Colombia: la pacificación y la desigualdad

Por Gonzalo Fiore 

El otro gran ejemplo de la centroderecha liberal en la región, junto a Chile, históricamente fue Colombia. Al igual que su par trasandino, el modelo del país cafetero también se está resquebrajando. Tras apenas un año y medio en el poder, Iván Duque parece más debilitado que nunca. Al mismo tiempo que las fuerzas leales a Álvaro Uribe, el ex presidente y representante de una derecha mucho más dura, sufrieron un duro revés en las elecciones regionales del pasado 27 de octubre. Allí se eligieron gobernadores para los 23 departamentos, diputados de las Asambleas Nacionales y alcaldes para los 1.101 municipios. El uribismo fue el gran perdedor de la jornada, cayendo derrotado incluso en Medellín, su feudo histórico. Mientras tanto, el país atraviesa una convulsa situación social, al igual que muchos de sus vecinos. En las últimas semanas se vienen produciendo grandes marchas contra el gobierno, encabezadas por los indígenas, campesinos, sindicatos, estudiantes y la oposición en general. Las causas de la masiva manifestación convocada para este jueves es posible encontrarlas en una alarmante desigualdad y una profunda concentración de las riquezas.

Similar a lo que sucede en Ecuador, el factor indígena es fundamental a la hora de entender el complejo entramado social colombiano. Según el censo de 2018, 1.907.617 personas del país pertenecen a comunidades originarias, es decir, el 4,4% de los habitantes de Colombia. Según los datos que manejan las organizaciones sociales, cada 72 horas es asesinado un indígena a manos de los paramilitares. El mayor porcentaje de ellos se encuentra en la región norte del Cauca. Según el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), 22 indígenas fueron asesinados allí durante el 2018. Mientras que en lo que va de 2019, las víctimas de esas comunidades ascienden a 56. A pesar de los acuerdos de paz de 2016, en el Departamento del Cauca siguen actuando grupos disidentes que se desprendieron de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), así como también paramilitares. Según la CRIC, la situación incluso se agravó tras los acuerdos, ya que el Cauca es una zona clave para las actividades ilícitas ligadas al narcotráfico debido a su ubicación geográfica.

A su vez, los campesinos colombianos suman un total de 13 millones, un importante número sobre una población de 49 millones de colombianos. Colombia es el país latinoamericano con la mayor concentración de la tierra a pesar de ser el tercero con mayor cantidad de campesinado, tras México y Brasil. El 1% de las fincas más grandes del país ocupan el 81% de la tierra mientras que el 19% restante se reparte entre el 99% de las fincas. Esta problemática fue uno de los puntos tratados en los acuerdos de paz, sin embargo, poco se ha hecho al respecto por parte del gobierno desde entonces. La situación es tan paupérrima que según un estudio de Oxfam Colombia realizado en 2018, un millón de hogares campesinos ocupan el mismo lugar que le correspondería a una vaca para pastar. Además, la tierra se fue concentrando aún más con el correr de las décadas: en 1960 sólo el 29% del país tenía fincas de más de 500 hectáreas, pero en el 2002 la cifra ya era del 46% y en 2017 ascendió rápidamente al 66%.

El crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) colombiano para 2019 se prevé del 3,6%, considerablemente más alto al promedio de la región. Colombia es la cuarta economía más grande de América Latina, no obstante, sus números en lo que respecta a igualdad dejan mucho que desear. Su índice de Gini es de 0,517, siendo 0 la perfecta igualdad y 1 la perfecta desigualdad. En 2018, según el Departamento Nacional de Estadística, el 27% de los colombianos, es decir, 13.073.000 de personas, se encontraban bajo la línea de pobreza. Según estas cifras, ingresaron a la pobreza 190.000 personas más que el año anterior. Los sucesivos gobiernos de los últimos años no han sabido dar respuesta a una situación que se ha hecho insostenible en el último tiempo. Según el ex presidente Ernesto Samper, actual miembro del Grupo de Puebla: “He visto gobiernos malos, pero lo de Duque no es un gobierno”. El ex mandatario además expresó que el mismo Uribe es quien tiene las riendas del gobierno en las sombras, ejerciendo de “copiloto”.

La gestión del presidente Duque es rechazada, según la mayoría de las encuestas, por un porcentaje que supera ampliamente el 60% de los colombianos. Su partido, Centro Democrático, fue duramente derrotado en las elecciones regionales, junto a todos los demás partidos de derecha y centroderecha. Sus ministros de Trabajo y Hacienda han realizado declaraciones favorables a la implementación de una reforma laboral y previsional, lo que terminó desatando las protestas lideradas por el Comando Nacional Unitario, la principal central de trabajadores de Colombia. Si bien el presidente niega esta posibilidad, una vez comenzada la ola de manifestaciones fue imposible pararla. A horas del paro general, la oposición denunció allanamientos contra centrales sindicales y movimientos sociales. La polarización en el país es grande. Mientras que los seguidores de Uribe siguen con una dura posición contra los acuerdos de paz, los partidarios del ex presidente Juan Manuel Santos defienden la integración de los ex guerrilleros a la vida política. Lo cierto es que tres años después de su firma, la Patria de amor y de mar, como la definiera García Márquez, sigue lejos de la pacificación.

 

 
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