Cantaba siempre como nunca

Crónicas urbanas | Por Lucas Gatica

Años sesenta. Una periodista quiere escribir un libro sobre Billie Holiday. Su nombre: Linda Kuehl. Realiza un profundísimo trabajo de campo: centenares de entrevistas, horas de grabación, recortes de diarios y revistas, documentos jurídicos, análisis médicos, cartas, fotos…

Se dedica de lleno a escribir el libro. Escribe y reescribe. Va y viene. No puede darle la estocada final. En un momento la editorial Harper & Row le da el okey para publicarlo. Hasta ahí todo bien.

Llega el año 1979, enero. Concierto de Count Basie -orquesta exquisita en la que cantó Billie Holiday- en Washington. Linda viaja para la capital. Sale del show de Basie, va al hotel, escribe una nota y se tira por la ventana.

Gracias a la suerte del destino, Dios o la mera casualidad, su familia guardó todo el material que Linda juntó año tras año. Llegan los años noventa y la familia decide vender todos los documentos a un coleccionista.

Hasta que llegamos a nuestro siglo. La escritora británica Julia Blackburn accede al material. Luego de zambullirse en lo que dejó Kuehl se da cuenta de que está frente a un tesoro. Así, se mete de cabeza a ordenar el libro inconcluso de Linda Kuehl.

Con Billie Holiday
A exactos sesenta años de la muerte de Holiday ve la luz este libro -Con Billie Holiday. Una biografía coral- que desnuda la historia sin censuras ni pudor de una de las grandes cantantes del Jazz de todos los tiempos. El libro es una muestra de amor y admiración de la autora inconclusa hacia Lady Day. El trabajo de Blackburn fue simple: titular cada capítulo con el nombre del entrevistado y así acercarse a armar el rompecabezas de Holiday, construido con esmero y sudor por Kuehl antes de saltar de aquella ventana de Washington.

Las anotaciones sobre las entrevistas que hizo Kuehl son, por momentos, desopilantes: “Suda y no para de moverse por el efecto de la cocaína”; “Huele a alcohol”. Cuando entrevistó al pianista Carl Drinkard apuntó: “devana una madeja de fanfarronadas y alucinaciones de drogadicto en la que no es fácil distinguir dónde acaba la realidad y dónde comienza la ficción”.

Una de las perlitas de los entrevistados es el caso del agente de narcóticos, Jimmy Fletcher, quien arrestó a Holiday por posesión de drogas. Kuehl logró sonsacarle que toda la detención de la cantante fue una celada y confiesa, con la voz emocionada, que lo hizo porque estaba enamorado de ella. Una justificación un tanto rara.

Creció escuchando a Louis Armstrong y Bessie Smith. Cantó por primera en el club Mexico’s, paseándose por las mesas entre ginebras y licores de menta. Fue cuando la contrató Artie Shaw para actuar con su orquesta en el Hotel Lincoln el momento en el que se dio cuenta lo que significaba ser pobre, mujer y negra en una sociedad racista como la norteamericana: “No me dejaban ir al bar o al comedor. Me hacían entrar y salir por la cocina. Y tenía que esperar sola, toda la noche, en un cuarto minúsculo a que alguien viniera a buscarme para cantar”.

Sobre “Strange fruit” -clásico que relata el ahorcamiento de dos hombres negros en Indiana- dijo que “cantarla me afecta tanto que me pongo mala. Me deja sin fuerzas”. La primera vez que la cantó salió corriendo al baño para vomitar.

Tuvo una vida durísima. Nació en Filadelfia en 1915. Bautizada como Eleanor Fagan -tomó el nombre Billie en homenaje a Billie Dove, su actriz favorita-. Su padre era guitarrista y nunca tuvo mucha relación con su hija. Su madre la abandonó, dejándola con su tía. Cuando Billie nació, su padre tenía 16 años y su madre, 19. Desamparo que desembocó en un Tribunal de Menores. Pasó un año en un reformatorio. Al poco tiempo de salir del reformatorio, fue violada por un vecino. Era la navidad de 1926. Volvió al reformatorio.

Se rodeó de gente pesada, vendedores de droga, vagos que le extirparon sus ganancias. Ella también cayó en las adicciones y era tan famosa su pegada a las drogas que fue carne de cañón para la policía. Ahí entra Jimmy Fletcher. Cayó en prisión. Eran los años de la Ley Seca y de la dura lucha antidroga. No era ella únicamente la que estaba enganchada a la droga, medio mundo del Jazz estaba colocado: Dizzy Gillespie, Duke Ellington, Louis Armstrong, Miles Davis, Sonny Rollins, Sarah Vaugham, Charlie Parker. Salió de la cárcel y le prohibieron actuar en los cafés y clubes de New York. Su carrera se acercaba al fin.

Bobby Tucker, músico que tuvo relación con ella, dice que “no sabía cantar a pleno pulmón, pero sí sabía contar una historia, y había algo especial en cómo sentía lo que cantaba. Tal vez tuviera que ver con el dolor”. Cuando murió en 1959 tenía 44 primaveras y un dólar en la cuenta bancaria. Ese año las ganancias de sus discos superaron los cien mil dólares. Muchísimo dinero hoy, pero en 1959 eso era una fortuna cuantiosa. La causa de su muerte fue una cirrosis hepática. Está enterrada en el Bronx.

Eduardo Galeano escribió sobre Billie Holiday que “la que a los catorce años lograba el milagro del silencio en los ruidosos puteros de Harlem/ donde cambiaba música por comida/ la que bajo la falda escondía una navaja/ la que no supo defenderse de las palizas de sus amantes y sus maridos/ la que vivió presa de las drogas y de la cárcel/ la que tenía el cuerpo hecho un mapa de pinchazos y cicatrices/ la que siempre cantaba como nunca”.

13 Agosto 2019
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