Soldán y el cofre de la fortuna

Soldán y el cofre de la fortuna

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CASI TODO  ES OTRA COSA

por Ernesto Kaplan

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A poco más de dos semanas de las elecciones nacionales, el libro de pases en el mercado local está al rojo vivo y cotiza en oro. Perseverantes como pocos, los delegados del candidato presidencial Daniel Scioli no se cansan de hurgar en el guisado peronista provincial para lograr encontrar fisuras en el entorno más cercano de José Manuel de la Sota. Como se sabe, en temporada de lluvias, las filtraciones se encuentran a la orden del día. Y las lealtades que antes eran inquebrantables hoy se alimentan de expectativas renovadas con previsibles cambios de liderazgos. En ese contexto es que se puede explicar la tentación a la que han sido sometidos numerosos dirigentes y funcionarios de Unión por Córdoba para que muerdan la manzana prohibida del Frente para la Victoria. En el sciolismo no desconocen que este distrito es trascendental para ahorrarse una eventual segunda vuelta. Liderando todas las encuestas, el oficialismo más moderado y conciliador que propone el bonaerense es una invitación difícil de rechazar para los justicialistas locales que venían agitando las banderas delasotistas. 
 
En muchos casos, no se trata de una cuestión ideológica. El peronista que hasta hace poco respondía al actual gobernador posee un instinto de supervivencia innato que lo lleva a olfatear antes que nadie dónde estará el poder. Y allá va sin sonrojarse, sin repetir y sin soplar, a probar su suerte con una de las tantas llaves del cofre de la fortuna que promete línea directa con la futura Casa Rosada. Las imágenes del legislador Carlos Alesandri o del empresario cuartetero y extitular de la Agencia Córdoba Deportes, Emeterio Farías, rendidos ante los brazos del seductor refugio sciolista me provocó un incómodo déjà vu. ¿Recuerdan al conductor televisivo Silvio Soldán celebrando a los saltos cada domingo cuando un grupo de estudiantes secundarios lograba el ansiado pasaje a Bariloche? La escena tragicómica que persiguió a varias generaciones de jóvenes entre los años ´80 y ´90 podría repetirse en los próximos días con más pollos del delasotismo que se darían a la fuga. El pragmatismo de éstos se ubicará, otra vez, por encima de ciertos principios. Al fin y al cabo, desde la tribuna rival, el senador nacional Luis Juez hizo la punta. En menos de un año se sacó varias fotos. Comenzó el 2015 abrazado al candidato presidencial Mauricio Macri. Luego, posó junto al postulante a gobernador, Oscar Aguad. En la campaña provincial llegó al extremo de compartir espacios con su más acérrimo rival, el intendente Ramón Mestre. Y para rematarla, selló a último momento un acuerdo circunstancial con Olga Riutort, que dejó en offside a sus socios del Pro. Como era de esperarse, los votantes de nuestra ciudad no se lo perdonaron y lo castigaron con un estruendoso rechazo, que lo relegó a un cuarto puesto. ¿Cuál será la próxima parada del concejal electo? 
 
Retomando la disputa de fondo, cabe señalar que la postal de Alejandra Vigo, esposa del gobernador electo Juan Schiaretti, lanzando la definición de que Karina Rabolini (la mujer de Scioli) “será la próxima primera dama de la Nación” provocó un temblor en el pejota cordobés, cuyas réplicas aún no se detienen. Vigo se mostró un martes junto a Rabolini en la provincia de Corrientes y, al día siguiente, volvió a Córdoba para sumarse a un masivo acto en el Orfeo en el que el aceitado aparato peronista procuró apuntalar las chances del aspirante presidencial, Sergio Massa. Consultado al respecto, De la Sota intentó minimizar la situación, al sostener en público que Vigo dijo lo que dijo “por cortesía”. Sin embargo, en la intimidad el titular del Ejecutivo puso el grito en el cielo porque esa postal no fue otra cosa que un gesto de Schiaretti hacia Scioli. Este cortocircuito seguramente repercutirá en el ya iniciado período de transición en la Casa Espejada. 
 
Para no embarrar más el terreno pantanoso, el gobernador electo respetó el pacto con su socio político y apenas se bajó del avión que lo trajo de regreso luego de su periplo comercial por China, se trepó el miércoles al escenario para mostrar un tibio respaldo hacia el candidato del frente Una Nueva Alternativa (UNA). Con el objetivo de reforzar esa acción, el lunes por la noche ratificó en una cena en el Centro Cívico, que compartió con intendentes y legisladores, el alineamiento con su antecesor. Él sabe mejor que nadie que el Gallego está lejos de retirarse, pese a los agoreros que lo dan por muerto. Pero no se confundan. Por más que Schiaretti hoy elija no romper lanzas con el maestro de ceremonias de Massa acentuará, a través de terceros y tras bambalinas, su acercamiento con la ola naranja, convencido de que Scioli ganará los comicios nacionales en primera vuelta. La determinación por inclinar la balanza antes de que las urnas den su veredicto le posibilitará obtener una recompensa a partir del 10 de diciembre: sentarse a negociar mano a mano con el jefe del Estado el envío de partidas para sacar a la Provincia del ahogo financiero en que se encuentra sumergida. Esta realidad es la consecuencia directa de una estrategia delasotista que siempre ha apuntado a instalar la idea de que la culpa exclusiva de que los ciudadanos cordobeses tengan que pagar los platos rotos es de la Nación. Los jubilados provinciales pueden dar cuenta de ello, ya que siguen cobrando con seis meses de demora los aumentos en sus haberes.
 
Dime con quién andas…
Así las cosas, y frente al creciente traspaso de integrantes de su espacio al FpV, De la Sota no dudó en responder con munición gruesa. Para ello, apeló a una estrategia probada. Ante los micrófonos de su emisora radial de cabecera, atribuyó el lunes último a un “apoyo a la corrupción” los recientes saltos de bando. Al día siguiente, y por medio de la misma cadena cargó contra la presidenta Cristina Fernández, a la que acusó de “emborracharse de poder”. 
 
Curioso es que el gobernador saliente haya lanzado estos cuestionamientos días después de compartir un mitin en el Orfeo con su jefe de Policía, el comisario general Julio César Suárez. El titular de la fuerza de seguridad se sentó en el palco massista junto a todo el gabinete, en una clara violación de la ley provincial número 9.728, que en su artículo 22 especifica que “el personal policial en actividad no podrá participar en actividades políticas”. Sorprende además que De la Sota haya alertado que la primera mandataria nacional “se enferma de una falta de respeto para todos aquellos que piensan diferente”, en la misma semana en que la Cámara de Acusación ratificó la imputación contra Suárez, por “coacción calificada” contra el periodista de los Servicios de Radio y Televisión (SRT), Dante Leguizamón, en la causa por las amenazas proferidas por el jefe policial contra el trabajador de prensa. 
 
Un gobernante que se jacta permanentemente de ser demócrata debería demostrarlo en los hechos, separando a Suárez de su función. Al menos, hasta que se aclare su situación procesal en la Justicia. De la Sota no sólo lo ratificó en el cargo sino que además lo premió con actividades extracurriculares, en el marco de la presente campaña proselitista. Frente a este panorama, no puedo evitar pensar en el fragmento de la canción “Luces de mi ciudad” de Mariano Mores, que daba rienda suelta a los saltos del inefable Soldán. 
 
@ernestkaplan   
 
 
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