El río de Berta Cáceres

Conversaciones | Por Sofía Jalil

La sala está completa. Un hombre camina alrededor de los presentes posando fija la mirada. En la primer ronda, lleva un cuenco con agua. En la segunda, una vela. Finaliza con un puñado de tierra que acaricia con sus dedos. Una guitarrista acompaña el momento con suaves melodías. El hombre vuelve y toma una fotografía en blanco y negro. Es Berta Cáceres, activista hondureña asesinada por sicarios un 2 de marzo del 2016.

“¡Berta vive! ¡La lucha sigue y sigue!” corean todas y todos. El pasado sábado 6 de julio, se presentó en la ciudad de Córdoba el libro “Las Revoluciones de Berta. Conversaciones con Claudia Korol” (Ed. América Libre, 2018).

Berta Cáceres fue una incansable luchadora por las comunidades indígenas hondureñas y el ambiente, la Madre Tierra. Líder del pueblo lenca, feminista e internacionalista, fundó y coordinó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) que transita su 25 aniversario.

Entre todas sus revoluciones, su último aliento fue contra el proyecto Agua Zarca que preveía represar el Río Gualcarque. La conseción fue otorgada por el gobierno caribeño a la empresa DESA -propiedad de la familia Atala, una de las más poderosas en Honduras.

Tras su asesinato, el Banco Holandés de Desarrollo (FMO) y el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial retiraron su apoyo económico al proyecto. El Banco Mundial, se fue antes.

La presentación del libro fue en la Biblioteca Popular Casa Caracol y contó con la presencia de Claudia Korol, periodista y educadora popular, junto al hijo de Berta, Salvador Zúñiga Cáceres quien dialogó con HOY DÍA CÓRDOBA.

Hoy Día Córdoba: ¿Cómo describirías a Berta Cáceres?
Salvador Zúñiga Cáceres: Como miembro del COPINH, la vemos como una lideresa social que se ha ido construyendo de las realidades más duras de Honduras, pero también que ha ido cruzando fronteras y reconstruyéndose a lo largo del proceso. Reconociéndose como una mujer pobre, miembro de una clase social con una gran presión y persecución. Además, como una mujer que empieza a construir en Honduras el feminismo comunitario: un feminismo de base.

HDC: Desde el COPINH, ¿qué cualidades identifican?
SZC: Una gran capacidad de integrar diferentes luchas y llevarlas al mismo tiempo: contra el patriarcado, el colonialismo y el racismo. Y, también, de llevar todos esos saberes a la práctica, a la acción, siempre estaba pendiente de cómo construir y articular con otros movimientos. La reivindicamos como una lider internacionalista. Su figura ha sido bandera de diferentes movimientos sociales.

HDC: ¿Y como hijo?
SZC: La reivindico como madre con todas las dificultades que conlleva ser una mujer con cuatro hijos e hijas y luchar contra las resistencias.

CON VIVA LETRA
La presentación del libro se enmarca a diez años del golpe de Estado contra el entonces presidente Manuel “Mel” Zelaya, en 2009.
“Honduras es un laboratorio donde se ensayan distintas formas de opresión y violencia de un sistema capitalista, patriarcal y colonial. El golpe de Estado fue el primero del siglo XXI”, dice Korol, compiladora y editora de los textos para situar al país caribeño.

HDC: ¿Cómo surgió la idea del libro?
SZC: Mi mami tenía muchísimas actividades. Aún así, y en medio de las persecuciones, podía ver qué construir o por dónde ir. El libro surge un poco antes del 2009. El golpe de Estado marca un antes y un después en la historia de América Latina, y se recopilan saberes para otras experiencias de lucha. El trabajo de Claudia ha sido muy valioso. Un libro, en Honduras, toma otra importancia.

HDC: ¿Por qué?
SZC: Son difíciles de acceder, y también está el bombardeo con propaganda desde los medios de comunicación. Entonces, acceder a un libro que cuente las resistencias de una compañera es muy importante. Más todavía en la necesidad de construir. Hay muchas voces que están a través de la voz de Berta. Es necesario reveerlo y repensarlo porque da cuenta de muchas claridades relacionadas con situaciones en muchos países de la región.

Justicia
Berta vivía en La Esperanza, municipio y cabecera del departamento de Intibucá. La noche del asesinato, estaba en su casa junto a Gustavo Castro, ecologista mexicano. “Cuando matan a Berta, también intentan asesinar a Gustavo. Pero no pudieron y queda como testigo de lo que sucedió”, dice Korol.

Primero, la prensa hondureña difundió que se trató de un “crimen pasional”. Luego, que fue producto de un robo. Sobre la situación judicial, Salvador cuenta que “el Estado intentó todo para que quede en silencio”.

“Una de las maniobras fue desviar las causas reales del asesinato. Además, se la trató de pintar como una ambientalista buena que no tenía nada que ver con los revoltosos del COPINH. Por un lado, la lucha por la justicia tiene que ver con reivindicar su imagen, trabajo y militancia”, agrega.

Ni él, ni sus hermanas, ni miembros del COPINH tuvieron acceso al primer proceso de investigación por parte de la Justicia hondureña ya que se encontraba bajo secreto. “Después de la presión, se detuvieron a los responsables materiales. En Honduras el sicariato es muy común por la violencia naturalizada”.

Tras insistir, se logró enjuiciar a ocho personas, pero, según Salvador estas “no dejan de ser responsables materiales. No se tocó a los responsables intermediarios ni a los intelectuales”.

Actualmente, se apunta a David Castillo, presidente ejecutivo de la empresa DESA quien fue detenido cuando intentaba huir del país. También contra la familia Atala, propietarios de la empresa, a la cual Berta frenó con la torrencial fuerza de un río donde fluye vida, justicia y dignidad. La continuidad de los juicios y la sed por la justicia puede sentar un precedente inédito en una región caracterizada por la violencia de la impunidad.

17 Julio 2019
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