A los botes

Por Darío Sandrone

Una escapadita

El 20 de julio, a los 10 astronautas que se encontraban merodeando el planeta, se sumó un multimillonario estadounidense en su propia nave espacial, la New Shepard, junto a otros tres tripulantes. Jeff Bezos, dueño de Amazon, fundó en el 2000 la empresa Blue Origin, que diseñó el vehículo y se prepara para ser pionera en el naciente mercado del turismo espacial. Unos días antes, el 11 de julio, otro multimillonario -esta vez inglés- Richard Branson, realizó el primer lanzamiento tripulado de la nave que construyó su empresa, Virgin Galactic, fundada en 2004.

Branson adelantó su vuelo para ganarle de mano a Bezos. Lo que antes era una guerra espacial entre super-Estados, de los cuales la antigua URSS y EEUU eran los principales competidores, se ha convertido en una competencia entre privados, que han adquirido la misma capacidad que las potencias mundiales para poner gente en el espacio, y hacer negocios con la venta de viajes espaciales con fines turísticos.

El siglo XX convirtió a la explotación turística en un negocio global con una maquinaria muy aceitada, que la actual pandemia afectó gravemente. Pero los tediosos problemas de los terrícolas no tienen por qué ser un obstáculo para la industria del turismo. Si el mundo nos agobia, siempre podemos hacernos una escapadita reparadora al espacio exterior por una módica suma. De hecho, Branson vendió un asiento en su nave a un cliente que pagó 24 millones de euros por el viaje.

Política ficción

La peregrinación es una tradición humana muy antigua, que posee fuertes connotaciones religiosas. Consiste en un viaje para llegar a un santuario o sitio sagrado. El turismo, como lo ha señalado el filósofo italiano Giorgio Agamben, es una peregrinación laica, en la que tiene como objetivo llegar a algún lugar deseado para conocerlo y disfrutarlo.

La peregrinación también supone una huida. En el caso de las peregrinaciones religiosas, los santuarios son lugares simbólicos que representan el paso a otro mundo no terrenal, a un mundo divino o a un paraíso futuro. En clave laica, entonces, podríamos preguntarnos: ¿son estos viajes espaciales la preparación para una huida del planeta por parte de los ricos? La idea parece extraída de la ciencia ficción, y, sin embargo, es una tesis que vienen explorando desde hace un tiempo algunos teóricos de lo que Latour ha llamado “política ficción”. Básicamente, la tesis sostiene que, desde hace unas décadas, las élites (categoría difusa, es cierto) han renunciado a su propósito tradicional de gobernar a las masas y tienden, más bien, a buscar la manera de huir de ellas. “Desde los años 80 -asegura Latour- las clases dirigentes ya no pretenden dirigir el mundo, sino ponerse a salvo fuera de él”. La huida supone un refugio, o la expectativa de encontrarlo, y este intento se ha manifestado de muchas formas y en varias capas.

Paraísos

Al interior de los países, en los 90, los barrios privados (raro oxímoron) se convirtieron en fenómeno social imparable. Para poner un caso local, Las Delicias, fundado en 1991, fue el primero de Córdoba. En apenas 30 años han proliferado incansablemente y ya existen un par de centenares en la provincia y un millar en el país. La denominación popular da mucha tela semántica para cortar: “country", un país dentro (o fuera) del país, un suelo privado habitable en los márgenes de las ciudades inhabitables.

Por otra parte, a nivel internacional nacieron las cuentas bancarias “offshore”, en centros financieros que casi no cobran impuestos y que generalmente se encuentran en islas, de ahí el nombre en inglés que podría traducirse como “en el mar, alejado de la costa”. Estas cuentas se encuentran en muchos casos en “paraísos fiscales”, otro nombre que evoca la búsqueda de un lugar aislado, definitivo, fuera del mundo. Si no existen paraísos terrenales para los humanos, al menos que lo haya para el dinero.

A nivel geopolítico, el ascenso al poder de Donald Trump mostró que esta tendencia puede adquirir una expresión a gran escala. Las islas, los paraísos fiscales, las suntuosas propiedades están bien como salidas individuales, pero si se busca una salvación colectiva mayor, lo mejor es convertir a todo el país en un refugio. Durante su periodo, la principal economía del mundo abandonó todos los acuerdos climáticos y propuso un muro con Latinoamérica. El mensaje fue claro: antes que gobernar el mundo, conviene protegerse de él.

De alguna manera, los ricos parecen haber llegado a la conclusión de que el planeta y sus habitantes no tienen remedio y que no hay suficiente espacio y recursos para que todos vivan bien

¿Representan los emprendimientos de Richard Branson y Jeff Bezos un nuevo salto de escala en esta tendencia? ¿Invertir miles de millones de dólares en diseñar un sistema que permita a los millonarios abandonar la tierra por unos segundos es la primera parte de una búsqueda de “paraísos espaciales”? Habrá que seguir de cerca esto en los próximos años.

Nómada

Huir es una de las reacciones instintivas más comunes en los seres vivientes. Podemos apreciar ese tipo de conductas en pequeños organismos y en grandes mamíferos, alejándose rápidamente de algo o alguien que se supone peligroso o dañino. Perseverar en el peligro, o en lo que se percibe peligroso, no es algo meritorio, sino más bien temerario y contraintuitivo. Y, sin embargo, la huida no puede eludir un componente moral, basada en los otros, en los que no pueden huir.

Tal vez quienes finalmente queden en este planeta colapsado, migrando de un país más colapsado a uno aún menos, terminemos ilustrando la figura del nómada, reivindicado por los filósofos franceses Deleuze y Guattari. Ellos definían al nómade como aquel que realiza un “viaje inmóvil”, que se mueve de un lado para otro, pero siempre está en el mismo lugar. Se desplaza como en el desierto, de un punto a otro sin que ninguno sea el definitivo. El nómada crea un espacio habitable en su situación más inmediata, no lo proyecta en otro lugar al que todavía no llegó y que, probablemente, nunca llegará. Después de todo, como se sabe, los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos.

 
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