Las imprevisibles iniciativas de Donald Trump

Economía Internacional, por Salvador Treber

El magnate que logró acceder a la presidencia de Estados Unidos como candidato del Partido Republicano no deja de sorprender, fundamentalmente porque todo lo hace en forma totalmente inconsulta, incluso en reiteradas oportunidades poniendo en grave peligro la paz mundial. Puede recordarse que luego de liderar y participar junto con sus colegas europeos en las negociaciones con el gobierno iraní para poner freno a las iniciativas de Teherán en el desarrollo de armas nucleares teledirigidas, optó imprevistamente por autoexcluirse. De manera muy semejante, Trump fue el principal promotor del Pacto del Pacífico en el cual países asiáticos y otros tantos americanos con costas sobre dicho Océano se asociaron para imponer normas en esa sensible y estratégica área pero que, poco después y sin aportar razones para ello, retiró a su país del acuerdo.

De la misma forma, ante el espectacular avance de China que desde mediados de 2015 ha pasado a ser la primera economía del planeta, Trump ha encarado una virtual “guerra comercial” poniendo múltiples trabas a dicho intercambio. Resulta obvio que en las próximas décadas se introducirán, con características en muchos casos inimaginables, esquema y técnicas que revolucionarán el mercado, especialmente por la introducción masiva de robots y la automatización que nuevamente generará una intensa competencia. Lo aconsejable -que Trump no cumple- es actuar con máxima prudencia y evitar conflictos que pueden llegar a ser hasta suicidas para la Humanidad toda. Nadie duda que ambos países serán los máximos protagonistas en materias como informática cuántica, inteligencia artificial, tecnología avanzada y nuevas fuentes de energía.

En dichos campos, un grupo de grandes empresas privadas estadounidenses y otras tantas chinas -con decisiva participación estatal- serán las que competirán a nivel ecuménico. Frente a ello, no sería difícil que, en caso de que las primeras fuesen superadas, su gobierno opte por estimular y hasta intervenir en ramas consideradas estratégicamente esenciales.

La confrontación de los dos “gigantes”

Los actuales planes chinos de vanguardia están siendo diseñados y puestos en marcha sin ese virtual freno y esta circunstancia es muy probable que impulse a Washington a intervenir para evitar que los intereses exclusivamente privados primen sobre los estaduales. El magnate tiene una visión muy diversa y ha denunciado que China opera con la intención de dominar el mundo. Señala que para contrarrestar el Programa Chino 2025 “los estadounidenses deberíamos reaccionar como lo hicimos en 1957, cuando aumentamos claramente la inversión del gobierno en ciencia, después que la Unión Soviética lanzara el primer satélite hecho por el hombre, el Sputnik I”. En Washington, existe una gran inquietud ante la perspectiva de que China conquiste en forma excluyente el futuro, sin embargo la administración republicana no ha acrecentado los gastos ya que considera que es el sector privado el que debe defender sus intereses y los nacionales.

El principal vocero de dicha postura es la Escuela de Managment Sloan del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) que propicia la imposición de aranceles elevados para desalentar las importaciones de productos provenientes del país considerado el máximo oponente y sostiene que “es un desperdicio que no estemos utilizando el avance de China como un grito galvanizador para invertir más en ciencia y tecnología”. Pero la misma entidad aclara que “tenemos una industria tecnológica muy dinámica y numerosos capitalistas de riesgo ya están invirtiendo fuertemente en el futuro. ¿Por qué tiene que invertir el gobierno?”. En esto no hay unanimidad, muchos consideran que esa es un “visión miope” y señalan con cierto tono de alarma y de advertencia que los fondos privados están dirigidos principalmente a las tecnologías utilizables de manera inmediata, debido a que “la ciencia de la vida y el software reciben montones dinero”.

Cuando se trata de hacerlo en función de un futuro mediato en que implica un riesgo mayor -no están seguros de alcanzar éxitos rentables desde el sector privado- “se cuenta con financiación insuficiente”. Lo que juzgan inconcebible es que “la inversión federal en investigación y desarrollo medida como porcentaje del producto bruto interno viene cayendo desde los 70”. El principal asesor en la materia del presidente Trump aconsejó un mayor incremento en dichas áreas y el presidente lo suscribió a regañadientes (equiparó al presupuesto decidido por su antecesor Obama en 2009 y advirtió que “nunca volveré a firmar una ley como ésta”. Dicho criterio, notoriamente restrictivo, los coloca en abierta desventaja respecto a los chinos que ya están invirtiendo en especialidades de avanzada como energía solar; en contraste, en Estados Unidos se sigue invirtiendo sumas muy importantes en áreas que simbolizan el pasado, como la explotación de carbón mineral.

Los requerimientos para “no perder la carrera”

En los medios universitarios del gigante americano en forma unánime aconsejan impulsar el área tecnológica en cuanto respalde una industria de avanzada y competitiva ya que es la palanca de las economías actuales que establecen diferencias. Se reconoce que en esta virtual carrera un firme apoyo estadual suele ser decisivo. Ha generado inquietud en los ámbitos técnicos estadounidenses la equivocada propensión a impulsar la expansión de lo conocido y probado. En el momento actual las áreas públicas de Estados Unidos despiertan mucho menos interés y disponen de menores fondos que los indispensables para impulsar nuevas y revolucionarias especialidades que podrían ser decisivas para dirimir supremacías. Los ámbitos universitarios más avanzados lo pregonan con insistencia y advierten que si se sigue actuando al ritmo actual se perderá en el enfrentamiento no sólo con China sino con las economías más avanzadas de Europa.

Como ejemplos se advierte que la vigencia de internet se mantiene por ser un sistema abierto y accesible, requiriendo además de su financiamiento lograr el decisivo apoyo gubernamental, lo cual también se verificó en forma semejante respecto del sistema satelital. Dicho proceso es el aconsejado pero con una amplia planificación que prevea la introducción masiva de técnicas de avanzada que no siempre son rentables y por ello habitualmente suele ser el Estado su principal impulsor. Es fácil de advertir que el rol de los gigantes tecnológicos son ejercidos a través de su influencia en el ámbito político y como en materia de información actualizada no solo en el mercado interno sino también en el internacional. Si en las esferas oficiales de Estados Unidos decidieran planificar con vistas al futuro, no harían otra cosa que evitar un retraso relativo que se puede hacer virtualmente irrecuperable.

07 Noviembre 2018
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