La utopía cívica de Alberdi

Noticias de Opinión | Día del abogado

Por Alfredo Lemon

Acaso con sólo acariciar el lomo de las obras completas del tucumano ilustre, podríamos rescatar valiosas enseñanzas para reconfortar el espíritu de nuestro presente ansioso, signado por tiempos de desasosiego institucional y descreimiento generalizado.

Libertad, paz social

Al respecto enseñó que la relevancia de la libertad humana encuentra su fundamento en la esencia de ser el “gobierno de sí mismo”, la disposición de actuar sin impedimentos y con dignidad. Dijo: “La naturaleza ha encargado a cada uno su cuidado y le ha dado las facultades y los medios para obtenerlo. La posesión y el goce de estos medios constituyen el señorío del hombre. Sólo es feliz y civilizado, el hombre libre”. Esta atribución genera un compromiso social que no admite corrimientos cuando se trata de defender al gobierno instituido. Consideraba signo de alta responsabilidad actuar en el manejo de los bienes de la República y pregonó la participación del ciudadano en los asuntos públicos. Destacó que el ejercicio de la libertad requiere de un trabajo perseverante para conseguirla y preservarla: “La libertad es saber obedecer y respetar al gobierno cuando procede lealmente y atacarlo, resistirlo cuando es desleal; es tener la costumbre de la paz, la devoción del orden, la capacidad del sacrificio cuando se trata de vencer una dificultad que interesa a la salud común”.

Constitución, justicia

Acerca de estos valores indispensables de la democracia, entendió que no hay que olvidarse que la paz sólo deviene del cumplimiento de la ley y que la Constitución es el marco de contención normativo de la pacificación y la convivencia. En sentido contrario, apuntó: “la dictadura es una provocación perpetua a la pelea; es un sarcasmo, un insulto sangriento”.

Respecto a justicia observó que donde la justicia es cara, nadie la busca y todo se entrega al dominio de la iniquidad. La vida, la propiedad, el honor, son bienes nominales, cuando ella está ausente. “La ley, la Constitución, el gobierno, son palabras vacías, si no se reducen a hechos por la mano del juez que es quien los hace sean realidad o mentira”.

Hasta que la institución no esté arraigada en el entendimiento y encarnada en las costumbres por la obra de la educación, no existe sino en el aire. Es una nube dorada que se lleva el viento”.

El futuro ¿será?

Fruto maduro de una experiencia viva, simultáneamente inteligente y apasionada, la filosofía del derecho que Alberdi pergeñó, es un ideal político y legal que todavía no hemos alcanzado. Este pensador que en su aislamiento y soledad era dueño de la más absoluta independencia intelectual, fue un visionario que nos legó las “Bases” de la utopía cívica de nuestra identidad independiente. Los dardos de sus escritos eran los de la abeja, y el efecto de sus expresiones, los del florete, que demuelen sin dejar más que una imperceptible señal exterior.

Nos queda pendiente todavía la conquista de un modelo auténtico y propio: “Depuremos nuestro espíritu de todo color postizo, de todo traje prestado, de toda parodia, de todo servilismo. Gobernémonos, pensemos, escribamos y procedamos en todo no a imitación de pueblo ninguno de la tierra, sea cual fuere su rango, sino exclusivamente como lo exige la combinación de las leyes generales del espíritu humano, respetando nuestra condición patria”.

 
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