La elección está echada

La ciudad / Hora cero | Por J. Emilio Graglia

El domingo que viene, los argentinos iremos a las urnas para elegir presidente y vicepresidente de la Nación. En el marco de cualquier democracia representativa y, en particular, considerando el presidencialismo que caracteriza a la política nacional, el venidero 27 de octubre será un día muy importante.

Además, en todas las provincias se elegirán 130 diputados nacionales, para renovar la mitad de la Cámara baja. En Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se elegirán 24 senadores nacionales para renovar un tercio de la Cámara alta.

Vale recordar que la del 27 de octubre es la primera de dos instancias previstas por la Constitución Nacional para la elección de presidente y vice. La reforma constitucional de 1994 (luego del “Pacto de Olivos” entre Raúl Alfonsín y Carlos Menem), prevé dos posibilidades para ganar en primera vuelta.

La primera posibilidad es que, el domingo que viene, la fórmula más votada obtenga más del 45 por ciento de los votos afirmativos válidamente emitidos (es decir, descontando blancos y nulos). Así ganaron Carlos Menem (en 1995), Fernando De la Rúa (en 1999) y Cristina Fernández de Kirchner (en 2007 y 2011).

La segunda posibilidad para ganar en esta primera vuelta es que la fórmula ganadora obtenga el 40 por ciento por lo menos de dichos votos y, además, que exista una diferencia mayor de diez puntos porcentuales respecto de la fórmula que le siga. Ningún presidente ha sido elegido en virtud de esta disposición constitucional.

Si no se cumple ninguna de estas posibilidades, habrá ballottage (segunda vuelta) entre las dos fórmulas más votadas, el 24 de noviembre. Esta instancia se dio solamente una vez, hasta ahora. En 2015, Mauricio Macri (51,34 por ciento) le ganó la presidencia Daniel Scioli (48,69 por ciento) en la segunda vuelta.

Mauricio Macri es el cuarto presidente en la historia argentina que busca un segundo mandato consecutivo. A mediados del siglo pasado, lo hizo Juan Domingo Perón, estando vigente la Constitución de 1949. En este siglo, lo hicieron Carlos Menem y Cristina Fernández. En los tres casos, obtuvieron la reelección.

Si se confirman los pronósticos de las encuestas, el presidente Macri será el primer mandatario que busca y no consigue un segundo mandato consecutivo. No obstante, habrá mantenido casi la misma cantidad de votos que obtuvo en la primera vuelta de 2015. Un gran resultado electoral, considerando el descalabro de su gestión.

Las Paso sí sucedieron

De acuerdo con todas las encuestas de opinión disponibles, tanto las oficialistas como las de la oposición, es muy probablemente que el domingo venidero se confirmen los resultados de las Paso. De esa manera, la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández ganaría en primera vuelta y evitaría el ballottage.

Las razones para ese probable resultado adverso del oficialismo son varias. Sin embargo, pueden reducirse a dos. La primera es el estrepitoso fracaso de sus políticas económicas y sociales. La segunda –que no se hubiera dado sin la primera- es la unificación del peronismo y la conformación de un gran frente electoral.

Aunque el Presidente lo niegue (sic), las Paso sí sucedieron. Aquel 11 de agosto, la gran mayoría del electorado castigó severamente la mala gestión de Cambiemos. Más de dos tercios se expresó en contra del gobierno nacional. Aquellas primarias fueron un plebiscito que sancionó al macrismo por las promesas incumplidas.

No fue solamente una advertencia ni el mensaje de un electorado malhumorado, como equivocadamente quiso interpretar el candidato a la reelección. Tampoco fue un pedido de alivio para enfrentar las penurias de la crisis, a la espera de los buenos tiempos por venir. Fue una condena electoral, expresada con contundencia.

Mauricio Macri y sus seguidores han insistido, desde entonces, en un argumento que la realidad contradice. No es verdad que la actual crisis económica y social es una consecuencia de los resultados de las Paso. Todo lo contrario. Las Paso son una consecuencia de la crisis que explotó dos años antes por los errores del gobierno.

Desde las elecciones primarias, hace poco más de dos meses, la situación económica y social ha empeorado, notoriamente. Todos los indicadores lo demuestran. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ha previsto una inflación superior al 57 por ciento para este año y una caída del PBI del 3,1 por ciento.

En ese marco, la marcha del “Sí, se puede” ha servido para mantener un electorado propio, algo no menor en medio de la debacle de la economía y las finanzas. Las movilizaciones en apoyo a la fórmula de Juntos por Cambio han sido significativas, incluida la del Obelisco. Aunque sin incidencia electoral, deben ser valoradas.

Sería bueno para la democracia argentina que, en el muy probable supuesto de perder las elecciones, Juntos por el Cambio se consolidara como fuerza opositora. La Argentina que viene requiere de un oficialismo que resuelva los problemas sin excusarse en la “herencia reciba” y, también, de una oposición responsable.

 

 

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