Un largo derrumbe

Trópico de piscis | Por Cezary Novek

“Barrio Chino”, novela de Fernando Stefanich, Recovecos, 2018.

El Roña Castro es un boxeador profesional que está acercándose lentamente al declive de sus fuerzas. Migró a Francia, “Al principio, cuando emigrás, no querés saber nada del país, es como cuando una mina te hace mal, te la querés sacar de la cabeza; después se te pasa”. Fue a prisión por un crimen que no cometió. Largo tiempo después sale en libertad. Intenta volver al boxeo pero el cuerpo acusa el desgaste del paso de los años: “Ahí entendés que nada va a ser como antes, que ya no podés aspirar a grandes cosas. Es el momento de retirarse pero no lo hacés, porque no sabés hacer otra cosa, porque fuera del ring no sos nadie” (que podría aplicar a la condición de escritor si se cambia la palabra “ring” por “teclado”). Entonces decide volver a la Argentina, ya que le han llegado comentarios de que se vive muy bien y que hay una estabilidad como no se recuerda antes.

Cuando llega, el panorama es decepcionante. Todo se está desmoronando, el desempleo es brutal y se encuentra sin más perspectivas que las que dejó en Francia. En medio de ese panorama sin horizontes posibles, se encuentra con Márquez, un amigo de la infancia en Barrio Chino, quien le hace una propuesta que le costará rechazar: dinero fácil y a otra cosa. Mientras tanto, los días corren y diciembre de 2001 está cada vez más cerca.

Mientras tanto, el riesgo país va subiendo hasta la estratósfera a cada minuto que pasa y los cercos se van estrechando en el Barrio Chino, que está siendo desalojado para un proyecto de urbanización. El traslado de las villas –hacia los más tarde conocidos como “barrios ciudad”–, los intentos de desestabilización de la democracia por parte de las FF.AA. durante el gobierno de Alfonsín, la convertibilidad, las privatizaciones, los presidentes que entran y salen del poder en pocos días y la flexibilidad laboral son algunos de los fenómenos coyunturales que repasa la novela, para construir un paisaje apocalíptico en donde las lealtades se devalúan al mismo ritmo que la moneda nacional y la hora del “sálvese quien pueda” ha llegado.

La prosa de Stefanich combina con habilidad –de esa que no se nota y hace que la buena escritura parezca fácil– los géneros policial, picarezco y de denuncia social, sin que ninguno de estos factores opaque la trama que, como dice Mariano Quirós en la contratapa, “narra la consumación de un largo derrumbe”. “Como si no lo supiera. Acá nada es fácil. Nunca”, dice Castro, y en su voz pueden percibirse ecos de Arlt, London, y Hammett.

“Barrio Chino” es una nouvelle (78 páginas) policial sobre la supervivencia en la jungla de cemento, pero también sobre la desintegración, tanto interna –Castro– como externa –Córdoba y la Argentina de aquel entonces–. Asentada sobre una prosa firme y concisa, en donde nada sobra, Barrio Chino intercala dos momentos diferentes (el pasado y el presente del protagonista) para contar un western urbano en el que los personajes son capaces de lamentarse por la pérdida de los códigos de honor momentos antes de traicionar o vender a los amigos o dejar de lado las convicciones de toda una vida.

Fernando Stefanich nació en Córdoba, en 1968. Estudió Administración de Empresas, fue Campeón Nacional de Fisicoculturismo, trabajó como seguridad en discotecas, pizzero y vendedor de enciclopedias. En 2004 se radicó en Francia, obteniendo más tarde un Doctorado en Letras en la Sorbona. Hoy se dedica a la escritura, la investigación y a la enseñanza universitaria. Publicó “Cuesta abajo” (Premio Provincial de Novela), “Una muerte para Roberto Durán” (Premio Luis de Tejeda) y “Roña”.

Escritor de dos mundos en más de un sentido, Stefanich combina su pasión por la literatura con el amor por el deporte. Escribe ensayos en francés y narrativa en español.

14 Marzo 2019
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