Max Neef, en búsqueda de zapateros para tus zapatos

In memorian de Vitin Montesco, enorme luchador social, quien hace años me dijo: no dejes de leer Max Neef

Por José María Las Heras

El 10 de agosto pasado murió Manfred Max Neef, humanista chileno comprometido con los problemas del desarrollo. En plena juventud abandona su cómodo pasar en la petrolera Shell para dedicarse, como economista, al estudio de modelos no asistencialistas que satisficieren las necesidades de los sectores populares en los países periféricos. No fue un marginal académico ni intelectual de laboratorio. Por su probidad fue docente en la prestigiosa Universidad de Berkeley. Estuvo presente en las luchas sociales de la época reivindicando la igualdad racial y repudiando el genocidio de la invasión norteamericana en Vietnam.

Exiliado en Argentina tras la caída de Allende, trabajó para la Fundación Bariloche. Sus ideas se plasmaron en libros cuyos títulos dicen de por sí de su compromiso humanista. En “Limites a la pobreza” –base del Modelo Bariloche- abordó con optimismo las previsiones negativas del informe del Club de Roma (1972), el cual, bajo una concepción malthusiana, sostenía que con el ritmo de crecimiento de la población mundial, si la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, se alcanzará en cien años los límites absolutos de crecimiento en el mundo. No obstante que la producción mundial ha crecido desde entonces, producto del desarrollo tecnológico, lo cierto que los niveles de desigualdad, de pobreza y de destrucción ambiental han aumentado, como advierte el documento “Oeconomicae et pecuniariae quaestiones”, del papa Francisco.

Críticamente, señalaba Max Neef que era menester un cambio de las relaciones estructurales socio económico globales. Algo que no ha sucedido: la globalización financiera va de la mano de un deterioro de las condiciones de dignidad de los pueblos. Precisamente es lo que ahora Francisco señala al plantear la conformación de una economía social de mercado, abordando muchas de las ideas del intelectual chileno.

Su teoría del desarrollo parte de la satisfacción de las necesidades básicas del hombre. En “Desarrollo a escala humana” plantea un equilibrio entre crecimiento económico y cubrir necesidades humanas, no limitadas a las alimentarias sino a otras que hacen al gozo y la participación. Así, para Max Neef el logro de la calidad de vida no viene por el efecto mecanicista de la teoría neoliberal del derrame (o la esbozada por el macrismo), a la espera del nacimiento de “brotes verdes” imposibles en una tierra yerma. Para Max Neef, el desarrollo es la liberación de posibilidades creativas de todos los integrantes de una sociedad.

Sus posturas no puedan confundirse con el egoísta aliento al esfuerzo individual, ariete del promocionado “emprendurismo” de las políticas neoliberales sustentadas por el gobierno nacional. Nada de ello piensa Max Neef. El esfuerzo, ínsito a toda construcción social, debe ser el aliciente para que desde la génesis de un nuevo modelo todas las personas participen y gocen del bien común. El sacrificio individual en cambio es una carrera a que pocos llegan y muchos se quedan, por distintos motivos. Esencialmente porque en una sociedad regida por el modelo neoliberal está ausente la igualdad de oportunidades, por caso, acceder a los beneficios de bienes sociales fundamentales. Como es negar que los pobres accedan a la universidad pública.

El pensamiento de Max Neef está presente en lo que hoy se habla de economía circular –un tríptico sinérgico de mercado, estado y sociedad civil- requiriendo de nuevas instituciones que garanticen la participación de la totalidad de los actores sociales. No le fue ajena a Max Neef la sustentabilidad ambiental. Considerado el economista de la ecología recibió el premio Nobel alternativo de Economía. Seguramente sus ideas estarán presentes para sentar las bases de una economía social de mercado, en la reunión convocada por Francisco en Asís para 2020.

Muchos zapateros se necesitan para que, concretando los deseos de uno de sus libros, “La economía descalza”, la humanidad pueda caminar sin dolores, sin callos, sin ampollas.

21 Agosto 2019
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