El tiempo y la sangre

Golpe de estado | Por Gonzalo Fiore

Finalmente, se produjo un golpe cívico, político y policial en el Estado Plurinacional de Bolivia. Tras varias semanas de revueltas contra el gobierno, Evo Morales decidió renunciar a la presidencia del país junto a todo su gabinete. A la luz de cómo se dieron los hechos posteriores, Evo tuvo dos grandes errores tácticos y políticos: en primer lugar, convocar al referéndum para la re elección en 2016, confiando en que lo ganaría cómodamente; y no acatar sus resultados una vez que lo perdió, en segundo. Ahí puede encontrarse el germen de lo sucedido en las elecciones del pasado 20 de octubre, donde la oposición no reconoció su ajustado triunfo en primera vuelta, y la OEA, a quien él mismo convocó para que audite el recuento de los comicios, le pidió que convoque nuevos. Tras varias semanas de violencia, y un clima social profundamente crispado, la decisión de convocar nuevas elecciones no logró apaciguar los ánimos de la oposición, que buscaban una sola cosa: la renuncia del presidente. Ahora, el mayor peligro para las fuerzas populares del país y de la región, es que los sectores más radicalizados de la oposición tomen el poder. Allí anida un revanchismo tanto social como étnico extremadamente dañino para la paz social.

La oposición se venía debatiendo internamente entre dirigentes moderados y democráticos como Carlos Mesa o en personajes aspirantes a convertirse en Bolsonaro como el dirigente de Santa Cruz de la Sierra, Fernando “Macho” Camacho. El santacruceño parece haber ganado esta disputa. Es el portavoz de una oposición “venezualizada”, como una especie de Leopoldo López boliviano. Durante las protestas emergió como el líder norteño más importante, reviviendo el regionalismo de las revueltas secesionistas de 2008. Negándose a cualquier tipo de dialogo y exigiendo la renuncia inmediata de Morales. Jefe del Comité Pro Santa Cruz, Camacho hasta ahora no ha anunciado sus intenciones de ser candidato a presidente, aunque todo indica que lo hará. En las últimas semanas, su figura entre la oposición, que se ha ido endureciendo, ha sido superior a la de Mesa. Camacho, quien dice ser un enviado de Dios, entró en la tarde del domingo a la casa de gobierno con una Biblia y una bandera.

Un hecho curioso es que no fue solo la derecha y la oposición quien provocó la renuncia de Evo, sino también una fracción de sus propias bases. Los mineros, histórico sustento del MAS, también fueron de la partida opositora esta vez, incluso, por lo menos tres de ellos resultaron asesinados en una manifestación. El primero en renunciar fue el Ministro de Minería, a quien le incendiaron su casa. También perdió el apoyo de la Central Obrera Boliviana, que le pidió la renuncia, lo cual fue uno de los desencadenantes. El Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas también exigió la salida de Morales. Ese es otro factor a tener en cuenta: la violencia inusitada de la oposición. La alcaldesa de Cochabamba, oficialista, fue secuestrada, torturada y luego liberada. Ayer domingo, tirotearon una caravana donde iba Evo Morales, hecho en el cuál tres personas resultaron heridas. Bolivia es el país que más ha crecido de manera sostenida en América del Sur en la última década, sacando a un 30% de personas de la pobreza. Todo ello, con inflación interanual de un digito. Sin embargo, esto no parece ser suficiente para un sector importante de bolivianos. Pocos discuten el éxito económico del gobierno del MAS, pero las demandas de “mayor institucionalidad”, sumado al ansia revanchista de un sector importante de las clases altas bolivianas, terminó desencadenando en las revueltas.

Hoy los golpes de Estado tienen otras características diferentes a la de los golpes de los años setenta en América Latina. Aunque, nuevamente, el golpe final fue el llamado de las Fuerzas Armadas a la renuncia, más allá de que Morales cedió a la demanda de la oposición de nuevas elecciones. El presidente de la Cámara de Diputados renunció antes que Evo, por lo que la presidencia interina le debería corresponder a la presidenta del Senado Adriana Salvatierra, quien le pidió a la oposición pacificar Bolivia. Aunque recibió el apoyo unánime del Grupo de Puebla, reunido en Buenos Aires el día anterior a la renuncia, por ahora el escenario regional no es tan propicio para el MAS. Evo Morales, con la decisión de renunciar y convocar a elecciones en el momento de mayor tensión, en medio de asonadas policiales y brotes de violencia de todo tipo, en lugar de resistir hasta el final, elige el tiempo antes que la sangre, como hiciera Juan Domingo Perón en la Argentina de 1955. El mismo tiempo, dirá también, si lo que viene es como lo que vino después de la caída del peronismo y si la revancha de las clases altas bolivianas se concreta. En ese caso, probablemente la sangre la vuelvan a poner los de siempre.

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