El abrumador tobogán argentino

Noticias de opinión | Urbanas

Por José María Las Heras

De niño, me gustaba jugar en el tobogán del parque Las Heras, hoy invadido por cordobeses afectados por una crisis sin fin. Son miles: sólo pretenden ganar unos pesos negociando cosas usadas y artesanales. Pero el tobogán tiene un límite: llegar al suelo, para volver a lanzarse alegremente una y cien veces. Del tobogán que quiero hablarles no es alegre: no se sabe cuándo aterrizas, y debilita las ganas de recomenzar.

Abruman datos sobre el comportamiento económico argentino. Según el economista Ramón Frediani, en 1960 nuestra economía era el 50% de la latinoamericana. Hoy sólo el 11%. Brasil tenía el doble de tamaño. Hoy la economía carioca es cuatro veces mayor que la nuestra. En cuanto a los chilenos, ejemplo de buen comportamiento, por 1960 éramos siete veces más grandes. Hoy no llegamos al doble. Y en cinco años nos igualarían en tamaño. En la comparación mundial, en los 60 representábamos un 0,8% (poco menos del 1%) del total.

En 2019 significamos sólo un 0,4% de la economía global. La estadística es más negativa aún si lo cotejamos con principios de la década de los 50. Por caso, en 1950 los PBI de Brasil y Argentina eran equivalentes, según Enzo Valentini de la Universidad Nacional de Cuyo.

Los tribunos liberales sostienen que el tobogán por el cual nos deslizamos es efecto del “populismo”, que privilegia reparto de riqueza sin esfuerzo. Pero volvamos al punto de partida: 1960. Coincide con el intento de democratización, con proscripción del peronismo, luego de la autodenominada Revolución Libertadora (1955-1958), que defenestró en septiembre de 1955 al gobierno de Juan Domingo Perón. Un joven Antonio Cafiero (fue ministro de Comercio Exterior a los 30 años) escribe, precisamente en 1960 “Cinco años después. De la economía social-justicialista al régimen liberal-capitalista”. ¿Qué pasó en el quinquenio 1955-1960? Se aplican las recetas de ajuste recomendadas por Raúl Prébisch, incluyendo el ingreso al FMI, impactando en una fuerte caída de los indicadores económicos positivos registrados durante 1945 a 1955, sostiene Cafiero

¿Se puede afirmar que el derrumbe en estos sesenta años es consecuencia de aplicar políticas “populistas”? ¿O, al contrario, que la decadencia secular de las últimas siete décadas fueron producto de la instrumentación de políticas neoliberales? Pero, ¿cuáles son los periodos en que se ejecutaron recetas “populistas”? Fueron dos: por un lado, en el inestable proceso democrático (entre 1973 y 1976), tras el regreso de Perón; y por otra parte, entre 2003 a 2015, durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner.

¡Sólo quince años sobre un total de sesenta!, aunque ambas gestiones heredaron cuadros gravosos de inestabilidad, productos, precisamente, de la aplicación de medidas neoliberales. Sobre todo a partir del 2003.

Poco pueden decir los críticos neoliberales en cuanto a que durante el gobierno de Néstor Kirchner la estratégica de superávit mellizos (fiscal, y de cuentas externas) debería sonar agradable a sus oídos. Y en esos doce años, con errores en materia de administración de precios y estadísticas oficiales, la herencia del “populismo” que recibió el macrismo no fue nada gravosa. Nada comparable a como fue la salida del gobierno peronista de Isabel Perón, en 1976: entonces la deuda externa orillaba los 5.000 millones de dólares; al fin del gobierno de Cristina Kirchner, la deuda era de un 40% del PBI. Cuatro años después, esa deuda externa equivale a más del 95% del PBI. Lo mismo puede señalarse en indicadores de producción, empleo, e inflación.

Por ello, el término peyorativo “populismo” con el cual se ningunea a los gobiernos populares, no tiene asidero, ni aún con las categorías de análisis en los que se manejan los ideólogos liberales. Los resultados de sus gobiernos –militares y en democracia- muestran el desvastamiento de la economía y la sociedad argentina.

¿Habrá que volver a la alegre energía de la niñez para zafar de tanta decadencia? Nos vuelve a emocionar el poeta: “En el tobogán jugó divertido / lanzándose muy de prisa / trayendo el pantalón descosido / y la camisa hecha trizas”. Dejemos el tobogán para los niños. Que de la futura economía –que son personas- no salgamos con jirones y destrozos. La sociedad necesita subir por una escalera de desarrollo integrada al mundo. De ida, pero sin vuelta; no cayendo por un tobogán.

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