Che Francisco, economía social de mercado en Argentina ¡No!

Debates | Por José María Las Heras

No había vuelto a ver al Vitin, el dirigente social con quien había conversado sobre “Los agujeros negros del neoliberalismo en una servilleta” (publicado en esta misma columna, HDC del 16/04/2019). Me llamó desesperado: “Necesito hablar con vos urgente”. Compartiendo un café me dice: “En lindo quilombo nos mete el papa, con esa cosa de la economía social de mercado (ESM)”. ¿Por qué?, inquirí. “Ayer, con los cumpas del comedero, se levantó don Justo diciéndome que esto de la ESM con que salió el papa ya lo había dicho Álvaro Alsogaray hace cincuenta años; y que había que pasar el invierno”. Y terminó enojado don Justo, clamando: “Che Francisco, ESM en la Argentina ¡No!”.

Afligido, el Vitin me dice: “No pude responderle”. “Bueno Vitin…” intenté consolarlo, “no tiene nada que ver la ESM con los ajustes. Son dos cosas distintas”. En tanto, le leía declaraciones de un hijo de Alzogaray y, donde dicen el papa Francisco es un antiliberal consumado, como puede ser que le guste la ESM y que no debe tener idea de lo que está hablando.

“¿A vos te parece?”, me interrumpió el Vitin. Creyente él, le expliqué el espíritu bíblico de la Torre de Babel. Y a buen entendedor, pocas palabras: el Vitin comprendió la sabiduría de Francisco.

Al irse medité sobre las confusiones que trae el uso del vocabulario. Cuando escribí mi libro “La sociedad civil no es un cuento”, no pude usar el término “democracia social”. Lo había manipulado el almirante Emilio Massera, comandante de la Junta golpista de 1976, intentando una salida “democrática” a la dictadura militar. Como dice Montaigne, “buena parte de los desórdenes del mundo son de origen gramatical.”

A don Álvaro Alsogaray no se le caía de la boca la muletilla de una Economía Social de Mercado - ESM, y siempre citaba su amistad con el economista Ludwig Erhard, uno de los autores del “milagro alemán”. Pero sólo tenía en cuenta una visión, un camuflaje para encubrir el más encarnado liberalismo que se asomaba furtivamente finalizada la segunda Guerra Mundial, y que había sido corresponsable, por las luchas imperiales de los europeos, no sólo de ésta sino también de la primera Guerra Mundial. La soberbia película “Shun Shine, el amanecer de un siglo”, de István Szabó, relata con precisión esta tragedia europea del siglo XX.

La ESM estuvo presente en el nacimiento de Alemania Federal (la otra mitad, bajo el nombre de Alemania Democrática, había quedado bajo la égida soviética) con la ayuda del Plan Marshall y con reformas que don Álvaro, numen del liberalismo en Argentina, escondió bajo la alfombra.

Mientras las expresiones populares eran reprimidas por las dictaduras que pulularon desde 1955 hasta 1983, en la Alemania Federal se impulsaron regulaciones para evitar el poder económico concentrado, resaltando el fortalecimiento salarial para potenciar la demanda interna, la protección del mercado laboral y el medio ambiente.

“¡Y si esto fuera poco!”, como vocifera el Vitin, la ESM se comprometió en asegurar salarios mínimos para garantizar la calidad de vida familiar.

Durante el gobierno de Konrad Adenauer en Alemania, se aprobó la participación de los trabajadores en la gestión y ganancias de las empresas. Esto, en Argentina, era “comunismo” para los Alsogaray y compañía. A contramano de la ESM germana, la economía argentina se concentró cada vez más, las transferencias de los asalariados al empresariado se exacerbaron, la destrucción del ambiente fue creciente. Ni qué hablar del único club que ha crecido en Argentina: los que están debajo de la línea de pobreza e indigencia.

Entiéndase que el concepto de la ESM no es unánime para alemanes y europeos, aun cuando está incluida en la Constitución de la Reunificación Alemana de 1989 y en la de la Unión Europea: muchos acusan que algunos utilizan la expresión “ESM” para no mencionar la palabra maldita: neoliberalismo.

El politólogo Muller-Armac la ve como un camino alternativo a la economía de mercado liberal y la de planificación estatal centralizada: “No debe ser una economía de mercado liberal sin ningún control, sino una economía de mercado dirigida conscientemente por lo social”. Así, la ESM no endiosa ni endemonia, ni al mercado ni al Estado. E incluye una dosis de keynesianismo, porque como señala el economista Italo Zamagni: el mercado es una cuestión social de por sí y preexistente al capitalismo.

En la convocatoria del papa a economistas en Asís habrá que dilucidar el contenido del tercer camino de la economía, sin confusiones semánticas, anclados con las realidades de la postmodernidad. Con menos teoricismos, pero más pragmatismo, como los del Vitin cuando tiene que resolver con qué llenar la olla del comedero.

Pero Montaigne y Torre de Babel aparte, ¡en que “lío” nos metió Francisco!

21 Mayo 2019
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