Horas bajas para Netanyahu

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

Vienen siendo tiempos complejos para la política de Israel, especialmente para el liderazgo, cada vez más cuestionado, del Primer Ministro Benjamín Netanyahu. Se podría decir a muy grandes rasgos que en la historia política israelí hubo dos tradiciones que se disputaron el poder: la que comprende a Ben Gurión, Gloda Meir, Shimon Perez e Isaac Rabin contra la línea integrada por Menajem Beguin, Isaac Shamir, Ariel Sharon y el mismo Netanyahu. El primero de los grupos podría ser el de los considerados más progresistas, seculares y cercanos a la centroizquierda del Partido Laborista israelí. Mientras que los segundos ya forman parte de una línea dura, que fue poniendo cada vez más a la religión en el centro de la escena. Benny Gantz, el hombre que logró poner en jaque al otrora todo poderoso Netanyahu, parece incluirse más en la primera de las tradiciones nombradas anteriormente. El presidente de Israel, Reuven Rivlin, le pidió a Netanyahu que forme gobierno, una tarea extremadamente difícil debido a la resistencia del General. El líder del Likud, que ya venía siendo duramente cuestionado, no parece lograr torcer el rumbo de lo que por estas horas parece definitivo: su salida del poder tras una década ininterrumpida como el hombre fuerte del Estado de Israel.

Gantz es un militar retirado que lideró dos cruentas ofensivas en la Franja de Gaza. Creó una coalición de centro denominada Kahol Lavan (Azul y Blanco), donde unió a los partidos de ese espectro político: Telem, Yesh Atid y Hosen L’Israel. Fue moderando cada vez más su discurso hasta situarse claramente a la izquierda de Netanyahu. Dispuesto a re abrir el dialogo con los palestinos, a retomar las conquistas sociales y laborales de las décadas anteriores y de volver a una política pública de tono más secular. Es más que probable que, al no lograr formar nuevo gobierno, Netanyahu tenga que dar definitivamente un paso al costado y devuelva el mandato de formar gobierno el próximo fin de semana. De ser así, le tocará a Gantz la tarea de formar y encabezar la coalición. El ex militar deberá intentar equilibrar una frágil relación de fuerzas donde, más allá del desgaste de Netanyahu, el Likud y los sectores más conservadores siguen siendo extremadamente poderosos. El populismo ultra nacionalista y expansionista de Netanyahu le sirvió durante años para consolidar un poder casi absoluto fronteras adentro. Durante mucho tiempo llegó a acusar de traidores a aquellos judíos partidarios de dejar de construir asentamientos en la Franja de Gaza o de retomar las negociaciones de paz con Palestina. Incluso estableció una especie de distinción entre ciudadanos de segunda y de primera, marginando a los israelíes de origen árabe.

Otro de los escenarios posibles es que se celebren nuevamente elecciones. Los comicios anteriores se celebraron en abril, aunque originalmente debían realizarse en noviembre próximo. Sin embargo se adelantaron debido a un conflicto interno entre miembros del mismo gobierno a causa de un proyecto de ley sobre el servicio nacional para la población ultra ortodoxa. Otro factor fueron los cargos de corrupción que enfrenta Netanyahu. Quien tras dejar el poder, se verá obligado a dar cuenta ante la justicia por tres procesos judiciales. El problema del gobierno de “unidad nacional” es que Gantz ha repetido a quien quiera oírlo que Netanyahu no podrá formar parte del mismo mientras no se resuelvan sus problemas con la justicia. Salvo que el Likud abandone a su histórico caudillo, la situación parece bastante complicada de resolver en estas condiciones. Según las encuestas publicadas en los últimos días, el 50,6% de los israelíes está de acuerdo con un gobierno de coalición entre Gantz y Netanyahu, mientras que el 60% de la población rechaza de manera tajante convocar nuevamente a comicios legislativos, que serían los terceros en un año. La clase política deberá ponerse de acuerdo si no quiere profundizar aún más su desprestigio ante el electorado.

Bibi, como se lo conoce popularmente a Netanyahu, no sería el primer dirigente político de peso que termina preso en Israel. Ya en 2010 fue condenado a prisión el ex presidente Moshe Katsav debido a violación y distintos cargos de agresiones sexuales. A su vez, el ex jefe de gobierno Olmert cumplió más de catorce meses en prisión tras una condena por delitos de corrupción inmobiliaria. Consciente de esto, el líder del Likud jugará sus mejores recursos hasta último momento para aferrarse a los cargos ejecutivos, y sobre todo, al poder. Aunque cada hora que pasa esto parece menos probable, nadie se anima a desestimar la capacidad de maniobra política de Netanyahu. Alguien que fue capaz de resurgir en innumerable cantidad de ocasiones, cada vez que sus adversarios, o incluso sus mismos compañeros de partido, lo daban por muerto. Si bien son horas bajas para Bibi, aún está por verse la astucia y el nivel de negociación del que también es capaz su rival inmediato, Benny Gantz. El ex militar, acostumbrado a operaciones de riesgo en el terreno, parece dispuesto a extrapolar su experiencia al área de lo político. Su objetivo no es nada desdeñable ni sencillo: terminar con un reinado que hasta hace pocos meses parecía interminable.

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