Rubem Fonseca, Cuentos completos 3

El centinela ciego | Por Leandro Calle

Este año acaba de salir el tercer tomo de los “Cuentos completos” de Rubem Fonseca, escritor brasileño nacido en Minas Gerais en 1925. Reservado y huraño pareciera nuestro Salinger latinoamericano. Casi no da entrevistas y desde los 38 años se dedica a escribir.

Estudió administración de empresas, derecho penal y formó parte de la policía brasileña. Sus cuentos, hoy reunidos en tres gruesos tomos por la editorial Tusquets, dan cuenta de un escritor emblemático del vecino país. ¿Género negro? ¿Realismo sucio? Tal vez no se pueda encasillar a Fonseca en un género preciso. Sí, es cierto que tiene mucho de policial pero va más allá del policial; y por su lenguaje áspero y a veces procaz podríamos situarlo dentro del realismo sucio a lo Bukowski, también. Por momentos y sobre todo en ciertos niveles del lenguaje sexual, me parece asociado al cubano Pedro Juan Gutiérrez y su “Trilogía sucia de la Habana” aunque en ese caso, el adjetivo “sucia” ya lo clasifica dentro del realismo anteriormente mencionado. Pero más allá de estos “intríngulis” literarios, lo que puede observarse es que Rubem Fonseca posee una vasta obra que puede adquirirse en cualquier librería más o menos buena. Su obra se reparte principalmente entre la novela y el cuento. Nos ocupamos ahora del cuento porque el pasado año salieron dos tomos de sus cuentos completos. Ya en 2019, sale “Cuentos completos 3” que reúne los siguientes libros: “Secreciones, excreciones y desatinos” (2002); “Pequeñas criaturas” (2002); “Ella y otras mujeres” (2006); “Axilas y otras historias indecorosas” (2011) y “Amalgama”. Cada tomo de los publicados por Tusquets, cuenta con aproximadamente 500 páginas. En mi memoria subyacen varios cuentos de Fonseca leídos en alguna edición española y alguna que otra novela. Cuando tenés entre las manos las más o menos 1500 páginas de cuentos, el peso literario se vuelve interesante. Por un lado te das cuenta que has leído una parte muy pequeña unos pocos libros del autor y por otro lado comprendés que los cuentos que leíste pertenecen a distintos libros, tal vez por haber uno incursionado en antologías del género policial y esas cosas. Pero lo bueno del cuento es que tiene su propia dinámica y su mundo “cerradoabierto”. Me regalan para el día del padre el tomo número tres que corresponde al año 2019. Encuentro algunos cuentos que he leído, los releo, descubro textos nuevos.

Fonseca deslumbra con su escritura áspera, llana, inventiva. No tiene concesiones y si bien su dureza es “negra” no da golpes bajos. Lo que por momentos pueden parecernos golpes bajos, termina siendo pura realidad de un observador en un país hermosamente violento. La característica principalmente urbana de sus relatos es un dato a tener en cuenta. Rubem Fonseca nos dice muchas veces aquello que no queremos escuchar, es más, la manera –tosca, machista, directa, sin códigos,- con la que nos habla, por momentos puede molestar. Pero uno ya está ahí metido en su atmósfera. Vayamos a un ejemplo y por qué no, comenzar por el principio. El primer cuento con el que el lector va a encontrarse es “Copromancia”. Pertenece al libro: “Secreciones, excreciones y desatinos”. Con ese título ya más o menos el autor nos va preparando. Lo cierto es que Fonseca en el primer cuento construye un argumento bien concreto en donde el título tiene correspondencia directa: el protagonista del cuento es alguien que poco a poco desarrolla o cree desarrollar un talento que consiste en la adivinación a través de la lectura de las heces. Reservado y algo sombrío, el protagonista va adquiriendo cierta destreza hasta la compra de una polaroid con la cual realiza un registro exhaustivo de sus evacuaciones. En esa atmósfera –bastante aromática por cierto- aparece el amor, una chica, y varias preocupaciones. La manera de narrar la historia junto a la loca inventiva de la copromancia, generan un cuento magnífico, una perfecta entrada a las quinientas páginas que restan. Fonseca posee además un gran talento para, en muy pocas páginas, crear historias fascinantes que atrapan al lector desde el primer párrafo.

Es curioso que siendo Brasil un país vecino se conozca de manera tan escasa su producción literaria.

Un país descomunal en su dimensión geográfica y cultural. Si revisamos hacia atrás los anaqueles de la memoria obviamente encontramos al grandísimo y “amado” Jorge Amado pero ya más acá, a nivel de mercado que penetra y decide, el autoayudismo de Paulo Coelho. En algún borde de la infancia ese libro que hizo furor: “Mi planta de naranja lima” de José Mauro de Vasconcelos y últimamente otro gran nombre: Clarice Lispector. Luego, seguramente, habrá una excelente cantidad de escritoras y escritores que no llegan a nuestros escaparates.

Sin embargo, Rubem Fonseca a sus ya más de noventa años parece ser uno de los escritores brasileños que comienza a dar la vuelta al mundo.

 

 

 

08 Agosto 2019
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