Lo mejor para mi hijo es lo mejor para mi hijo

Laboratorio de padres, por Marcelo Lucero 

Cada padre sabe qué es lo mejor para su hijo. Hermosa frase. Pero ¿y si no fuera cierta? ¿y si estuviéramos en presencia de un bello y vacío lugar común a la espera de que alguien llegue y lo llene con preguntas? Este breve y falaz estudio aborda la problemática a partir de un focus group organizado sobre una muestra de tres padres ebrios que tomaban ferné espumoso en una noche de bastante calor y sin ómnibus en un bar cordobés. Cabe aclarar que otro día de esta semana le tocará salir a las mamás y ellos se quedarán en casa, como corresponde.

Palabras clave: que sea feliz, no sé, que no le falte nada.

El estudio cualitativo giró en torno a la pregunta ¿Qué cree usted que es lo mejor para su hijo o hija? Las respuestas fueron de lo más variadas. Uno de los concurrentes, más clásico que arriesgado, aseguró que lo mejor para su hijo es que sea feliz y que tenga una buena educación. En otro lado de la mesa, un padre más desinhibido por el efecto del cuarto vaso de ferné, aseguró que en este mundo de porquería (que él le deja a su hijo) lo importante es tener la guita suficiente para lograr lo que se quiera y ser feliz. El otro papá opinó que no sabe, que él hizo lo que pudo, y luego se largó a llorar desconsoladamente.

Después vino el mozo, que paraba la oreja desde hacía rato, y opinó que lo mejor para un hijo debe surgir de un proceso de reflexión profundo que analice la problemática desde tres ángulos: lo que se puede, lo que se quiere y lo que se debe hacer. Todo, visto en relación a la coyuntura y al contexto. Además aclaró que la cuenta ascendía a 325 pesos más la propina. Cuando se les preguntó a los sujetos del estudio si consideraban que sus padres habían sabido interpretar qué era lo mejor para ellos, los tres hombres llegaron a la conclusión de que seguramente no. Sin embargo, sostuvieron que los viejos habían dado su mejor esfuerzo y que no les tocaron hijos fáciles ni ejemplares.

En esta oportunidad no se le dio lugar a la intervención del mozo, para que no continúe contaminando la muestra. Por último, se les consultó a los papás si creían que les estaban dando lo mejor a sus hijos. Frente a este interrogante uno dijo: “¡Pero qué pregunta es esa, si laburo todo el día para que no le falte nada!”, y se fue sin pagar la cuenta. Otro sostuvo que este estudio “no tenía sentido”, dejó 50 pesos y se retiró. El papá que quedó no escuchó la pregunta porque estaba usando el celular, y cuando se le repitió el interrogante dijo: “El tiempo dirá”. Luego miró al infinito, dejó 100 pesos y se fue. El mozo, que se moría de ganas por participar, preguntó si podía escribir la conclusión, a lo que se le respondió que sí.

Conclusión: Lo mejor para nuestros hijos quizás se parezca más a una pregunta que una respuesta.

10 Octubre 2018
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