Greta Postpunk

Nada fuera de lo común | Por Manuel Esnaola

UN, DOS, TRES, va…

El crítico británico Simon Reynolds escribió que “El nacimiento de la tragedia” de Friedrich Nietzsche, era “la primera obra maestra de la crítica de rock un siglo antes de que el rock existiera”. Reynolds argumenta que la teoría de la música de Nietzsche, inspirada en Wagner y la música folclórica alemana, es altamente aplicable al rock: existe una celebración de su poder dionisíaco, su capacidad de intoxicar y estremecer, producir frenesí, una suerte de exceso trágico de vitalidad. Volví rápidamente a ese texto, cuando mi amigo el Polaco me dijo: “Esnaola, Greta Thunberg es la nueva cara del rock”.

Hace unos años escribí que el rock, con su polisemia de contradiscursos y crítica social, había muerto. Pero escuchemos las estrofas que la joven activista sueca escupió a los jefes de Estado reunidos en la Cumbre del Clima de la ONU. Ante la pregunta sobre cuál era su mensaje para los líderes mundiales, Greta Thunberg dispara un latigazo que rápidamente habría de convertirse en estribillo: “mi mensaje es que los estaremos vigilando”. Y continúa: “Esto está todo mal / yo no debería estar aquí / debería estar en la escuela / al otro lado del océano / pero ustedes vienen a nosotros, los jóvenes, buscando esperanza / ¿cómo se atreven? / Ustedes se han robado mis sueños / mi infancia / con sus palabras vacías / (...) ecosistemas completos están colapsando / estamos en el inicio de una extinción masiva / y ustedes sólo hablan de dinero / (...) pero los jóvenes han comenzado a entender su traición / los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes / y si eligen fallarnos / ¡nunca los perdonaremos!”. Sacando el remate un poco new age de las últimas líneas, este discurso podría ser tranquilamente la letra de alguna canción del movimiento postpunk, surgido hacia finales de los 70´, como contracara del punk y su “rompamos todo”, es decir, como posibilidad de un futuro alternativo, con la cultura como herramienta transformadora.

Pero volvamos. En las sentidas palabras de Greta hay una especie de liberación, de frenesí trágico: “los estaremos vigilando”, dice, y después calla. Entiende cómo puede herir el silencio. Y entonces en ese bache, su rostro desencajado genera incomodidad. Tanta incomodidad que puede oírse un eco de risitas nerviosas, como si el público ya supiera lo que viene. ¡Qué grito dionisíaco, Srta. Thunberg!, qué exceso de trágica vitalidad crepita en el entrecortado timbre de su voz. Pero el rock no sólo es eso. Su potencia radica en el hecho de que constituye un fenómeno audiovisual, como diría Reynolds, “una forma de arte híbrida en que las letras y la personalidad son tan importantes como la música”.

Y ahí aparece todo el rock de Greta: no lleva en su voz solamente una premonición apocalíptica del futuro, un mensaje de conciencia que pretende ser universal; también utiliza todos los recursos estéticos para que ese mensaje sea escuchado y logre conmover. Se trata de glamour –su trenzado vikingo cayendo por el hombro, sobre una discreta blusa–; de movimientos en el escenario, de personalidad del artista –sus exagerados gestos, la voz resquebrajada hasta el límite de un contenido llanto, la furia ardiendo en sus ojos azules–; del packaging –su llegada a NYC en velero para no contaminar–; de la cultura de sus fans activistas desperdigados por todo el mundo. Este kit completo compone la efectividad rockera de Greta Thunberg… el rock, como en los años buenos, que cautiva, enloquece copula a las mentes de toda una generación.

A fines de los 70´, el postpunk entendió a la cultura como algo intrínsecamente político. Buscó en ella la humedad vital para germinar una nueva originalidad musical, fusionando estilos y apelando a la literatura en las letras de las canciones. Subyace allí la idea de que lo personal es político y de que, por ello, las composiciones son un medio de resistencia contra la ideología hegemónica. El período postpunk comienza con la parálisis y frustración de la política de la izquierda liberal, la consecuente llegada al poder de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, dos líderes de la derecha populista que impulsaron políticas económicas que provocaron desempleo masivo y una profundización de las fracturas sociales. Así, bandas como New Order, Depeche Mode, Sonic Youth, Beastie Boys, U2, Talking Heads, Scritti Politti, Simple Minds, entre tantas, se lanzaron a la tarea de crear y mantener una cultura alternativa a la cultura mercantil-capitalista, en la cual habían depositado -como su prefijo “post” lo enuncia- una especie de fe en un futuro que el punk había dado por muerto. De la máxima punk “estar en contra de” surgió una buena pregunta: ¿a favor de qué estamos?
Y la respuesta a esa pregunta, entre idas y venidas, quedó trunca en una revolución inconclusa. Hoy Greta Thunberg, la nueva vocera del postpunk en la era digital, retoma el interrogante, da un batacazo y la responde: estamos a favor de proteger el medioambiente, como una acción inmediata para garantizar la supervivencia de la especie humana. Su discografía tiene todos los componentes del movimiento postpunk: suscita un “vibrante sentimiento de urgencia”, su mensaje es “sustancioso pero rápido”, fácil de digerir, y las canciones son un clásico detrás de otro: “Los estamos vigilando”, “Ustedes se han robado mis sueños”, “Si nos fallan, ¡nunca los perdonaremos!”, son los nuevos hits que dieron un cimbronazo al ethos universal, sin distinción de raza, color, sexo, idioma o religión.

Ciertos sectores anarco-ecologistas la critican por aceptar colaboración de empresarios, políticos e instituciones multimillonarias y científicas que buscan absorber la posibilidad de pensar alternativas disidentes, radicales. Algunos sectores de izquierda alegan que la joven nació en un país superdesarrollado, donde no hay problemas de desigualdad de clase. Pero… ¿No nació el rock en un país imperial, “superdesarrollado”? Del otro lado del subibaja están los derechosos conservadores que le recriminan que haya dejado la escuela y la tildan de niña, remarcan sus problemas de salud mental, le pegan la etiqueta del síndrome de Asperger porque su “anormalidad” los incomoda… ¿Y acaso no es eso el rock: una adolescente rebelde y “anormal” que sacude el mundo con una canción letal?

En su ensayo “La lenta cancelación del futuro”, Mark Fisher dice que el modo más productivo de leer la vieja frase “lo personal es político” es interpretarla del siguiente modo: lo personal es impersonal. Por eso Greta Thunberg es puro rock postpunk… comenzó a escribir una canción desde un germen íntimo y personal, y esperó el momento indicado para expandirlo al cerebro universal, volviéndolo terriblemente impersonal o -lo que es lo mismo- trágicamente coyuntural. Bastarán seguramente unos años apenas, para que el disco de Greta Thunberg haya muerto, como el rock, como el planeta tierra.

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