La inteligencia artificial y los cazadores de las grietas sociales

Nota de Opinión | Comunicación política

Por Laura Cecilia Díaz Dávila

El revelador documental “Nada es privado”, que Netflix estrenó en julio, discurre entre los procesos que ponen en evidencia el accionar de la empresa británica Cambridge Analytica, consultora en decenas de elecciones en el mundo. El film advierte cómo el ciudadano común, seducido por los “beneficios” de la conectividad libre, ignorando sus “términos y condiciones”, expone sus datos personales a situaciones de alta vulnerabilidad.

Gigantes como Facebook, Google y Cambridge Analytica (CA), líder mundial en comunicaciones basadas en datos, pueden manipular a millones de usuarios “persuasibles” para profundizar las grietas sociales, detonando conductas que van desde alentar el muro en la frontera mexicana hasta desacreditar a Hillary Clinton como “la corrupta mentirosa” desde el Proyecto Alamo en la campaña digital de Trump.

El poder de la Inteligencia Artificial detonó la secuencia: personalidad, conducta, voto. La “Social Big Data” llega a cada votante en forma personalizada. Basada en la doctrina del norteamericano Andrew Breitbart, “si quieres hacer cambios profundos en la sociedad, primero hay que dividirla, sólo cuando la divides puedes volver a moldear esos pedazos para darle forma a una sociedad nueva”, nos remite a la lógica con la que se instaló la grieta en Argentina. CA alcanzó éxito en muchas otras campañas, además de las presidenciales en EE.UU. y el Brexit inglés. El film y posteriores declaraciones de Alexander Nix (CEO de CA), dan cuenta de una campaña antikirchnerista en Argentina durante 2015. Como dijo Albert Einstein, “dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo, y no estoy seguro de lo segundo”, el documental encierra una grieta más profunda: nuestra postura frente a la Inteligencia Artificial. ¿De qué lado estamos?, ¿es un facilitador del bien común?, ¿es un arma de los poderosos?

Algunas cuestiones merecen el debate: ¿Han cambiado la lógica del poder político o la ética de la política a partir de la incorporación de estas tecnologías? No, sólo se ha perfeccionado la herramienta. El voto cantado, el fraude patriótico y el voto en cadena, nada conocían de tecnologías digitales. Claro, antes la torpeza en el fraude era una evidencia ostensible, hoy se perfora la conducta de las personas determinando sus decisiones. Es necesario replantearse el problema para dar luz al verdadero enemigo del bien común, que no son precisamente las nuevas tecnologías sino los mecanismos atávicamente arraigados y diseminados en las sociedades. Como señala el “Manifiesto por una política aceleracionista” actualizada a la era digital de Williams Srnicek, nos aturdimos frente a los resultados de la “Social Big Data”, en lugar de apropiarnos y empoderarla hacia el bien común.

Abrimos nuestras puertas a las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en cada pequeño acto cotidiano, sin tomar conciencia de la vulnerabilidad de nuestros datos. No somos usuarios responsables. Estamos siendo colonizados por el capitalismo informático, trabajando aun cuando usamos estas tecnologías con fines de esparcimiento, para que industrias como Facebook, Google y Amazon tomen, con nuestro consentimiento, los datos que compartimos en sus plataformas y con ello capitalicen información, como lo define la experta italiana Tiziana Terranova en el “Encuentro entre el algoritmo y el capital”: es necesario que asumamos nuestra responsabilidad.

Somos testigos del mayor cambio tecnológico acontecido en la historia, que exige un marco legal global para la protección de los datos del individuo y del bien común, transitando entre la transparencia y la confidencialidad. El reto no es menor. De cualquier modo, en Argentina debe acelerarse el tratamiento de la ley de protección de datos. En este escenario, emerge la necesidad de capitalizar el poder político para los movimientos sociales y en particular, en los procesos eleccionarios, esencia de la democracia. Debemos comprender que nuestro enemigo es un gigante, que el éxito del inefable Donald Trump es lo que verdaderamente sorprende. ¿Y si hubiese sido el de Hilary, con Cambridge Analytica, como herramienta altamente eficiente dirigida a la población “persuasible”?

Cotidianamente vemos como los medios de comunicación de los poderes concentrados intentan persuadirnos o disuadirnos en su propio beneficio; amigarnos con estas tecnologías disruptivas, apropiándonos críticamente, ofrece una nueva oportunidad de empoderarnos. Negarlas es una trampa que favorece sólo a los poderosos y deja indefensas a las sociedades. Por eso no deja de sorprender como el documental tiene algo de paradojal; su mensaje final no se enfoca en la construcción de un nuevo orden global transparente, sino al éxito de la periodista Carole Cadwalladr, de “The Guardian”. Como el “vuelve a empezar” de la Oca, tal vez sin pretenderlo, vuelva a la caza en la grieta social de la Inteligencia Artificial.

13 Agosto 2019
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