'Fabulario', de Rosalba Campra

Por Leandro Calle

Alción Editora acaba de publicar un nuevo libro de poemas de la reconocida escritora Rosalba Campra. Residente desde hace ya largos años en la ciudad de Roma, la escritora cordobesa construyó una sólida carrera literaria, tanto en el aspecto creativo como en el académico. “Fabulario” tiene algo de balance personal, y de cosecha: Córdoba, sus paisajes y su gente están presentes, no solo desde cierto costado nostálgico, sino que aparece como ese barro primordial y originario que hizo y hace posible la escritura.

“Éxodo y nostalgia”, dice Rosalba en el poema “Los dones”. Criba de la memoria en la memoria, este nuevo libro. Revisión sapiencial con un dejo de melancolía, pero también con la solidez de quien ha viajado por el mundo: “Y después está/ lo de ese viaje/ a Ítaca,/ que tantos navegantes ponen/ en su brújula,/ tantos poetas/ en su verso/ para que siga/ quedando siempre/ igual de lejos”. Este poema se llama “Fondeadero”, es decir, ese lugar donde los barcos pueden anclar con cierta tranquilidad, a diferencia de las “sirtes”, los bancos de arena, que más adelante se mencionan en el poema.

El viaje es, ciertamente, una de las características de este nuevo libro, y al mismo tiempo se vincula con una cartografía mítica, que la autora construye a través del viaje (o de los viajes), tanto exteriores como interiores.

Pero no hay que engañarse: este es un viaje con la memoria, buscando la fuente original, la salida de Ítaca. Tal vez porque gran parte de la literatura se asienta en la travesía, el periplo de Odiseo. Tal vez porque todos/as, lo que queremos, es volver. Late, reverbera ese gran verso de Constantino Kavafis: “Ítaca te dio el hermoso viaje”.

Pero, claro, no se trata solamente de un lugar, sino también del tiempo, particularmente del paso del tiempo. Entonces la memoria, se vuelve tierra, incluso humus fecundo: “Donde a lo sumo puedo escarbar/ es en recuerdos míos./ Recuerdos de la infancia sobre todo/ y palabras escapadas a los grandes en secreto./ Yendo en busca de mi verdad/ la verdad del no saber/ de la fabulación/ del olvido”.

Se trata, como la misma Rosalba Campra lo dice, de desandar caminos en el agua. Tarea necesaria, pero al mismo tiempo inquietante. “Tiene muchas formas la distancia”, sí, y una de esas formas es el poema.

Campra hilvana, en la memoria, personajes, lugares, recuerdos de infancia, fabulaciones, situaciones, y, al nombrarlas en el poema, construye su propia mitología personal. Ella también es parte de la urdimbre literaria, por eso en las notas finales puede decir: “Son incontables, creo, las palabras ajenas que retoñan en las propias”. Intertextos, préstamos literarios, influencias, vaso comunicante de la literatura que vuelven las aguas propias más luminosas, y más oscuras al mismo tiempo.

Uno nunca viaja solo, ni a través del tiempo ni a través del agua. Existe esa valija invisible, interior, cuya densidad tiñe el horizonte de ansiedad y de nostalgia. Campra ironiza, no se deja ganar por la mera nostalgia, se interroga, juega con las palabras, consciente de que cada movimiento tiene misteriosas reverberaciones. Por eso, porque sé de sus collages, de su trabajo creativo con la palabra, me permito jugar también yo como lector: el libro está dividido en siete partes; cada parte comienza por un epígrafe, al que le sigue un primer poema en el que un verso está destacado con una fuente un poco más grande y en negritas. Me tomé el tiempo de extractar cada verso y ordenarlos en un papel. Lo leí, como se lee un poema, pero no encontré nada. Luego creí encontrar algo interesante, quizás un juego de Rosalba, así lo asumo. No se debe leer de atrás para adelante, no, estamos con Ítaca como símbolo, es exactamente de adelante hacia atrás.

Ahí sí, brillan las palabras:

Formas de bajar el telón
salvo la palabra
razón de amor
borrador de adioses
constancia
paisaje a la medida
puente

“Fabulario”, es eso, un bello puente por el que podemos cruzar y conectar lo que siempre conecta la poesía: lo invisible con lo visible, lo duradero con lo pasajero, la vida con la muerte, la memoria con el olvido.

El libro, como dijimos, es un puente maravilloso: lo es este libro, lo es la poesía de Rosalba Campra. Atravesar sus páginas nos hace más humanos.

 
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