Los peligros de la brecha económica

22° Aniversario Hoy Día Córdoba | Desigualdades

Ivana Saltanovich
De nuestra Redacción
@IvaSaltanovich

A fines de agosto visitó nuestro país el economista serbio Branko Milanovic, que vino a participar de un seminario sobre el tema “Desigualdad en la economía global. Hechos, tendencias y políticas”, invitado por el Boletín Informativo Techint, una revista académica que lleva a delante la empresa que dirige el empresario ítalo-argentino Paolo Rocca.

Ante un nutrido grupo de empresarios argentinos, el escritor del libro “Desigualdad global, un nuevo enfoque para la era de la globalización” demostró con números cómo en los últimos años mientras la inequidad de ingresos entre las personas disminuyó a causa del incremento en los ingresos de China y otros países de enorme población, como India e Indonesia, que hizo emerger una gran clase media mundial (fenómeno que Milanovic lo llama “el reequilibrio del mundo”), simultáneamente aumentó la desigualdad puertas adentro de los países. E hizo un llamado de atención: “Lo políticamente clave es que las personas perciben la desigualdad en sus países”, dijo.

En su presentación dio algunas pautas, por ejemplo que las ganancias de los que tienen capital son mayores que las ganancias del trabajo; también que la concentración de riqueza y poder trae como consecuencia que el sector económico pase a dominar la política e influya cada vez más en ella. Tiene un nombre: plutocracia, que frena los cambios a favor de los pobres. Porque los ricos se desentienden, por ejemplo, de contar con acceso a servicios públicos esenciales como la educación, la salud, la seguridad y la movilidad, entre otras, de las cuales se satisfacen a través del sector privado. Deriva en un desinterés para que exista infraestructura pública, también para redefinir las políticas tributarias.

Entrevistado luego por el periodista especializado en economía Marcelo Zlotogwiazda, Milanovic amplió este concepto y agregó que los sistemas democráticos deberían aplicar estrategias para neutralizar las influencias de las plutocracias. Para ello recomendó mejorar la economía de los ciudadanos para que logre achicar la brecha, y que los estados controlen las campañas políticas y las contribuciones que los partidos reciben de los privados. A pesar de su formación marxista, Milanovic sostiene que, desde el punto de vista económico, el capitalismo ha sido hasta ahora un modelo superior al socialismo en cuanto a capacidad de desarrollo. Sin embargo, alertó que en muchos países el sistema presenta rasgos de dictadura de la burguesía.

El especialista en temas de redistribución, dio algunos datos de cómo se reparte el patrimonio en el planeta. Según datos del Foro Económico Mundial, de los 280 billones de dólares de la riqueza global, un 70% está repartida en la población adulta con un promedio de 10.000 dólares cada uno; otro 21,3% tiene entre 10.000 y 100.000 dólares; un 7,9% tiene entre 100.000 y 1 millón de dólares; y existe menos de un 0,7% que tiene más de 1 millón de dólares de patrimonio. De las cifras se desprende que casi la mitad de la riqueza total global está en apenas 28 millones de personas (se calcula que en el mundo somos 7.500 millones de habitantes). Y expuso las cifras en Argentina. Según la estimación de Milanovic, unas 1.000 personas tienen más de 30 millones de dólares de patrimonio (con un promedio de 5 millones cada uno), que en conjunto reúnen más de 140.000 millones de dólares. Podemos sumarle que en 1974, el índice Gini (un coeficiente que mide la desigualdad) en nuestro país era de 0,36% y en 2019 pasó a ser de 0,46 y seguramente suba más hacia fin de año.

La exposición de este profesor de la City University de Nueva York estuvo precedida por una reflexión del director del Boletín Informativo Techint, Guillermo Hang, quien planteó –según reconstruyó Zlotogwiazda- que “la creciente desigualdad constituye un peligro para el capitalismo democrático”. Esta preocupación planteada por Hang tuvo su correlato con la frase que pronunció el miércoles pasado el CEO de Techint en la IV jornada de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) ante los hombres más poderosos del país: “La gente no quiere planes, quiere empleo, que es la base de la movilidad social”, dijo Rocca. Para el empresario, esto es importante no solo por la integración que genera en la sociedad, sino porque es, también, “el eje de la gobernabilidad”.


El rol activo del Estado es necesario para que sus habitantes puedan ejercer sus derechos y acercarse a las oportunidades. Achicar la desigualdad es una obligación de los gobiernos, debe ser vista como una inversión -no apta para ansiosos-, agrandarla solo traerá más gasto e inestabilidad social. Milanovic lo dice muy sencillamente: “A mayor desigualdad menor desarrollo económico de un país”. Un gobierno, por más liberal que se declare, tiene que ocupar su lugar y ocuparse de su gente, más aún en países que manejan altos índices de pobreza y de inequidad como ocurre en Argentina y en Latinoamérica. Quien lo ignore condena al fracaso su liderazgo. El gobierno de Cambiemos sufrió una dura derrota en las primarias del 11 de agosto y la principal causa es la de haberse conducido como un Estado ausente. En este caso, no se trata solo de malas políticas o de la deficiente implementación de ellas, sino principalmente de la carencia de las mismas. Porque no supo cómo o no tuvo empatía con el otro, desatendió al vecino, tanto al que vive en los márgenes como al que produce o reside en un barrio de clase media. Desoyó reclamos genuinos, subejecutó presupuestos comprometidos, se mostró descoordinado en áreas sensibles y se limitó a discursos de arenga.

Los faltantes de vacunas, la suba indiscriminada en los remedios, los recortes a los científicos, la desprotección a las familias tomadoras de créditos hipotecarios y de 0km, las trabas impuestas a las pensiones por discapacidad (que en muchos casos se concretaron en bajas), la nula respuesta a los inquilinos, las mezquinas medidas para el sector pyme y para las organizaciones de bases que son las encargadas de contener a los sectores más vulnerables, son solo algunas muestras de cómo sectores disímiles entre sí se encontraron desprotegidos en medio de una crisis económica que no parece tener fin.

La radiografía de Argentina no es alentadora, hacia fin de año y como cierre de la gestión de Cambiemos (al menos de sus primeros cuatro años de Gobierno) los indicadores económicos y sociales estarán por el piso: la pobreza podría superar el 37%, la inflación interanual el 55% y la acumulada durante la era del presidente Mauricio Macri del 210%. Durante estos casi cuatro años el dólar escaló más del 360%, y entre los servicios públicos (electricidad y gas) se registraron subas acumuladas por encima del 1.000%. Cerraron 19.131 firmas, según un informe realizado por la consultora Radar en base a datos de la Afip, y la tasa de desocupación (en el primer trimestre de 2019) trepó al 10,1%, la mayor en trece años. Un último dato, en los últimos 12 meses, la indigencia infantil (menores de 14 años) subió del 7,8 al 11,3% y la pobreza subió del 38,2 al 49,6%, de acuerdo a los datos procesados de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec del primer trimestre de este año.

De acuerdo al escrutinio oficial del Poder Judicial de la Nación, en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso) del mes pasado el líder del PRO fue superado por el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, por 4.084.249 votos, una cifra muy similar a los nuevos pobres que se generaron en el país durante el último periodo n

09 Septiembre 2019
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