Vida y deseo: pensar en verde

Como una problemática de salud pública, derechos humanos y justicia social, organizaciones de mujeres desarman prejuicios y buscan reparar una deuda histórica al coro de “Vivas nos queremos” . Por Ximena Cabral (Especial para HDC)

A tan solo una semana para que el proyecto de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) se vote en al recinto de Diputados, las actividades se multiplican en las distintas ciudades y pueblos de nuestro país.
Hoy, las exposiciones de militantes, periodistas, investigadoras, artistas y trabajadoras de la salud, en los recintos y pantallas, se mancomunan con los pañuelazos en las calles, las intervenciones artísticas en los cuerpos, sus danzas y las miles de firmas reactualizando otras maneras de decir #NiUnaMenos por abortos clandestinos.

Acceso a la salud pública
La Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito presentó hace más de diez años atrás la primera iniciativa de ley para la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) para despenalizar y legalizar el aborto. Desde 2007 se presentaron siete proyectos de características similares y, finalmente, fruto de ese extenso y sostenido acompañamiento de las organizaciones de mujeres, este 2018 promete ser Ley.
Argumentos no faltan, evidencias menos: Las mujeres organizadas en la Campaña Nacional continúan sosteniendo que cuando una mujer se ve empujada a la clandestinidad, se viola su derecho humano a la salud integral (tal y como lo establece la Organización Mundial de la Salud), a su autonomía, a su libre decisión como ciudadana en un Estado laico. “El ejercicio de la libertad no puede estar librado a la buena fortuna ni ser producto de una suma de privilegios que escapan a una enorme cantidad de mujeres, niñas y adolescentes de nuestro país. Por eso, las normas tienen la obligación de promover el acceso a los derechos con estándares de igualdad”, afirmó días atrás Natalia Gherardi en su exposición parlamentaria.
Recordemos que en Argentina, la realización de abortos clandestinos es la principal causa de muerte en mujeres gestantes: genera alrededor de 60.000 hospitalizaciones por complicaciones y representa el 18 por ciento de la mortalidad materna. Las mujeres de todos los estratos sociales abortan, sólo que las pobres son las que mueren, como señalan las estadísticas.
Para sacar el debate de la encerrona de argumentos metafísicos y avanzar sobre los condicionantes políticos, desde las redes de organizaciones de mujeres plantean esta necesidad de ampliar la ciudadanía y extender el estado de derecho para las mujeres. “Despenalizar y legalizar el aborto es un imperativo de salud pública, justicia social y derechos humanos”, donde “garantizar el acceso al aborto seguro permite hacia los más altos estándares del Derecho Internacional”, promueven desde las casi 500 organizaciones feministas, sociales y políticas, estudiantiles, sindicales y de derechos humanos que forman parte de la Campaña.

La autonomía de la voluntad
La necesidad de despenalizar socialmente el aborto a partir de su legalización implica comenzar a desgranar de qué materiales están hechas esas sentencias. Desde el Colectivo de Abogadas Cordobesas a favor de la Legalización del Aborto explican que “las sentencias más relevantes, desde el análisis de los estereotipos de género, se ciñen a los términos de mala madre, de la omisión de los deberes de cuidado, o incluso mediante la suspensión de una de las causales del Protocolo provincial ILE; agravándose esta situación para aquellas mujeres que viven en el interior de la provincia. Son esas mujeres las que figuran en nuestros antecedentes jurisprudenciales y dan cuenta de la gravedad de nuestra situación local con respecto a los derechos”.
Según su amplia experiencia de trabajo en este campo, manifiestan que “ya es de público conocimiento las estadísticas que reflejan las experiencias de las mujeres, que se han visto cercenadas a la clandestinidad de la práctica, a los miedos o desconocimiento de los profesionales de la salud o incluso a la muerte”. Ante tal escenario, este grupo de abogadas resaltan que las mujeres tenemos “en base a la autonomía de la voluntad, al derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo, a la salud, a la vida, a la integridad personal y a la privacidad.” El cercenamiento de la libre disponibilidad corporal y la decisión sobre la maternidad como elección hunde sus raíces profundas en todo un anadamiaje social patriarcal que va hermanando las principales voces críticas que se alzan desde el feminismo.

Descubrir, disfrutar, decidir
Este derecho a decidir desde la autonomía de la voluntad y la integridad de la propia conciencia de cuerpos sexuados, deseantes empuja a nuevas preguntas. Como destrabando viejos encastres, se destaponan también rancios preceptos. Dora Barrancos, feminista, socióloga e historiadora del Conicet, disparó en la sesión parlamentaria: “Defiendo el aborto legal para afirmar el derecho al disfrute sexual separándolo absolutamente de la reproducción: es un derecho humano fundamental que tiene que ser dado a las mujeres (…) El sexo no embaraza a los hombres. Pero el embarazo cambia de cuajo la vida de cualquier mujer y la cambia desde el momento mismo del intercambio sexual, ya que basta situarse en la experiencia de toda mujer en edad de fecundar para comprender que el coito no puede liberarse de la sombra del embarazo aunque se tomen responsablemente todas las medidas. Una noción elemental de soberanía de nuestros cuerpos impone que los estados avancen en esta legalización”.
“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” empuñado, garganta, gesto de cada una de las mujeres desde hace más de un lustro. En estos días, fueron más de 60.000 personalidades de las artes y oficios tras la firma de 54 cartas colectivas desde que comenzó el debate; y personalidades de más de 40 países del mundo que multiplicaron testimonios, argumentos y nuevos cantos para seguir movilizadas por “educación sexual para descubrir, anticonceptivos para disfrutar, aborto legal seguro y gratuito para decidir”. En esa vía, la discusión sobre el aborto abrió interrogantes desde el cuerpo como territorio, la casa, el fuego, el deseo de maternar, las desobediencias e incomodidades de los propios cuerpos lunares. Allí, desde las constelaciones propias, en los encuentros hacia la descolonización de nuestros cuerpos afectados, vivientes y mutantes.

06 Junio 2018
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