Cuando De la Sota quiso que De la Rua saliese de la convertibilidad

Cordobesas| Por José María Las Heras

José Manuel de la Sota asume con gobernador de la provincia en julio de 1999, comprometido con la rebaja del 30% de los impuestos provinciales que había que aplicar desde el primer día de gobierno. Fui por entonces jefe de los equipos técnicos y ministro de Finanzas.

En ese contexto, la convertibilidad de los 90 tambaleaba desde mediados de la década. En 1995 el efecto tequila, por la crisis fiscal de México, comenzaba a derrumbar la falacia que un dólar valía un peso. Los argentinos no queríamos salir de la ilusión de ser país del Primer Mundo. Muchos expertos no se arriesgaban a señalar las consecuencias de una medida que, nacida como estrategia inflacionaria en 1991 (y, por lo tanto, de corto plazo), se había sostenido como imperdurable para el largo plazo. Nadie se animaba, como el niño al ver el rey desnudo, en apuntar su debilidad.

Meses después –10 de diciembre de 1999- asume Fernando de la Rúa como Presidente. Había prometido en campaña mantener la convertibilidad, ante el miedo de los votantes endeudados con créditos hipotecarios y prendarios en dólares. Durante la gestión De la Sota se comenzó a advertir de las dificultades económicas y sociales del país, y el afán de buscar consensos realistas para evitar el desastre que se avecinaría. Córdoba hizo punta para acordar con la Nación y el resto de las provincias: el 5 de diciembre de 1999 se firmó un Acuerdo Federal para el saneamiento de las cuentas públicas.

Dos artículos beneficiaron a Córdoba: por una parte, congelando la coparticipación (el llamado piso/techo) en un escenario de recursos en caída por la recesión económica; y por otro lado una cláusula de armonización, por lo cual la Nación reconocía pagar el diferencial para cubrir el 82% de los haberes previsionales de los pasivos de Córdoba.

Habíamos convencido a De la Sota que había que salir gradualmente de la convertibilidad; y que ello era responsabilidad del gobierno nacional. Imposible que lo hiciera el entonces presidente Menem, beneficiario político de la idea elaborada por Domingo Cavallo. Había que esperar el cambio presidencial. De la Rúa gana con amplitud en primera vuelta. Y aunque la mayor parte de la sociedad (un 80%) estaba de acuerdo en mantener el equilibrio 1 peso = 1 dólar, lo cierto que más que nunca era hora de hacer efectiva la frase de Otto von Bismarck (“un político piensa en las próximas elecciones, un estadista en las próximas generaciones”). ¿Estaba dispuesto De la Rúa a ser político o estadista, el don más superlativo de un político?

Días antes de asumir De la Rúa, el gobernador De la Sota me pide que lo acompañe a reunirme con el presidente electo. La cita es en el despacho del entonces jefe del Gobierno porteño, frente a la Plaza de Mayo. Lo acompañaban, a De la Rúa, el diputado nacional Raúl Baglini y el futuro jefe de Gabinete, Christian Colombo. Había cordialidad entre De la Sota y el Presidente. Apenas iniciada la reunión, el gobernador cordobés le señala: “Fernando, se vienen tiempos difíciles, deberías aprovechar, con tu fuerte capital político, al estilo de Roosevelt, valorando la importancia de los primeros 100 días de gobierno, en alguna medida fuerte que garantice la gobernabilidad…”

De la Rúa, con cordialidad, le responde: “¿Qué me aconsejas, José Manuel, que haga?”, tal vez pensando en algún anuncio fiscal, al estilo de la que había sido la ya exitosa rebaja de impuestos en su provincia natal. De la Sota le señala: “Deberías salir de la convertibilidad al asumir, tratando de disminuir la carga sobre los endeudados en dólares, sobre todo familias y pequeñas empresas.” De la Rúa se sorprende con la sugerencia de De la Sota, expira el aire de su cigarrillo de fino espesor, sostenido con sus largas y delicadas manos: “José Manuel, eso no, de ninguna manera. Le prometí a los argentinos que un peso valdría un dólar y lo voy a respetar”. Ante argumento tan terminante, no había para más, y la reunión ingresó en un dialogo de amplios deseos de colaboración, sin discutir el fondo de lo propuesto. Al terminar y al cruzar por Plaza de Mayo, mustiamente me señaló el gobernador: “Qué pena que no haya visto cuál era la salida…”

Menos de dos años después del consejo, el país entró en un agujero negro de repercusiones políticas y sociales. Lo que no se hizo por convicción, se produjo por necesidad. Y con un alto costo social que sufrimos todos los argentinos. Y este hecho histórico también echa por tierra el remanido argumento de que el peronismo boicoteó el gobierno de la Alianza.

16 Julio 2019
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