Pichetto paseó su rencor

La ciudad / Hora cero | Por J. Emilio Graglia

El candidato a vicepresidente de Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, estuvo en Córdoba. A través de algunas entrevistas periodísticas y de algunas actividades proselitistas en localidades del oeste cordobés, hizo gala de una inexplicable altanería, una pose peyorativa y un discurso recargado de resentimiento.

El senador nacional por Río Negro y, hasta hace poco, presidente del bloque opositor al gobierno de Cambiemos, paseó por estos lares su inocultable rencor político. Cuesta entender por qué este personaje es el compañero de fórmula de Mauricio Macri. Veamos.

El sábado 18 de mayo de este año, mediante un vídeo publicado en las redes sociales, Cristina Fernández de Kirchner anunció que no se presentaría como candidata a la Presidencia de la Nación. A la vez, postuló a Alberto Fernández para ese cargo y se anotó para secundarlo. La sorpresa fue enorme y de gran repercusión.

Por aquellos días, las encuestas demostraban que ella era la opositora con mayor intención de voto aunque, a la vez, tenía una alta imagen negativa. La gran mayoría de sus seguidores descontaba la candidatura de Cristina Fernández a la Presidencia o, en su defecto, el apoyo a un kirchnerista de los suyos. No fue así.

Vale recordar que, después de haber sido el Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, Alberto Fernández había renunciado a ese mismo cargo antes de cumplir el primer año de la primera gestión de Cristina. Pasados muchos años de alejamiento personal y enfrentamiento político, sin desdecirse de las fuertísimas críticas que le había hecho, se reconcilió con la ex presidenta.

En la primera presentación de su libro, “Sinceramente”, Cristina agradeció a Alberto la idea de hacerlo. Sin embargo, de ahí a postularlo, había una gran diferencia que nadie pudo predecir. Una cosa es no ser candidata y otra cosa es postular a quien se había ido de su gestión y la había criticado con dureza desde entonces.

Casi inmediatamente después de aquel sorpresivo y sorprendente anuncio, empezaron a llegar los apoyos políticos de los gobernadores justicialistas que no estaban alineados con la ex presidenta. Más tarde, vino el apoyo de varios y diversos dirigentes sindicales oriundos del peronismo. Finalmente, el decisivo apoyo de Sergio Massa y casi todo el Frente Renovador.

Así, en muy poco tiempo, se hizo posible lo que, hasta entonces, parecía una meta de imposible cumplimiento: la reunificación del peronismo. Todo empezó aquel 18 de mayo, a partir de una gran jugada estratégica que pateó el tablero de la política argentina.

El peor error político

Cambiemos había preparado una estrategia electoral basada en un eje político fundamental: la profundización de la grieta política entre “macristas” y “cristinistas”. Básicamente, querían polarizar la elección entre Mauricio Macri y Cristina Fernández. En pocas palabras, que él siguiera para que ella no volviera.

Ese eje, a su vez,se sostenía en tres supuestos: 1) Cristina sería la candidata de Unidad Ciudadana, 2) el Partido Justicialista tendría un candidato propio y 3) habría una tercera opción (Alternativa Federal) que le quitaría votos a ambos grupos.

Los estrategas del macrismo, con Marcos Peña a la cabeza, se equivocaron. Entonces, rediseñaron la estrategia a partir de otros tres supuestos: 1) la centralidad política de la campaña electoral estaría en Cristina, 2) la figura de Alberto sería intrascendente y 3) la reunificación del peronismo no se consolidaría.

Otra vez, se equivocaron en todo. Sin embargo lo peor no fueron las sucesivas pifiadas en los diagnósticos y diseños electorales. Para contrarrestar la jugada política de Cristina Fernández al postular a Alberto Fernández a la presidencia, Mauricio Macri postuló a Miguel Ángel Pichetto a la vicepresidencia. Su peor error.

Durante toda la gestión, el Presidente Macri y sus funcionarios dijeron que venían a superar “70 años de populismo”. Para ellos, populismo y peronismo fueron y son lo mismo. Decir una cosa es decir la otra. Esos 70 años de decadencia nacional se iniciaron, precisamente, con la llegada del peronismo a la Casa Rosada y se terminarían con la llegada de Cambiemos.

Por eso, la elección de un peronista como Pichetto para integrar la fórmula presidencial fue una claudicación ideológica motivada por una urgencia electoral. Después de bastardear al peronismo como el autor de todos los males habidos y por haber, buscaron a uno de ellos para competir con la fórmula de los Fernández.

En los hecho, ningún dirigente justicialista de peso se sumó a Cambiemos por Pichetto. Hoy por hoy, su único apoyo es Elisa Carrió. La dirigente de la Coalición Cívica que siempre lo criticó por kirchnerista, ahora lo defiende por macrista. Es Carrió.

En un país que sufre una crisis fenomenal y clama por consensos para superarla, Pichetto se dedica a provocar y ofender. A pesar de las evidencias, el candidato de Juntos por el Cambio niega el hambre en la Argentina, critica y acusa impiadosamente a los que más sufren la crisis, propone soluciones temerarias y milita la confrontación. Para colmo, será el primero en abandonar el barco.

 

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