Ignacio Palacios Hidalgo

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

Chile arde, sus reclamos no pueden ser contenidos ni por las disculpas ni por las promesas del presidente; menos aún por el cambio de gabinete. En Bolivia la justicia paró el recuento de votos y luego dio ganador a Evo, el país -tremendamente- arde. Brasil eligió un presidente cuyos posicionamientos lo ubican en lo peor de las dictaduras de los 70. Honduras y Haití están sumidas en la violencia. En México hay tantas muertes que los informes no pueden dar cuenta. Venezuela está en un espiral descontrolado con una emigración masiva. Estados Unidos, Rusia, los europeos y China, juegan sus cartas para controlar las riquezas de esta parte del planeta. Y entonces, ¿cómo pensar Latinoamérica en esta segunda década del milenio? Frente a mí, rayado con marcador, con notas que parecen querer escaparse de las hojas está el libro Tiempo y Ser en Iberoamérica, del filósofo cordobés Ignacio Palacios Hidalgo. Pocos son los datos que tengo de Palacios Hidalgo, hablo con amigos. El poeta Leandro Calle lo recuerda en la Biblioteca Córdoba asistiendo a charlas y conferencias. El también filósofo Federico Figueroa, sentado en su living, mientras vemos videos de Mark Knofler junto a su hijo, me cuenta que Palacios era alguien tranquilo, amoroso.

“Fumaba mucho, lo recuerdo sentado en este mismo sillón con sus grandes anteojos de marco negro. La muerte de Palacios es una tragedia porque no dejó escritos; entonces ¿cómo hacemos para pensar esas grandes líneas que él nos abrió?” Adolfo Sequeira -que es el compilador de Tiempo y Ser…- me dice que Palacios Hidalgo era filósofo, peronista, que cada vez que había una revolución era echado de sus cátedras; que “culminó su obra en ochenta páginas” a las que consideraba suficientes para decir lo importante. Me cuenta que fue director nacional de Asuntos Universitarios, rector de las universidades de Quilmes y Tres de Febrero y miembro del secretariado del Congreso Internacional de Filosofía que se llevó a cabo en Córdoba. Me entero que la abuela de Palacios tenía su casa en pleno centro, donde está el bar La Tasca, que antes que la parca se lo llevara le dio unos pocos papeles a Adolfo y que Sequeira los convirtió -amorosamente- en libro. 

Tiempo y Ser en Iberoamérica es un libro abigarrado, que va disparando pensamientos, nuevas series, y que uno tiende a anotar en busca de alguna completud que no está. Uno de los primeros impactos lo produce la idea de que la cultura angloeuropea está centrada en una mezcla del Ser (entendido desde Parménides), con el Dios omnímodo de las religiones judeo-cristianas; que en cambio en Iberoamérica nunca entró esa díada Ser/Dios y que por lo tanto la alternativa es una sociedad centrada en el tiempo. Consecuencia de ello es que “la cultura angloeuropea es una cultura de la acción que, paradójicamente, detesta al tiempo, que es puro futuro y expectativa. Sus iconografías más horrorosas son la de Cronos devorando a sus hijos… …Parménides, con su fundamental “el Ser es y el no Ser no es”, impone definitivamente el sic y el non, haciendo devenir en método un maniqueísmo tan cierto como el de la nada y el Creador, el bien y el mal. Entre ambos términos la duda resulta inhabitable para el hombre; por eso Descartes sale tan expeditivamente de ella. Pero si la duda es el balanceo entre dos términos contradictorios, la realidad ofrece la incertidumbre como estado vital. La incertidumbre es la esencia del futuro, como la duda hace a la esencia del entendimiento angloeuropeo. La incertidumbre reclama expectativas y decisiones. La duda, aciertos y resultados.”

Un segundo punto que podemos hallar en los textos, es que hubo, al menos, dos modernidades y que nuestra Iberoamérica disfrutó de la primera. Dice Palacios Hidalgo: “Desde un punto de vista europocéntrico la caída de Constantinopla marca, a veces, el hito inicial de lo moderno… la civilización, ha caído como un hecho totalmente externo sobre Iberoamérica, la modernidad es un asunto del hemisferio norte-anglo-europeo. A nosotros nos corresponde bregar por alcanzarla siempre infructuosamente… (sin embargo) …Si en una definición de “modernidad” al uso están como componentes básicos el estado nacional, la uniformidad administrativa, la tendencia hacia la homogeneidad cultural, estrategias de guerra y de paz diseñadas por un poder centralizado, el mercantilismo planificador subordinando la riqueza al poder político, hay una primera modernidad fundada por Iberoamérica…”

Leamos, finalmente, un último párrafo de Palacios hablando de este tiempo: “Si Dios ha muerto o se ha ocultado, al Ser le pasó lo mismo, por lo menos en estas tierras. Y en esta vorágine de estar siendo sin serificación (sin ser) y sin destino está la oportunidad de hacer un inventario nuevo, una descripción original del mundo. Ese es el escándalo que Iberoamérica debe producir.”

 
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