La creación de Eva, de Federico Jeanmaire

El centinela ciego, por Leandro Calle (Especial para HDC)

“Maruja no tiene ninguna necesidad de andar copianda lo que hacen las otras mujeres, es la mujer que es y punta”.

No es un error de tipeo, tampoco de edición. Correcto, arriba dice “copianda” y en vez de decir “y punto” dice “y punta”. ¿Por qué? Porque la historia es así, la compleja historia de Maruja. Maruja, no José María, ni María José. Maruja, la pareja del doctor Daniel Milbergen. Él fue quien la operó y convirtió su micropene en un espectacular y maravilloso clítoris. Pero resulta que el doctor Milbergen ha muerto, y Maruja está desesperada y corre hasta la iglesia del padre Jorge y se confiesa. Claro, cuando se confiesa, Maruja tiene que explicar por qué, por qué ella habla con la “a”: “Los hombres terminan sus palabras con la o y las mujeres las terminamas con la a. La profesora me enseña y me enseña, aunque, un buen día, se da por vencida y le explica al doctor, con lágrimas en las ojas, que resulta imposible enseñarme las géneras, que soy una burra, que no voy ni para atrás ni para adelante y que ella, aunque necesita el dinera, renuncia a la tarea de manera indeclinable, que insistir sería robarle… No se, me da bien la cuestión de géneras. La reconozca. Por esa razón es que a veces Maruja mete la a allí donde no debería meterla. Quizá se excede. Puede ser, no la voy a negar. Pera sepa, padre Jorge, que no la hace con ninguna mala intención, es para no errarle. Aunque a veces también le erra con la o y se le escapa alguna justa al final de una palabra”.

Como podemos ver, Maruja habla de sí misma en tercera persona. Es una persona casi sin formación escolar pero al mismo tiempo, sabe lo que quiere. Es firme y resuelta. Dentro de la construcción de su lenguaje sin “vocales o” en el final de las palabras, hay dos excepciones: la palabra “no” y la palabra “yo”:

“Yo es yo. Y no, es no. Por esa no las cambio. Al principia también las cambiaba, pera nadie me entendía. Absolutamente nadie. Así que decidí, por expresa pedida del doctor Milbergen que tampoca me entendía, que no sería siempre no y que yo sería siempre yo, que ahí no se jugaba nada de la cuestión de mi feminidad. Yo, Maruja, no soy hombre, soy mujer.”

La novela de Federico Jeanmaire, está estructurada en tres partes: confesión, arrepentimiento y penitencia. En la primera parte, Maruja se confiesa y el lector asiste a la escucha de su voz. Lo que dice el padre Jorge, se adivina magistralmente, por la construcción formal que logra Jeanmaire, a partir de las palabras de Maruja. Esto mismo ocurrirá al final en la tercera parte (penitencia), donde asistimos a la voz del padre Jorge, y en donde de manera sutil, Jeanmaire nos introduce junto con Maruja en una atmósfera casi inquisitorial, con falta de aire, desconsuelo y una visión retrógrada del mundo. Porque evidentemente el discurso de Maruja y el discurso del padre Jorge se dan de patadas, pero todo en un marco de formalidad, al menos la formalidad solemne de una confesión. El dolor y la angustia –también la convicción- se manifiestan a través de la sutileza en el manejo de la palabra, manejo sutil y brillante que viene de la pluma de Federico Jeanmaire. La crueldad del padre Jorge, su cuadratura mental, y su curiosidad incisiva, aparecen de manera delicada, a través de un cuidado lenguaje. Eso sí, cuando aparecen, son agudos, cortantes, higiénicos y peligrosos como el bisturí de un cirujano. Asimismo pasa con Maruja. Sus convicciones, su amor, su sentido del humor, se construye desde el lenguaje. El lector, en este sentido, es necesario que sea un lector atento. Un lector exigente. Esta novela que nos propone Federico Jeanmaire, necesita de cierta complicidad. De algún modo nos metemos en el confesionario del padre Jorge, como si fuésemos espías o como si nosotros/as estuviésemos confesando o siendo confesados. Ahora bien, ese registro de intimidad, toca un tema central como lo es la perspectiva de género en la actualidad. Hoy que se discute, se acepta y se rechaza el lenguaje inclusivo, Jeanmaire juega inteligentemente con el lenguaje y crea una novela original pero al mismo tiempo compleja. Incluso, en su lectura, ya que Maruja se expresa cambiando las “o” final por las “a” con excepción de la palabra no y la palabra yo, como antes dijimos. A mi modo de ver, esta propuesta de Jeanmaire, su complejidad que propone en la lectura (seguramente también en su escritura para el autor) tiene que ver con la complejidad del tema. De algún modo, la “dureza” o el “cimbronazo” que encontramos al leer, es metáfora inteligente de lo que estamos viviendo como sociedad en lo que respecta al género y al lenguaje. Por otra parte, Jeanmaire, construye una historia simpática y tierna. Huye de los estereotipos, del panfleto, de lo políticamente correcto. Es una novela. Pero claro, es una novela que no escapa de la realidad, sino que con ella se nutre.

Pienso en Maruja, sí, la de la novela de Jeanmaire. Ella, que siempre fue mujer, que quiso siempre serlo y lo logró. Imagino su particular manera de hablar con la “a”. Entre sueños, antes de terminar esta nota, aparece la imagen de ella y Federico Jeanmaire en la infancia cantando en una plaza: “la mar astabasarana, saranaastaba la mar, la mar astabasaraaanasaranaastaba la mar… con “e”…

04 Octubre 2018
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