Maternar: entre el feminismo ideal y el posible

Magazine | Vínculos

Por Estefanía Nosti

Estefanía Nosti
Especial para HDC

Hace unos días atrás, en el Espacio Cultural Museo de las Mujeres (Mumu), se llevó a cabo la proyección de la película “Amazona”, de la directora colombiana Clare Weiskopf. En el marco del encuentro “El Detonar Preciso” (organizado por la agrupación de trabajadores de medios audiovisuales autoconvocados, Divac, y co-organizado por Mala Junta), se logró poner en la mesa de debate un vínculo complejo pero preciso de abordar: ¿cómo se configuran el feminismo ideal y el feminismo posible en relación a la maternidad?

El cine es una manifestación cultural que produce determinadas representaciones, donde se juegan los deseos y los mandatos. ¿Cómo nos interpela un cine en el que todavía se reproducen modelos verticalistas y roles vaciados por las mujeres? ¿Cómo nos encontramos con este ámbito en el que todavía se desdibuja y niega la presencia a ciertas identidades?

“El Detonar Preciso” alude a la necesidad inminente de derribar la lógica patriarcal que rige la producción audiovisual, hacerla explotar para darle vida a nuevas formas de habitarla, correrle el centro y colocar allí a quienes todavía aún hoy permanecen relegados. Es la búsqueda por reestructurar una industria en la cual mujeres e identidades disidentes se encuentran en segundo plano. Es también la búsqueda por desentrañar la tensión que existe entre feminismo y maternidad, porque se necesita que las madres puedan participar de otros espacios, porque las madres necesitamos poder participar de otros espacios y, así, superar los límites de los saberes academicistas para proponer formas de habitar el feminismo posible.

Las madres de la industria audiovisual reclaman una participación que se hace eco en los reclamos de todas las madres, se requiere la construcción de redes que posibiliten un sostén colectivo para la crianza. La maternidad, que muchas veces se vincula con la soledad y la reclusión, requiere que se entienda a la formación de los hijos como una tarea que atañe a un conjunto social, y que precisa de la ayuda de otros.

Weiskopf recupera y reelabora la historia de su madre a través de “Amazona”. En este sentido, el cine se presenta como un recurso narrativo que le permite reconstruir y resignificar su vínculo con la maternidad y dar a conocer otras formas posibles de maternar, no necesariamente mejores, pero necesariamente válidas. ¿Qué pasa cuando la maternidad se propone desde la libertad? ¿Cómo atraviesan esas mujeres sus experiencias como madres cuando se alejan de ciertos modelos dominantes? ¿Qué pasa con esos hijos? ¿Cómo actúa y construye sus discursos el entorno frente a esas madres impredecibles?

Esta madre amazónica elige dejar su tierra, su esposo y sus tesoros para irse con “los gitanos harapientos”. Elige una vida de nomadismo y libertad, elige una forma de ser madre desde la búsqueda incesante de proveerse a sí misma satisfacción personal. En otras palabras, podríamos decir que su madre se elige a sí misma por encima de todas las cosas y todos los demás, y que por eso mismo, es culpada.

Durante muchos años la idea de maternidad estuvo asociada con el sentido de devoción absoluta hacia la crianza. La devoción es la entrega total hacia una experiencia, por lo que implica la renuncia a otras experiencias que pudieran entorpecer este designio único. En este sentido, el surgimiento de una vida estaría asociada al sacrificio, y los hijos cargarían con ese peso. La madre de Weiskopf se pregunta: “¿De qué sirve una madre sacrificada?, ¿puede el amor convertirse en sacrificio?”, a lo que su hija le cuestiona: “¿No creés que a veces la libertad no va con tener hijos?”

Pareciera ridículo tener que aclararlo, pero las manera de maternar pueden variar. Es decir, sería posible asumir que no hay un modo único de llevarlo a cabo. Creeríamos estar de acuerdo en este principio de variabilidad sobre tantas otras cosas, sin embargo, en la maternidad parece no estar tan claro. Las justificaciones biologicistas colocan a las madres en un rol de cuidadoras naturales programadas para una tarea de entrega que las olvida como humanas individuales, con sus propios sentidos y deseos de ser, con su propia dificultad para armarse un mundo. La tarea de dar vida y criar a los habitantes de esta sociedad se toma con la ligereza de cualquier trabajo precarizado, se da por sentado que alguien lo hará recibiendo poco o nada a cambio porque: a) parece sencillo, b) hay muchas personas que ya se encuentran cumpliendo esta tarea sin ningún rédito, y c) para la sociedad es poco valioso.

Proponer formas distintas de comprender y practicar la maternidad es un ejercicio de liberación. La decisión de transitar una maternidad sin culpas permite romper con la imposición de los procesos de socialización y permite recuperar el mandato sobre el propio cuerpo y la propia vida. En esta práctica en la cual se da una tensión constante entre la individualidad y la posibilidad, el egoísmo pareciera vedado, como si la demanda por el propio bienestar no se encontrara vigente. ¿Cómo se puede ofrecer a los hijos una mirada plena? ¿Cómo se puede expresar el desborde sin caer en la victimización? ¿Cómo se puede criar de la mejor manera, negociando lo propio con lo ajeno?
Definitivamente las múltiples experiencias en torno a la maternidad precisan de reconocimiento y validación, de ayuda y sostén, de un soporte colectivo hacia la ardua y compleja tarea de la crianza. Si bien las experiencias de la maternidad no pueden ser homogeneizadas, sí hay algo que está claro, y eso es que el mundo necesita de personas criadas desde una verdad amorosa que no les genere faltas, para lo que resulta fundamental que la maternidad no sea establecida desde la carencia. Dentro de esta búsqueda, el feminismo ideal debe de negociar con el feminismo posible la forma de acrecentar los espacios y las vías de participación de las madres en la sociedad.

21 Agosto 2019
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