La revuelta ciudadana incendia a EE.UU.

Las protestas contra la violencia racista se mantienen en gran parte del país, con graves incidentes pese a los toques de queda

WASHINGTON.- La indignación cívica y social generada en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd siguió encendiéndose en las calles de todo el país pese a que muchas ciudades impusieron un toque de queda el domingo, con saqueos, desmanes, incidentes y enfrentamientos con la policía que llegaron hasta las puertas de la Casa Blanca.

La ola de manifestaciones ya superó todos los antecedentes registrados en Estados Unidos desde la agitada década de 1960, en la emblemática lucha por los derechos civiles, algo que dejó descolocadas a todas las autoridades, empezando por el presidente Donald Trump, que ayer salió a echarle la culpa a los gobernadores y reclamarles que redoblen la represión para contener la rebelión popular.

Desde Nueva York a Los Ángeles, pasando por Filadelfia, Washington, Dallas, Las Vegas, Seattle, Memphis, Atlanta, Miami, Portland, Chicago o Seattle, decenas de miles de estadounidenses salen diariamente a marchar para denunciar la brutalidad policial, el racismo y las desigualdades que sufren las minorías. En Filadelfia, Nueva York, Santa Mónica y hasta en un barrio acomodado de las afueras de Los Ángeles, hubo saqueos indiscriminados, mientras que los incendios se repitieron en numerosas protestas pese al toque de queda decretado en más de dos docenas de ciudades, con la Guardia Nacional desplegada en 15 estados para respaldar a las fuerzas policiales locales. La propia capital de Estados Unidos se convirtió el domingo en un campo de batalla apocalíptico que llevó a la Casa Blanca a encerrar a Trump en un búnker de seguridad.

Si bien en Minneapolis, epicentro nacional del estallido, las protestas transcurrieron con menos incidentes desde el domingo luego de que las autoridades militarizaran la ciudad, un camión cisterna intentó ese día atropellar a los manifestantes. Y aunque en muchas protestas los policías se pusieron de rodillas (gesto popularizado por los deportistas para denunciar la violencia racial) para empatizar con los manifestantes, la tónica dominante fue un fuerte despliegue de unidades antidisturbios y efectivos de la Guardia Nacional para fortalecer la represión, que estuvo acompañada del uso de vehículos blindados, gases lacrimógenos y balas de goma.

De hecho, la represión dejó ayer un nuevo muerto por balas policiales en Louisville, en el estado de Kentucky, la misma ciudad donde en marzo fue asesinada Breonna Taylor también por disparos de las fuerzas de seguridad, crimen que provocó una ola protestas que ahora renació con renovado furor tras el asesinato de Floyd.

Todo ocurre en el trasfondo trágico de la pandemia del coronavirus, que ya superó los 100.000 muertos en el país, y la fuerte crisis económica sucedánea; mientras el presidente Trump sólo atina a atizar el fuego: ayer ya no sólo amenazó con desplegar a la Guardia Nacional sino con recurrir al Ejército si los gobernadores demócratas no responden con dureza a las protestas. “¡Cruzar las fronteras estatales para incitar a la violencia es un delito federal! Los gobernadores y alcaldes liberales deben endurecerse o el Gobierno Federal intervendrá y hará lo que sea necesario, y esto incluye el poder ilimitado de nuestro Ejército y muchos arrestos”, escribió en Twitter. “Pónganse duros, alcaldes y gobernadores del Partido Demócrata. Estas personas son anarquistas. El mundo los está mirando y riendo”, completó.

 

 
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