El Sínodo Amazónico pidió sacerdotes casados y diaconado para mujeres

Assisi 2020

El Sínodo comenzó cuando el papa fue a la Amazonia, a Puerto Maldonado, y concluyó con la Amazonia entrando a Roma, en el Vaticano. Y entrando con fuerza: fue impactante el Documento Final, de 120 puntos, aprobado por la práctica unanimidad de los padres sinodales. Entre estos puntos están los que piden al argentino Jorge Mario Bergoglio habilite finalmente en la iglesia el sacerdocio para casados, el diaconado permanente femenino, y la creación de un “rito amazónico” propio, coherente con las realidades sociales –mayoritariamente indígenas- de la vastísima zona americana.

Estos tres puntos, entre los más polémicos de las semanas de deliberación del Sínodo, contaron con una mayoría que superó los dos tercios. Así, el punto 111, el que habla de la ordenación de hombres casados, fue el que tuvo mayor contestación; mientras que el 103, en el que se propone el “diaconado femenino permanente”, y los puntos 117 y 119, que hablan del rito amazónico, alcanzaron la mayoría de dos tercios de votos de los padres sinodales, fijada en 120 votos.

Y es que, por mucho que los rigoristas -los de la “elite católica”, como los definió el papa Francisco en su discurso final- han presionado, dentro y fuera del Sínodo, para evitar un documento progresista, lo cierto es que la derrota ha sido sonora.

El Documento Final del Sínodo de la Amazonia dice muchas cosas, que formarán el “corpus doctrinal” de la exhortación que el papa Bergoglio ha anunciado que publicará antes de fin de 2019. Una nueva muestra de la velocidad que el pontífice ha imprimido a su gobierno durante los últimos meses. Uno de los puntos más especiales es el del papel de la mujer, que ocupa varios espacios del texto: “La iglesia de la Amazonia quiere ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva” (punto 99).

En el punto 101 se afirma: “la sabiduría de los pueblos ancestrales (indígenas) afirma que la madre Tierra tiene rostro femenino”, por lo que “se pide que la voz de las mujeres sea oída, que ellas sean consultadas y participen en las tomas de decisiones y, de este modo, puedan contribuir con su sensibilidad”. Esto supone que “es necesario que asuma su liderazgo en el seno de la iglesia, y que ésta lo reconozca y promueva reforzando su participación en los consejos pastorales de parroquias y diócesis, o incluso en órganos de gobierno”. Este último énfasis es, sin exageración, revolucionario para lo que ha sido el papel femenino en la institución eclesial, al menos en el último milenio.

Porque antes, tal como el texto final del Sínodo reconoce, hubo una “ministerialidad que Jesús reservó a las mujeres”, por eso piden a la iglesia y al papa “revisar el Motu Proprio de San Pablo VI Ministeria quedam, para que también mujeres adecuadamente formadas y preparadas puedan recibir los ministerios del Lectorado y el Acolitado, entre otros, a ser desarrollados”. Y más aún: “Pedimos que sea creado el ministerio instituido de la mujer dirigente de la comunidad, y reconocer esto, dentro del servicio de las cambiantes exigencias de la evangelización y la atención a las comunidades”.

El párrafo clave, central, es el que afirma: “En las múltiples consultas realizadas, se reconoció y se recalcó el papel fundamental de las mujeres religiosas y laicas en la iglesia de la Amazonia y sus comunidades, dados los múltiples servicios que ellas brindan. En un alto número de dichas consultas, se solicitó el diaconado permanente para la mujer”.

“Considerando que la legítima diversidad no daña la comunión y la unidad de la iglesia –dicen los cardenales, obispos, sacerdotes y laicos reunidos en el aula sinodal-, sino que la manifiesta y sirve, lo que da testimonio de la pluralidad de ritos y disciplinas existentes, proponemos establecer criterios y disposiciones de parte de la autoridad competente (en referencia al papa Francisco) de ordenar a hombres idóneos y reconocidos de la comunidad, que tengan un diaconado fecundo y reciban una formación adecuada para el presbiterado, pudiendo tener familia legítimamente constituida y estable, para sostener la vida de la comunidad cristiana mediante la predicación de la Palabra y la celebración de los sacramentos”. Un paso definitivo a la ordenación de hombres casados, y no sólo en la Amazonia, sino también en el ámbito universal de la iglesia.

Al tiempo, los sinodales propusieron “que sea establecida una universidad católica amazónica”, así como “crear un organismo episcopal que promueva re reunión entre las iglesias de la región, que ayude a delinear el rostro amazónico de esta iglesia y que continúe la tarea de encontrar nuevos caminos. Se trataría de un organismo episcopal permanente y representativo que promueva la sinodalidad en la región amazónica, articulado con el CELAM (la conferencia de obispos de América latina)”.

Finalmente, la petición de un rito para los pueblos originarios, para “dar una respuestas auténticamente católica a la petición de las comunidades amazónicas de adaptar la liturgia valorando la cosmovisión, las tradiciones, los símbolos y los ritos originarios que incluyan dimensiones trascendentes, comunitarias y ecológicas”, y que “pueda celebrarse y vivirse según las lenguas propias de los pueblos indígenas. Urge formar comités de traducciones y redacción de textos bíblicos y litúrgicos en las lenguas propias de los diferentes lugares”.

Un documento de reforma profunda en la iglesia, y de alto impacto en toda la región latinoamericana y en la práctica universal de la iglesia.

Ante este documento final, ahora la expectativa está puesta en el exhortación papal, que el pontífice argentino ha anunciado para antes de que culmine el año. Un documento que seguramente integrará también las discusiones que se desarrollen en la cumbre de Asís, convocada para marzo de 2020, donde se abordarán los modelos alternativos de participación, desarrollo y distribución económica.

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