Una Argentina miope en la Cumbre Climática

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Por Constanza Caminos

El lunes 23 de septiembre, algunos diarios anunciaban que el presidente Mauricio Macri viajaría a Nueva York, para hablar por tercera vez en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y que se encontraría con el presidente Donald Trump, en la cena de recepción llevada a cabo por el mandatario estadounidense. Lo cierto es que lo que se llevó a cabo en Nueva York fue la Cumbre de Acción Climática 2019, que llamó a todos los sectores de la sociedad para frenar el aumento de los gases de efecto invernadero, e impulsar y acelerar la implementación del Acuerdo de París, suscripto en 2015.

Los días previos a la Cumbre estuvieron sumamente caldeados, puesto que fueron los jóvenes (sin derecho a voto) quienes se movilizaron, en las principales ciudades del mundo, para pedir por mayor acción y menos discurso a los representantes gubernamentales. En cada ciudad, los alumnos dejaron las aulas y siguieron el ejemplo de Greta Thunberg, la estudiante sueca que en el año 2015 faltó a clases para leerle una carta al Parlamento de su país, titulada “Huelga escolar por el clima”. En aquella carta, la joven activista exigía al gobierno que cumpliera con lo pactado en el Acuerdo de París y redujese las emisiones de carbono.

Su discurso no sólo repercutió en Suecia, sino tuvo amplia recepción en todos los países europeos, quienes “se pusieron la camiseta” del cambio climático, y llevaron propuestas concretas a la Cumbre del 23/9. Entre los países que no participan se encuentra Brasil, lo cual no llama la atención, si se tiene en cuenta la catástrofe mundial de los incendios en el Amazonas durante este año.

Ahora bien, frente a este escenario, cabe repensar tres cuestiones claves sobre cómo esta Cumbre incide en Argentina.

1. El cumplimiento de los objetivos argentinos frente al Acuerdo de París de 2015. Su revisión.

Para el año 2015, Argentina era responsable del 0,7 de las emisiones de gases que contribuyen al calentamiento del planeta, lo cual la posicionaba dentro de los 30 países con mayor emisión per cápita a nivel mundial. Mediante la Ley 27.270 se aprueba el Acuerdo de París, en septiembre de 2016, y entre los compromisos asumidos se encuentra que para 2030 las emisiones de dióxido de carbono deberían pasar de 570 a menos de 483 millones de toneladas.

Hasta el momento, según un informe publicado en 2018 por la ONG “Climate Transparency”, Argentina se encuentra todavía lejos de cumplir con su compromiso, puesto que la emisión de gases de efecto invernadero de cada argentino hoy supera en un 0,6 al de los demás ciudadanos de los países que forman parte del G-20.


2. Para la juventud argentina, el cambio climático no está en su agenda de prioridades.

Frente a este panorama, llama la atención que mientras a nivel internacional el día 20 de septiembre, bajo el lema de “viernes por el futuro”, miles de jóvenes cautivaron a la comunidad internacional y pidieron actos concretos a sus dirigentes políticos para mitigar el cambio climático en más de 150 países, en Argentina la movilización fue prácticamente insignificante, a pesar de que fuimos uno de los pocos países que tuvo un representante en la Cumbre de la Juventud de la ONU, Bruno Rodríguez, que hablo sobre la responsabilidad de los líderes del presente frente al cambio climático.

La falta de acción colectiva de los jóvenes argentinos sobre el tema lleva a preguntarse si la causa es el desinterés o la desinformación. ¿Qué es lo que saben los adolescentes sobre el cambio climático? ¿Cuál es el rol de las escuelas hoy en la enseñanza sobre los efectos del calentamiento global y las políticas de mitigación y adaptación? ¿Cómo puede ser que Argentina, habiendo tenido un representante que habló a la par de Greta Thunberg, no haya tenido jóvenes preocupados sobre el tema como en otras partes del mundo?

3. La ausencia de Brasil y su incidencia en el futuro del “Acuerdo Estratégico UE – MERCOSUR”

Por último, pero no menos importante, la ausencia de Bolsonaro en la Cumbre de Acción Climática 2019, liderada principalmente por los países de la Unión Europea, se explica claramente por la incapacidad del gobierno brasileño en detener los grandes incendios forestales que ha sufrido el Amazonas en el último mes. Lo que cuestiona también el acceso de toda la región al mercado europeo mediante el acuerdo UE – MERCOSUR, puesto que los líderes de Francia y Alemania, entre otros, han decidido no ratificar el convenio si no ven un claro compromiso de Brasil de mitigar el cambio climático.

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