabeza de los asesores políticos posee más imaginación que la de los escritores/as. Por otro lado, estos tipos de advertencia (necesarios en el contexto editorial) no dejan de dar cuentas de todo lo contrario. Me explico: no quiero decir que Claudia Piñeiro transfirió una historia de la vida real a la ficción. Lo que quiero decir es que seguramente hay mucho de esa realidad política en la novela. Sobre todo, cuando la autora es un referente importante y ético a nivel público desde el campo de la literatura pero en vinculación con todo el ámbito social.

Román Sabaté, es el personaje principal de la novela. Llega a la política de manera casi impredecible. Al revés de su amigo Sebastián a quien el bichito de la ambición lo carcome por dentro. Sabaté da unos pasos en el laberinto político y cuando se da cuenta está implicado en una trama sumamente compleja donde los hilos del poder se mueven y destejen a gusto por fuerzas tanto ocultas como manifiestas. Piñeiro tiene una escritura límpida y profunda y al mismo tiempo vemos que la corriente comienza a enrarecerse. El agua de la trama se vuelve más turbia pero el lector ya está habituado, ya puede masticar situaciones más complejas. Son tan potentes las situaciones a las que nos somete Claudia Piñeiro que una vez atravesadas las complejidades de la trama y habiendo terminado la novela podemos volver a ella mentalmente. Un leve recuerdo del personaje nos dispara toda una situación, una imagen visual que nos sumerge en la mueblería del tío Adolfo, en una casa frente al mar, en un asesinato en plena ruta, en la relación de un padre con su hijo, etc. No hay cabos sueltos y no hay páginas de más. Una novela justa y con múltiples condimentos en la escritura.

Ahora bien, más allá del aspecto literario formal y de los sabores y sin sabores de la trama, la autora logra poner sobre el tapete el tema de la política. Porque, digámoslo, “Las maldiciones”, es una novela política. ¿En qué sentido? preguntará el lector. En muchos, respondería yo. En la contratapa del libro se habla de que “Las maldiciones desnuda la verdad de la llamada “nueva política, basada en un pragmatismo absoluto que esconde la inescrupulosidad del engaño y la ambición sin límites”. En parte podemos estar de acuerdo pero me hago una pregunta: ¿Acaso no fue siempre así? ¿La ambición política tuvo límites alguna vez? Probablemente no fuera que haya tenido límites, sino que alguien con poder podía ponérselos.

Tal vez el libro de Claudia Piñeiro revela un animal, un predador terrible al que la sociedad no puede fijarle límites concretos. Si la novela de Claudia desnuda la “nueva política” también revela la “nueva sociedad” en la que nos hemos convertido. La mentira y el engaño, la inescrupulosidad creo que es moneda corriente. No podemos afirmarlo de todos y menos de todas pero casi ningún político argentino resiste un archivo del pasado. El caso más patente puede notarse si uno vuelve a escuchar las promesas de campaña en el debate presidencial del actual presidente del gobierno argentino.

En lo que respecta al pragmatismo absoluto de la política, que en la novela de Piñeiro está muy bien ejemplificado, obedece por un lado al apremio del tiempo y las medidas cortoplacistas de efecto y por otro lado, un anclaje en el viejo “dictum” atribuido a Machiavelo: el fin justifica los medios.

Odio, traición, ternura, desprecio, amor, valentía, mentira y muchas cosas más. Todo ese cúmulo de pasiones y sentidos se encuentran en esta novela de Claudia Piñeiro escrita de manera impecable. Román Sabaté en un momento dado se pregunta: “La evocación es tan potente que Román Sabaté ya se siente adentro. Y se da cuenta, ahora, frente a esa vidriera, de que añora aquello que tuvo. Pero sobre todo aquello que él fue. ¿Sigue siendo quien fue?”

De algún modo “Las maldiciones” a través de la trama y de cada uno de sus personajes nos cuestionan la propia identidad, la personal y la identidad que tenemos como país.

 

13 Junio 2019
Whatsapp
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar