Un Presidente de caravana

La Ciudad Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

Mauricio Macri estuvo en Córdoba, como Presidente de la Nación pero, sobre todo, como candidato a la reelección. No ha sido la primera ni será la última vez, por supuesto. Como gusta decir y ha repetido nuevamente, él se considera “un cordobés por adopción”. Tiene sus razones para creerlo y son importantes, sin dudas.

Para empezar, esta provincia le abrió las puertas de la Casa Rosada. En el ballottage del año 2015, el electorado cordobés se volcó masivamente a favor del candidato de Cambiemos. Fue el modo más contundente de expresar el repudio al kirchnerismo que, por aquel entonces, estaba representado por Daniel Scioli.

Además, en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) del 11 de agosto, Córdoba fue la excepción a la regla. En todas las provincias argentinas, el más votado fue el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, menos en la nuestra. Por estos lares, ganó el candidato de Juntos por el Cambio.

Esta vez, Mauricio Macri estuvo de caravana en Córdoba. Más allá de algunas actividades oficiales como Presidente, su paso por la provincia se dio en el marco de la marchas del #SíSePuede. Cuatro  localidades del interior provincial fueron los hitos de la marcha: Tránsito, Los Chañaritos, Santiago Temple y Río Primero.

El contacto con el Gobernador de la Provincia, Juan Schiaretti, fue protocolar. Un saludo a su llegada al aeropuerto dista de lo sucedido otras veces. No hubo cena de amigos ni reunión institucional. Los tiempos políticos han cambiado y la prescindencia del primer mandatario cordobés ha tomado otro rumbo.

Macri dijo en Córdoba: "Tres años y medio son poco tiempo para arreglar todos los chanchullos de décadas”. No especificó cuáles fueron esos “chanchullos de décadas”. Tal vez se refería a los 70 años de populismo al que tanto denostó durante su mandato y al que, paradojalmente, tanto se parece al finalizarlo.

A continuación, pidió “un poquito más de tiempo”. Vale recordar que al inicio de su gestión, el Presidente dijo que la mejora económica y social vendría en el segundo semestre. Luego, que vendría en el segundo año. Más tarde, que vendría en la segunda mitad de su mandato. Ahora, lo que necesita es otro mandato de cuatro años.

Lejos de cumplir esa promesa renovada tantas veces, los desaciertos de las políticas económicas y sociales de su gobierno no pudieron o no supieron resolver los problemas de la “herencia recibida”. Todo lo contrario, los empeoró. Aumentó la inflación y la recesión, la indigencia y la pobreza. Para colmo de males, endeudó al país.

Como si fuera opositor

Según el primer mandatario y candidato a la reelección, la crisis valió y vale la pena. "Ahora estamos mucho mejor preparados para encarar en los próximos cuatro años una etapa de crecimiento", dijo a los cordobeses y, en general, a los argentinos. Cuesta entender cuáles son los motivos de semejante derrote de optimismo.

De caravana por Córdoba, como si no hubiera gobernado desde el 10 de diciembre de 2015, nada dijo el Presidente y candidato respecto a los números de la indigencia y la pobreza que el Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) había publicado horas antes. Ni una mención. Como si los desconociera o no le importaran.

En el último año de su gestión, la pobreza pasó del 27,3 al 35,4 por ciento. Más específicamente, la indigencia pasó del 4,9 al 7,7 por ciento. Es imposible entender y mucho menos aceptar que ese brutal incremento de la cantidad de personas pobres e indigentes sea el punto de partida de cuatro años de crecimiento.

Una de las muchas promesas de campaña que hizo Mauricio Macri para ganarse el voto de los argentinos, tal vez la más importante, fue erradicar la pobreza. Porque eso, ni más ni menos, significaba la propuesta electoral sintetizada en aquellas dos palabras que hoy suenan ridículas: “pobreza cero”.

Ya en el ejercicio de sus funciones, el Presidente pidió que, al terminar su mandato, lo juzgaran por la disminución de la pobreza. Pues bien, al concluir su gestión, la pobreza habrá subido casi un tercio. Así, pedir “un poquito más de tiempo” y prometer cuatro años de crecimiento, es difícil de sostener con alguna coherencia.

Una de las grandes deficiencias de la gestión macrista ha sido el exceso de voluntarismo. Erróneamente, el Presidente y sus funcionarios subvaloraron la realidad y sobrevaloraron sus capacidades. Fallaron al diagnosticar los problemas y creyeron que eran “el mejor equipo de los últimos 50 años” para resolverlos.

Ese voluntarismo exacerbado que fue tan perjudicial para el gobierno, se resume en un mensaje repetido por sus seguidores con más ganas que fundamentos: “se puede dar vuelta esta elección”. Es penoso ver al Presidente de un país en crisis, haciendo promesas como si fuera un opositor desesperado por captar algún voto.

La caravana presidencial del #SíSePuede busca lo que el macrisno nunca tuvo y tanto bien le hubiera hecho en la gestión: una política territorial y de cara a la gente. Es tarde para Cambiemos. No obstante, deja una enseñanza: la “política digital” a la que rindió pleitesía, no sirve para gobernar y ni siquiera suma votos.  

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