Una nueva globalización, centrada en las personas

Estrategia global | Por Andrés Ortega

La globalización y la revolución tecnológica van de la mano, de forma ya inseparable. Pero es necesario que ambas giren en torno a la persona y, por ello, que sean más inclusivas, que vuelvan a conectar la marcha de la economía con la marcha de la sociedad. Es decir, provocar un re-acoplamiento, en vez de un des-acoplamiento que ha llevado a cuestionar la globalización, y ahora la tecnologización, con un proteccionismo supuestamente protector, valga la redundancia. De ello se han empezado a percatar (¿tarde?) muchos gobiernos y muchas grandes empresas que tienen su reflejo en el Foro Económico Mundial (WEF - World Economic Forum).

Éste, de cara a su encuentro anual en Davos en enero, ha hecho suya la expresión “Globalización 4.0” para expresar esa deseable situación, en la que la innovación avanza a una enorme velocidad. El Foro globalizador por excelencia rehúye ahora por ideológico (o sea, por dar prioridad al orden global sobre los intereses nacionales) el “globalismo”, que Trump ha vilipendiado. Defiende la globalización como “fenómeno impulsado por la tecnología y el movimiento de ideas, personas y bienes”. El WEF reconoce que “debido a la lenta y desigual recuperación en la década desde la crisis financiera global, una parte sustancial de la sociedad se ha vuelto desafecta y amargada, no sólo con la política y los políticos, sino también con la globalización y el conjunto del sistema económico que sostiene”. Y de ahí, “en una era de amplia inseguridad y frustración”, el creciente atractivo de los populismos como alternativa al statu quo. Según el Foro, son los populistas los que confunden globalismo y globalización.

Cerrar esa brecha requiere empezar a reconocer que la nueva economía ya ha supuesto una disrupción a gran escala para las economías y para millones de trabajadores en el mundo, a pesar de que la desocupación se pueda estar reduciendo a escala global. Por lo que se requiere salvaguardar la globalización, que ha de cobrar una forma diferente a la de los últimos lustros.

También la cumbre del G-20 en Buenos Aires en su comunicado final ha ido avanzando en este terreno para defender una globalización más inclusiva, más humanizada, porque, de otro modo, se detendrá en perjuicio de miles de millones de habitantes del mundo. En Argentina, pese a la tregua comercial entre Trump y Xi Jinping, se ha puesto de relieve que la globalización está en peligro si no se doma, y no sólo por los aires proteccionistas y restrictivos que soplan desde Washington, sino por los efectos políticos del citado desacoplamiento entre la economía y las sociedades.

El comunicado del G-20 –que pocos leen pero que cuesta inmensos esfuerzos diplomáticos negociar–, ha avanzado en profundidad y extensión a este respecto, el de la inclusividad, desde la anterior cumbre en Hamburgo. No obstante, la mayoría de las medidas a tomar son nacionales, de cara a esa agenda global que supone la de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030. El G-20 ha reconocido las oportunidades, pero también los peligros, que conlleva la revolución tecnológica. Admite que, en materia de futuro del trabajo, estamos en una transición y hay que ayudar a la gente en estos trances, e impulsar que las pequeñas y medianas empresas lleven a cabo su transformación digital. El crecimiento económico no puede ir solo, sino acompañado de seguridad para las personas y su distribución ser más equitativa, como plantea ahora Japón desde la recién asumida presidencia del G-20 para los próximos meses.

No es algo que corresponda únicamente a los gobiernos, a los Estados, sino también al sector privado. Ya no son sólo los Estados los que aportan bienes públicos. También las empresas privadas, aunque se beneficien de ello. La cooperación público-privada se ha vuelto esencial a escala global. Davos está preocupado por las causas profundas de los populismos, que van contra la globalización; preocupación que va ganando peso también en el G-20, a pesar incluso de la presencia activa de Trump en su seno.

La Cumbre Iberoamericana, celebrada en Antigua, Guatemala, en noviembre, también se pronunció a favor de una inclusividad que ha de tomar en cuenta el factor del género y de la juventud. Es decir que, aunque no se cuantifique y se establezcan objetivos monitorizables, hay al menos una toma de conciencia general, ante el presente y de cara a construir una sociedad futura, que gire en torno a las personas, humano-céntrica, y no en torno a las cosas, por muy tecnológicamente avanzadas que sean.

La tecnología puede y debe contribuir a estos fines. Japón en esto va por delante con su concepto de “Sociedad 5.0”, que pone a la persona y a la sociedad en el foco del cambio tecnológico (y no a la industria, como hace la estrategia alemana de Industria 4.0). Aunque es el temor de Japón a quedarse atrás en esta Cuarta Revolución Industrial el que está en el origen de la iniciativa del gobierno de Shinzo Abe.

27 Diciembre 2018
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